De acuerdo con el balance conocido, de los 20 embajadores designados por el Presidente en los primeros meses de administración, ninguno pertenecía a la carrera
El nombramiento de embajadores ha sido históricamente una de las cuotas políticas más visibles de los gobiernos colombianos. Las representaciones diplomáticas han terminado, en numerosos casos, en manos de amigos, aliados electorales, dirigentes cercanos al poder o personas a quienes se les busca retribuir un respaldo político. Una práctica que el presidente Abelardo De La Espriella cuestionó durante su campaña y que ahora promete empezar a cambiar, aunque sus primeros nombramientos muestran que todavía tiene un largo camino por recorrer.
El mandatario anunció que cinco embajadas, las de Dinamarca, Egipto, Filipinas, Finlandia y Vietnam, serán ocupadas por funcionarios de carrera diplomática, seleccionados mediante una convocatoria interna que, según aseguró, tendrán garantías de transparencia y mérito. También confirmó que en Alemania y Canadá se dejará en propiedad a funcionarios de carrera que actualmente ejercen como encargados.
“Que quede absolutamente claro: el mérito no puede ser una consigna que se exige en público y se desconoce en privado”, escribió De La Espriella en su cuenta de X.
La decisión fue bien recibida por la Unión de Funcionarios de Carrera Diplomática y Consular (Unidiplo), que desde el comienzo de la nueva administración ha cuestionado la designación de personas sin formación ni experiencia en el servicio exterior. Sin embargo, el anuncio también deja en evidencia la distancia entre el discurso presidencial y la política de nombramientos aplicada durante los primeros meses de gobierno.
De acuerdo con el balance conocido, de los 20 embajadores designados por De La Espriella en sus dos primeros meses de administración, ninguno pertenecía a la carrera diplomática. Varios de esos nombramientos generaron cuestionamientos por los antecedentes, la trayectoria profesional o la cercanía política de los escogidos con el jefe de Estado.
Entre los casos más controvertidos está el del coronel retirado Luis Alfonso Plazas Vega, designado en Perú, cuya participación en la toma y retoma del Palacio de Justicia en 1985 ha marcado su trayectoria pública. También figura Miguel Uribe Londoño, padre del fallecido precandidato Miguel Uribe Turbay, quien asumirá la representación de Colombia en el Reino Unido, pese a que su experiencia no está relacionada con el servicio diplomático.
A ellos se suman Juan Gonzalo Ospina, amigo personal del presidente y designado ante Bélgica, Luxemburgo, la Unión Europea y la OTAN, y el exsenador Carlos Mejía, fundador del movimiento Defensores de la Patria, que respaldó la candidatura de De la Espriella y espera el beneplácito para llegar a España.
La lista incluye también empresarios que pasaron directamente al servicio exterior, como Jorge Jaller, del grupo Éxito, designado en Venezuela; Jaime Alberto Ochoa, nombrado en Emiratos Árabes Unidos, y Edgardo Tomás Jaramillo, quien llegó a Panamá desde el sector inmobiliario.
“Esto sí contrasta mucho con el discurso que ha dicho el presidente desde la campaña y en estos primeros meses de gobierno de privilegiar el mérito, el banco de talentos y de que iban a llegar al servicio público las mejores personas sin necesidad de palancas y conexiones políticas”, advirtió Andrés Ordóñez, presidente de Unidiplo.

Una carrera diplomática que pierde participación
Las preocupaciones del gremio también se concentran en designaciones como las de Miguel Arrázola, nombrado para El Salvador, cuya formación está relacionada con estudios bíblicos y cuya experiencia profesional ha estado vinculada al liderazgo religioso, e Iván Alvarado, designado en Bolivia, con trayectoria en arquitectura.
“Para nosotros, en ninguno de estos casos tienen una relación directa con las funciones que van a desempeñar como embajador, que lo exige en el manual de funciones”, señaló Ordóñez.
El panorama refleja un problema que no comenzó con la actual administración. Durante el gobierno de Gustavo Petro, Colombia llegó a tener 29 embajadores de carrera de un total de 82, equivalentes al 35% de las representaciones. Sin embargo, según Unidiplo, con los primeros nombramientos de De la Espriella la participación cayó al 30% y podría reducirse al 24% en noviembre.
El dirigente gremial advirtió que, si además se concretan los cierres de embajadas y los traslados que han conocido extraoficialmente, el país podría terminar con apenas 13 embajadores de carrera en el exterior.