La inteligencia artificial exige datos confiables y procesos preparados para escalar

Por Redacción Acento

En Colombia, la brecha entre prioridad estratégica e integración operativa revela que la IA exige datos, controles y resultados medibles.

La inteligencia artificial exige datos confiables y procesos preparados para escalar

La inteligencia artificial (IA) gana espacio en las empresas, pero adoptar herramientas no garantiza mejores decisiones. El reto consiste en integrarlas a procesos cotidianos con datos confiables, controles claros y resultados medibles, especialmente cuando los sistemas comienzan a actuar por cuenta propia.

En Colombia, el 61% de las empresas considera la IA una prioridad estratégica o un pilar central del negocio, pero solo el 37,7% afirma haberla incorporado de manera significativa en sus operaciones, según Colombia AI Pulse, de Endeavor Data Uniti.

La distancia entre intención y ejecución muestra una transformación todavía incompleta. Muchas compañías utilizan herramientas generativas para redactar, resumir o acelerar análisis, pero conectar esas soluciones con sistemas internos, información consistente y decisiones operativas exige cambios tecnológicos y organizacionales.

El siguiente paso es la IA agéntica, sistemas capaces de ejecutar tareas, activar flujos de trabajo y apoyar decisiones, no solo producir respuestas o recomendaciones. Esta capacidad puede acelerar operaciones, pero también amplifica los efectos de datos incorrectos, instrucciones ambiguas o controles insuficientes.

El Data and AI Impact Report 2026 de SAS, basado en investigación de IDC, señala que apenas el 17,5% de las organizaciones dispone de una infraestructura de datos completamente optimizada para ofrecer transparencia, trazabilidad y explicabilidad a los sistemas de IA agéntica.

El mismo reporte indica que las organizaciones con prácticas sólidas de inteligencia artificial confiable tienen quince veces más probabilidades de obtener un retorno fuerte de sus inversiones en IA. La asociación subraya que gobernar la tecnología puede ser una condición económica, no un trámite.

Los datos deben estar integrados entre áreas, actualizados y sujetos a permisos claros. También importa conocer su origen, cómo se modificaron y qué sistemas los utilizan. Sin esa trazabilidad, una empresa puede automatizar una tarea sin entender por qué el agente tomó determinada decisión.

Manisha Khanna, responsable de mercadeo de producto para IA, IA generativa e IA agéntica en SAS, sostiene que los agentes cambian el escenario porque pueden actuar dentro de procesos empresariales. Según explica, necesitan datos integrados, gobernados y trazables para operar de forma confiable.

Los datos detrásde las decisiones

El problema no está únicamente en los modelos. SAS señala que el 49% de las organizaciones identifica los entornos de datos en la nube no centralizados o poco optimizados como principal barrera para avanzar en IA. Otro 44% menciona deficiencias en gobernanza de datos.

Estas limitaciones ayudan a explicar por qué comprar una solución no equivale a transformar el negocio. Si los registros están dispersos, los equipos trabajan con versiones distintas o las reglas de acceso son confusas, el agente puede entregar resultados inconsistentes y difíciles de auditar.

Antes de automatizar, las empresas deben revisar la calidad de los datos, su actualización, los permisos de uso y la conexión con procesos reales. También conviene probar los sistemas en entornos controlados, con simulaciones y datos sintéticos que representen situaciones poco frecuentes o riesgosas.

Esas pruebas permiten observar cómo responde un agente ante picos de demanda, intentos de fraude, fallas operativas o información incompleta. El objetivo es detectar errores, sesgos y respuestas inesperadas antes de que afecten a clientes, trabajadores o servicios, y no después de ponerlos en producción.

No todas las decisiones deben delegarse a una máquina. Las empresas necesitan definir qué tareas puede ejecutar un agente, cuáles requieren aprobación humana y cuándo una persona puede detener el proceso. Esa distinción resulta crucial en crédito, salud, servicios públicos, inventarios y gestión de riesgos.

La supervisión también requiere explicaciones. Un sistema debe permitir reconstruir qué información utilizó, qué reglas aplicó, qué recomendó y qué acción activó. Sin registros claros, las organizaciones tendrán más dificultades para investigar fallos, corregir decisiones y responder ante auditorías o reclamos de usuarios.

Medir el valor, no solo la automatización

El rendimiento debe medirse por resultados de negocio, no solo por el número de tareas automatizadas. Reducir errores, mejorar tiempos de respuesta, anticipar fallas, controlar riesgos o elevar la satisfacción del cliente ofrece indicadores más útiles que contar licencias, consultas o agentes desplegados.

El potencial económico se extiende a distintos sectores. En banca, la IA puede apoyar la detección de fraude y el análisis crediticio; en telecomunicaciones, anticipar fallas; y en energía, mejorar el mantenimiento. En todos, los controles deben ajustarse al impacto de cada decisión.

En América Latina, la inversión en inteligencia artificial llegó a 8.300 millones de dólares en 2025, un crecimiento anual del 42 %, según cifras de IDC Latinoamérica. El aumento abre oportunidades, pero también eleva la exigencia de gestionar datos y riesgos.

La gobernanza puede evitar que cada área incorpore herramientas aisladas con criterios incompatibles de seguridad, calidad y responsabilidad. Una política común permite conocer qué agentes están activos, qué datos usan, cuáles son sus límites y cómo se evalúa su desempeño a lo largo del tiempo.

Para las empresas colombianas, la ventaja no dependerá solo de acceder a modelos más avanzados. Dependerá de preparar sus datos, capacitar equipos, definir responsabilidades y demostrar impacto. La IA agéntica podrá escalar cuando la automatización sea confiable, supervisable y útil para el negocio.