La FDA corrige una advertencia histórica sobre un marcador central de la salud masculina, respaldada por la ciencia actual.
Pocas hormonas han cargado con tanta sospecha como la testosterona. Durante años se le atribuyeron infartos, accidentes cerebrovasculares y cáncer de próstata. La ciencia más reciente desmontó buena parte de esos temores, y Estados Unidos acaba de reescribir sus reglas para reflejarlo.
El cambio importa más allá de la consulta médica. Afecta la forma en que millones de hombres mayores de 45 años entienden su energía, su ánimo, su masa muscular y su salud a largo plazo. También a quienes diseñan planes de salud para equipos directivos.
Una advertencia quela evidencia desmontó
El punto de quiebre fue el ensayo TRAVERSE, publicado en The New England Journal of Medicine en 2023. Siguió a 5.246 hombres de entre 45 y 80 años con testosterona baja y riesgo cardiovascular elevado. La mitad recibió un gel de testosterona; la otra, placebo.
El resultado fue contundente: el tratamiento no aumentó los infartos, los accidentes cerebrovasculares ni las muertes cardiovasculares. La FDA había pedido descartar un aumento de hasta 50%. El estudio descartó cualquier incremento superior a 17%, en la población de mayor riesgo.
Con esa evidencia, el 28 de febrero de 2025 la FDA retiró del recuadro de advertencias —su alerta más severa— el texto que asociaba la testosterona con eventos cardiovasculares. Fue la primera corrección de un temor que había marcado la práctica médica desde 2014.
Del miedo a la próstata a la evidencia

La sospecha sobre la próstata tiene un origen ilustre. En 1941, el urólogo Charles Huggins demostró que suprimir la testosterona hacía retroceder los tumores de próstata metastásicos. El hallazgo le valió el Nobel de Medicina en 1966.
Durante décadas, la medicina extrapoló esa lógica a todos los hombres: si quitarla frenaba el cáncer, debía provocarlo. La evidencia acumulada no respalda esa extrapolación en hombres sin cáncer avanzado. La nueva etiqueta propuesta en Estados Unidos deja la contraindicación formal solo para el cáncer de próstata metastásico.
Un marcador de salud, no un capricho
El giro más profundo es conceptual. La testosterona dejó de verse como un fármaco de estilo de vida y empezó a leerse como un indicador de salud general.
En diciembre de 2025, el panel de expertos convocado por la FDA lo planteó sin rodeos: la deficiencia de testosterona es una condición médica que deteriora la salud, la calidad de vida y el riesgo de mortalidad. Según los datos presentados, cerca de un tercio de los hombres estadounidenses mayores de 45 años tiene niveles inferiores a 300 ng/dL.
El problema era de acceso. La etiqueta vigente solo autorizaba tratar a hombres con una causa identificada en los testículos o el cerebro. Según el panel, alrededor de 90% de quienes tienen niveles bajos no encaja en esa definición y quedaba por fuera.
Para los hombres con deficiencia confirmada, los beneficios están documentados: mejor función sexual, mejor estado de ánimo, más masa muscular y mayor densidad ósea.
Washington cambia las reglas
El 18 de junio de 2026, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) pidió a los fabricantes actualizar la información de prescripción. La solicitud elimina la nota que limitaba el uso en la caída de testosterona asociada a la edad, restringe la contraindicación al cáncer de próstata metastásico y suaviza la advertencia sobre hiperplasia prostática benigna.
El panel de diciembre fue más allá y recomendó sacar la testosterona de la lista de sustancias controladas. Sus miembros argumentaron que no hay evidencia de dependencia en niveles fisiológicos.
El tema también llegó a la conversación pública. El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., se ha descrito como usuario de testosterona, y la hormona dejó de ser un asunto que los hombres comentaban en voz baja.
La clave está en el método
Los especialistas que celebran el cambio coinciden en una condición: el beneficio depende de hacerlo bien. Eso significa cuatro cosas.
• Diagnóstico completo. Síntomas compatibles y niveles bajos confirmados en más de una medición, tomadas en la mañana.
• Seguimiento periódico. Controles de hematocrito, presión arterial y antígeno prostático, porque la hormona eleva levemente los glóbulos rojos y la presión.
• Planear la fertilidad. La testosterona administrada desde fuera reduce la producción de espermatozoides. Quien aún quiere tener hijos debe discutirlo antes con su médico.
• Médico especialista. Urólogo o endocrinólogo, no un influenciador ni una clínica sin registro.
Colombia: la oportunidad de hacerlo bien
Las decisiones de la FDA no cambian automáticamente las reglas en Colombia, donde rige el registro sanitario del Invima. Pero sí anticipan una conversación que llegará a las consultas del país.
El antecedente muestra por qué el método importa. En 2023, el Invima alertó sobre implantes de testosterona sin registro sanitario, vendidos como tratamiento antienvejecimiento por internet y redes sociales. La demanda existe; lo que falta es canalizarla hacia la medicina basada en evidencia.
Para empresas y gremios, el mensaje es práctico: incluir la medición de testosterona en los chequeos ejecutivos de hombres mayores de 45 años es una decisión de bajo costo y alto valor diagnóstico.
La lectura de Acento
La testosterona vivió una década bajo una sospecha que la ciencia ya no respalda. Estados Unidos corrigió sus reglas porque la evidencia lo exigía, no por moda. Para millones de hombres, eso abre la puerta a tratar una condición que deteriora su salud y que durante años quedó sin diagnóstico. La oportunidad es real. Aprovecharla depende de una sola cosa: hacerlo con diagnóstico, especialista y seguimiento.