De los fallecimientos, 162 corresponden a reportes provenientes de Ucrania y 94 de Rusia.
La guerra entre Rusia y Ucrania suele aparecer en los titulares por sus bombardeos, avances militares y cifras de víctimas. Sin embargo, detrás de ese conflicto que se prolonga desde febrero de 2022 hay una tragedia que también golpea a Colombia: cientos de familias buscan respuestas sobre sus seres queridos, mientras otros connacionales podrían estar siendo captados mediante ofertas laborales engañosas para terminar en el frente de batalla.
Las cifras entregadas por la Cancillería dimensionan el drama. Según el viceministro de Asuntos Migratorios, Consulares y Protección Internacional, Pedro Agustín Roa, el Gobierno ha recibido reportes de 256 colombianos fallecidos y 973 desaparecidos en el contexto de la guerra. De los fallecimientos, 162 corresponden a reportes provenientes de Ucrania y 94 de Rusia. En cuanto a los desaparecidos, 676 casos fueron reportados desde Ucrania y 297 desde Rusia.
A estas cifras se suman 1.927 solicitudes de asistencia consular relacionadas con el conflicto: 1.013 procedentes de Rusia y 914 de Ucrania. Los datos reflejan la dimensión de una situación que trasciende las fronteras y que deja a numerosas familias colombianas enfrentadas a la incertidumbre, la falta de información y la posibilidad de no volver a ver a sus seres queridos.
Ofertas laborales que terminan en el campo de batalla

Uno de los aspectos que más preocupa al Gobierno es la captación de colombianos mediante ofertas de empleo en actividades relacionadas con la guerra. La Cancillería ha advertido sobre anuncios que presentan el traslado al exterior como una oportunidad laboral, pero que pueden terminar vinculando a los ciudadanos con actividades militares o de apoyo operativo en zonas de conflicto.
“La Cancillería hace un llamado a los ciudadanos colombianos para que extremen las precauciones frente a ofertas laborales en el exterior, particularmente aquellas relacionadas con actividades militares, de seguridad o de apoyo operativo, y que verifiquen sus condiciones y posibles riesgos antes de asumir cualquier compromiso”, señaló Roa.
El problema no se limita a quienes todavía están evaluando viajar. También hay colombianos que, pese a las advertencias, deciden incorporarse a fuerzas armadas extranjeras. En esos casos, la capacidad de respuesta del Estado colombiano enfrenta restricciones por las condiciones de seguridad y las limitaciones de la asistencia consular en territorios donde se desarrollan operaciones militares.
La Cancillería recordó que “carece de competencia para cancelar, modificar, o declarar la nulidad de contratos” suscritos entre particulares y fuerzas armadas extranjeras. La terminación de esos acuerdos, explicó, depende de las normas y procedimientos aplicables en cada caso, aunque el Gobierno puede brindar orientación y asistencia consular cuando corresponda.
El mensaje de Roa fue directo: “Recuerde: su vida no está en un campo de batalla internacional, está junto a su familia”.
Colombia pide frenar el reclutamiento
La preocupación llevó al Ministerio de Relaciones Exteriores a solicitar formalmente, a comienzos de septiembre, a Rusia y Ucrania que detengan el reclutamiento y la vinculación de ciudadanos colombianos a sus fuerzas armadas. También pidió facilitar el retorno de quienes ya se encuentran incorporados a esos ejércitos.
En ese pronunciamiento, el Gobierno reiteró que Colombia “no apoya, incentiva ni autoriza” la participación de sus ciudadanos en conflictos armados internacionales.
La Cancillería, además, ha recibido denuncias y testimonios sobre personas naturales y jurídicas que presuntamente estarían ofreciendo empleos engañosos y participando en el traslado de colombianos hacia territorios afectados por la guerra. Estas redes de captación representarían un riesgo particular para personas en condiciones de vulnerabilidad, a quienes podrían atraer con promesas de trabajo, becas o incluso posibilidades de obtener ciudadanía.
Organizaciones de derechos humanos también han alertado sobre mecanismos de reclutamiento de extranjeros mediante ofertas que ocultan las verdaderas condiciones de vinculación. En el caso ruso, la incorporación de ciudadanos de otros países ha sido señalada como una de las estrategias para compensar la falta de personal y las bajas en el frente de combate.
El drama de los colombianos en esta guerra plantea un desafío que va más allá de las advertencias diplomáticas. Los 256 fallecidos, los 973 desaparecidos y las solicitudes de asistencia consular evidencian la necesidad de fortalecer la prevención, investigar las posibles redes de captación y acompañar a las familias que buscan respuestas. Mientras continúan los combates, para cientos de hogares colombianos la guerra no es un conflicto lejano: es la incertidumbre de no saber si sus familiares regresarán.