‘Lo que pensamos se convierte en biología, y eso cambia cómo decidimos, lideramos y vivimos’

Por Cristian Verbel

El médico español explica en Madrid cómo los pensamientos y las emociones afectan la salud, por qué las grandes decisiones se toman con la cabeza y el cuerpo de

‘Lo que pensamos se convierte en biología, y eso cambia cómo decidimos, lideramos y vivimos’

Mario Alonso Puig pasó 26 años en el quirófano como cirujano digestivo. Tenía nombre, prestigio y una carrera hecha. Un día decidió dejarla para dedicarse a algo que, según explica, siempre había estado en su práctica médica: la relación entre lo que una persona piensa, lo que siente y lo que le pasa a su cuerpo.

Esa decisión es el mejor punto de partida para entender lo que enseña, porque él mismo vivió el conflicto que describe.

Las dos mentes

“Tenemos dos mentes: la que piensa y la que siente. El desafío está cuando ambas están enfrentadas”.

La mente que piensa le decía que era una locura dejar la cirugía. La mente que siente le mostraba un horizonte por explorar. Intentó resolverlo con argumentos y con todo lo que sabía de psicología. A nivel consciente ganó la discusión, pero el miedo seguía ahí. “La batalla no tenía lugar a nivel consciente”.

Lo resolvió en el silencio de la meditación. Allí, lo que vivía como vértigo empezó a verlo como oportunidad. El miedo se fue y quedó la convicción. Lo que cuenta vale para cualquier decisión importante: mientras la razón diga sí y el cuerpo diga no, la persona avanza con un pie en el acelerador y otro en el freno.

“El Mario como unidad sintió que el salto era lo adecuado. Ya no había esa división”.

El circuito que nos convence

Alonso Puig explica con precisión clínica cómo una idea se vuelve biología. Primero aparece un pensamiento. Luego un sentimiento que lo confirma. Después, el cuerpo se pone de acuerdo con los dos. “Pienso que no sirvo, siento que no sirvo y mi cuerpo me da la razón”.

El problema es que el circuito va y vuelve. El cuerpo contraído refuerza el pensamiento, y a fuerza de repetirse termina convertido en identidad. La consecuencia es concreta: quien se siente amenazado o incapaz se atreve menos, y ese freno se vuelve, en sus palabras, “una actitud del cuerpo”.

“No eres eso. Te lo has creído de tanto repetírtelo”.

La mente puede enfermar y puede sanar

La parte más científica de la conversación es también la más incómoda. El cortisol, la hormona que se libera con el miedo, reduce la capacidad de los linfocitos NK, las células del sistema inmune que atacan bacterias, virus y tumores. 

Los mediadores químicos que se activan desde el pensamiento y las emociones pueden influir en que algunos genes se expresen o no. “Hace 30 años esto parecía esotérico. Hoy es profundamente científico”.

Detrás de la inflamación crónica de bajo grado, un cuadro muy frecuente en el que el sistema inmune se vuelve lenta y continuamente contra el propio cuerpo, suele haber estrés crónico. 

No se trata de negar los problemas. Se trata, insiste, de dónde se pone el foco: en lo que construye o en lo que destruye. “La mente puede hacer enfermar al cuerpo. Y por supuesto puede ayudarle a sanar”.

Iluminar, no brillar

Sobre liderazgo, Alonso Puig habla desde la experiencia. En Harvard trabajó con un catedrático junto al que nunca sintió miedo. En otro hospital, en otro país, tuvo un jefe de cirugía que presumía del miedo que provocaba. 

Con el primero el equipo fluía. Con el segundo se operaba con tensión y sin disfrute. “Lo que buscaba era iluminar, no brillar”.

No defiende un liderazgo blando. Al contrario: un líder que no es capaz de frenar las conductas inadecuadas no puede liderar bien. La firmeza es parte del trabajo. 

Lo que separa a un líder de un jefe es desde dónde ejerce el poder: para generar miedo o para que la gente eche raíces y le crezcan alas. “Yo nunca llamaría líder a una persona que gestiona desde el miedo. Puede ser jefe, pero líder, no”.

Resiliencia: el junco y el acero

Para Alonso Puig, la resiliencia es la capacidad del junco, que se dobla con el viento pero no se parte. Se construye en tres planos. En el corporal, con ejercicio, buena alimentación y sueño suficiente. 

En el mental, cuidando el foco y vigilando al crítico interior, que “intenta ayudarnos, pero de la forma más errónea que puede haber”. 

En el espiritual, con naturaleza, gratitud, contemplación y algo que muchos olvidan: hacer algo por los demás. “Una tristeza compartida pesa menos, duele menos, cuesta menos”.

La explicación también es biológica. La oxitocina, la hormona que se libera cuando una persona se siente conectada con otros, frena el eje del estrés crónico. Por eso el sentido de comunidad no es un adorno en una organización. Es una fuente de salud.

Cuando se le preguntó si la de hoy es una generación de cristal o de acero, la pregunta le molestó. “El cristal, cuando se rompe, ya no se repara. Esta generación tiene que descubrir que es de acero”.

Su consejo es una frase para repetirse en el peor momento: “Me siento roto, no estoy roto”. El acero es elástico: se dobla y vuelve a su forma.

Fomentar la salud, no solo tratar el sufrimiento

Para Alonso Puig, las empresas y la sociedad se concentran demasiado en resolver el sufrimiento mental y muy poco en fomentar la salud. Cuando ya hay que tratar el sufrimiento, dice, se llega tarde.

El clima laboral, el propósito compartido y la gratitud son prácticas sencillas con un impacto enorme, no solo en una persona sino en toda una comunidad. “Cuando ya estamos tratando el sufrimiento mental, ya llegamos tarde”.

Un para qué

El cierre de la conversación resume su filosofía. Las investigaciones sobre las poblaciones más longevas del mundo coinciden en un factor: tener un propósito. Y ese propósito no se juzga. 

Cuenta el caso de una mujer mayor cuyo único sueño era llevar cada día a su burrito a beber al arroyo. Sus hijos pensaron que era una tontería y que podía caerse, así que se lo quitaron. Murió en una semana. “Si la mente cede, el cuerpo va detrás”.

Él mismo tiene días de cansancio, de dolor, de mal dormir. La energía, dice, no viene del trabajo sino de saber que tiene una misión. El trabajo puede cambiar de forma muchas veces. El propósito es el mismo.

“Vivir con propósito es darte cuenta, cuando te levantas, de que no tienes un trabajo. Tienes una misión”.

La conversación completa con Mario Alonso Puig se estrena este domingo en tamix.app.