162 mil personas adicionales ingresaron a la pobreza energética en el Atlántico

Por Redacción Acento

El deterioro en la calidad del servicio eléctrico borró los avances logrados en otros indicadores. En Colombia, hablar de pobreza energética no es solo hablar d

162 mil personas adicionales ingresaron a la pobreza energética en el Atlántico

El deterioro en la calidad del servicio eléctrico borró los avances logrados en otros indicadores.

En Colombia, hablar de pobreza energética no es solo hablar de electricidad. El Índice Multidimensional de Pobreza Energética (IMPE) nos recuerda que la energía es desarrollo humano: es poder cocinar de manera digna, estudiar de noche, conectarse al mundo, aprender, y trabajar. Por eso mide 4 dimensiones y 15 indicadores que incluyen acceso y calidad del servicio eléctrico, equipamiento básico en los hogares, uso de energéticos limpios para cocinar y las capacidades de aprender y comunicarse. Una medición integral del bienestar energético.

Fuente: Promigas & Inlcusión SAS

La tercera edición del IMPE muestra un avance significativo: hoy, el 15,4% de los colombianos está en situación de pobreza energética. Eso significa que 1 de cada 6 personas en el país aún vive con energía insuficiente o inadecuada. Hemos progresado, sí, pero no al ritmo necesario para garantizar equidad en los territorios.

Actualmente, 300.000 personas salen cada año de la pobreza energética. Si mantenemos esa velocidad, solo lograremos bajar a una cifra de un dígito hasta 2034. Sin embargo, la hoja de ruta presentada con esta edición propone acelerar esta meta a 2030, reduciendo en 40% el número total de pobres energéticos —es decir, 2,9 millones de personas que mejorarían su bienestar antes de finalizar esta década.

¿Cómo lograrlo sin dejar territorios rezagados? 

El IMPE plantea 4 acciones clave:

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El Caribe: donde el potencial choca con la realidad

La Región Caribe ha logrado bajar la pobreza energética de 32,2% en 2022 a 30,1% en 2024. Cerca de 170.000 personas han salido de esta situación en los últimos 3 años, pero aún 3,6 millones enfrentan pobreza energética. 

El mayor cuello de botella es claro: la calidad de la energía.

Mientras en la región Central las privaciones por interrupciones eléctricas son del 11%, en el Caribe subieron del 38% al 45%. Es una brecha estructural que se ensancha y castiga las oportunidades del territorio.

La buena noticia es que hubo un avance notable en conectividad digital: el acceso a internet mejoró en 10 puntos; sin embargo, este indicador aún muestra 44% de privaciones: seguimos desconectados en la era del conocimiento.

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Atlántico: la alarma que no podemos ignorar

El Atlántico dejó de ser ejemplo y pasó a ser advertencia: 162.000 personas más entraron en pobreza energética en un solo año.

La incidencia subió de 9,3% en 2023 a 14,8% en 2024, mostrando un retroceso histórico. La explicación es contundente y así como en la región Caribe tambien hace referencia al colapso de la calidad del servicio de energía eléctrica.

Las privaciones por cortes pasaron de 11,3% a 41,3%. Un salto que tiró al piso los logros de años previos en acceso y equipamiento. Si la calidad se hubiera mantenido donde estaba, hoy el Atlántico tendría 8,5% de pobreza energética: 243 mil personas pobres, no 425 mil como en 2024.

En otras palabras, la mala calidad de la energía eléctrica borró la mitad del bienestar ganado.

Los municipios donde más empeoraron la frecuencia y duración de los cortes —Malambo, Soledad, Ponedera y Manatí— concentran buena parte del deterioro.

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La energía es una promesa de equidad

Detrás de cada porcentaje hay vidas enteras: una madre que cocina con leña y respira humo tóxico, un niño que no puede estudiar cuando se va la luz y una joven que pierde clases o becas porque su barrio está desconectado. La pobreza energética es pobreza de futuro. 

El IMPE es mucho más que una cifra, es una carta de navegación para gobernar con justicia territorial. Esta herramienta sirve para tomar decisiones informadas y evitar que los avances se queden solo en unos pocos puertos y ciudades “ganadoras”.

En el Atlántico —como en todo el Caribe— la transición energética debe ser justa, acelerada y territorializada. Porque la energía es calidad de vida, es competitividad, es bienestar, es dignidad.

Colombia ya demostró que puede avanzar, ahora debemos acelerar el ritmo y garantizar que nadie quede atrás. El desarrollo no admite atajos — pero exige velocidad.

  1. Recuperar y mejorar la calidad de la energía eléctrica en zonas donde ha empeorado.
  2. Implementar el Plan Nacional de Sustitución de Leña para que cocinar no siga enfermando a miles de familias.
  3. Aumentar la dotación de electrodomésticos y dispositivos que permitan aprovechar la energía en el hogar.
  4. Garantizar energía en todos los colegios del país, sin excepciones.
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