Ordóñez llega al Ministerio del Interior con el reto de construir consensos, articular mayorías en el Congreso y fortalecer la gobernabilidad del Gobierno de De
La llegada de Alejandro Ordóñez Maldonado al Ministerio del Interior, en reemplazo de Rodrigo Lara Restrepo, pone sobre la mesa una de las características que han marcado su trayectoria política: su capacidad para construir acuerdos incluso con sectores ideológicamente distantes. El exprocurador, identificado con el conservadurismo más tradicional, tendrá ahora el reto de articular las mayorías del Gobierno de Abelardo De La Espriella y garantizar la gobernabilidad más allá del Congreso.
La historia política de Ordóñez ofrece antecedentes de esa habilidad. El 11 de diciembre de 2008 y el 27 de noviembre de 2012 fue elegido procurador general de la Nación, en dos ocasiones con un amplio respaldo del Senado, que incluyó a sectores liberales y de oposición, como el Polo Democrático.
En su primera elección obtuvo 81 votos, uno de ellos del entonces senador Gustavo Petro, quien años después, como alcalde de Bogotá, sería destituido por el propio Ordóñez. En 2013, Petro tuvo que explicar públicamente por qué había respaldado a quien representaba una corriente ideológica contraria a la suya.
En una columna publicada en El Tiempo, el hoy presidente sostuvo que su apoyo obedeció a la posibilidad de incidir en asuntos relacionados con los derechos humanos, el medio ambiente, las reivindicaciones de las mujeres y las minorías sexuales. “Vimos que podíamos incidir y amortiguar los efectos perversos anunciados sobre la población que defendemos, mujeres y LGTBI”, escribió.
Petro también dejó clara la naturaleza de aquel entendimiento: “Como Procurador, ni Ordóñez dejará de ir a misa ni nosotros dejaremos de ser de izquierda”. El acuerdo contemplaba compromisos en materia de reparación a las víctimas, igualdad de género, derechos humanos y no discriminación de la población LGBTI.

Ese episodio muestra que la capacidad de negociación de Ordóñez no necesariamente ha dependido de compartir posiciones ideológicas, sino de identificar puntos de encuentro y compromisos concretos. Una característica que ahora será puesta a prueba desde una cartera con responsabilidades políticas, territoriales e institucionales.
El desafío de construir consensos
El senador liberal Héctor Olimpo Espinosa, quien fue viceministro del Interior durante el gobierno de Guillermo Rivera, considera que la experiencia del nuevo ministro puede facilitar las relaciones con las distintas bancadas.
“Con él hay una ventaja importante: uno sabe lo que piensa, sabe a qué se atiene y eso le permite a uno lograr saber sobre qué acuerdos puede lograr en la agenda legislativa y de gestión con el Gobierno y sobre qué temas definitivamente no”, señaló.
Espinosa contrasta ese perfil con las dificultades que, a su juicio, marcaron la gestión de Rodrigo Lara, a quien se le cuestionó su capacidad para construir acuerdos y las tensiones políticas que protagonizó con sectores del uribismo, especialmente durante la disputa por la presidencia del Senado.
Para el congresista liberal, Ordóñez tendrá que administrar las mayorías y construir consensos sin desconocer las posiciones de cada sector. “Es una persona absolutamente clara, con enorme experiencia que espero que tenga la sabiduría de administrar las mayorías y la generación de consensos necesarios en el trámite del Congreso, respetando los innegociables de cada quien”, afirmó.
Sin embargo, advierte que el desafío no se limita al trámite de proyectos de ley. “No es un tema solamente de garantizar la gobernabilidad en el Congreso, es garantizar la gobernabilidad del país”, dijo, al recordar que el Ministerio también debe mantener interlocución con alcaldes, gobernadores, juntas de acción comunal y comunidades étnicas.
Identidad conservadora y resultados
La designación también tiene una lectura ideológica. Espinosa considera que el presidente busca reforzar la identidad conservadora de su administración. “Yo estoy convencido que el ministro de la política de un gobierno conservador debe ser un ministro conservador. Digamos, gobierno godito, ministro godito”, expresó.
Desde el Partido de La U, integrante de la coalición de Gobierno, el representante Juan David Londoño Arango también respalda la llegada de Ordóñez y considera que su perfil coincide con la orientación de la administración. Destacó su criterio y sus principios, en línea con la política de mano dura frente al terrorismo que ha defendido el presidente De La Espriella.
Por su parte, el exsenador Carlos Fernando Motoa advierte que la evaluación del nuevo ministro no debe concentrarse exclusivamente en su desempeño legislativo. Entre sus responsabilidades están las relaciones con líderes sociales, organizaciones indígenas, mandatarios locales, las altas cortes y las autoridades electorales.
Motoa también señala que Ordóñez deberá evitar los problemas de comunicación que, según sus cuestionamientos, marcaron la relación entre Lara y el presidente. “Es fundamental que no ocurra lo que sucedió, lo que hemos conocido con el ministro Lara, que no pierda la comunicación, el contacto con el presidente Abelardo De La Espriella”, afirmó.
Así, el reto de Ordóñez será convertir su experiencia como negociador en resultados para el Gobierno, sin que su identidad conservadora cierre las puertas al diálogo con otras corrientes. Su trayectoria demuestra que puede alcanzar acuerdos con adversarios ideológicos; ahora deberá probar que esa habilidad también puede traducirse en gobernabilidad, interlocución territorial y victorias legislativas.