La incertidumbre pesa sobre empresas, gobiernos y hogares, pero esperar a que desaparezca puede convertirse en una forma de inmovilidad.
Cuando éramos jóvenes, “para atrás, ni para coger impulso” era una frase de combate. Nos invitaba a superar barreras y cumplir las metas propuestas. Hoy vale la pena recuperar ese espíritu para preguntarnos cómo convertir las posibilidades de Colombia en oportunidades reales para su gente.
Esta reflexión acompañó mi participación en el foro de Uniandinos “Colombia ante los nuevos desafíos económicos y comerciales globales”, donde presenté la realidad del Caribe, sus oportunidades y los obstáculos que debemos superar. Hablar de una economía que crezca al 6% anual exige identificar qué debemos transformar para sostener ese crecimiento y mejorar la calidad de vida.
Tenemos herramientas que otras generaciones apenas podían imaginar: acceso al conocimiento, comunicaciones inmediatas y tecnologías que facilitan tareas antes complejas. Sin embargo, disponer de ellas no garantiza mayor productividad. Necesitamos capacidad para utilizarlas, instituciones que faciliten su aprovechamiento y decisiones que conviertan las ventajas del territorio en resultados.
La incertidumbre pesa sobre empresas, gobiernos y hogares. Pero esperar a que desaparezca puede convertirse en una forma de inmovilidad. Nos corresponde actuar sobre las barreras que conocemos: los costos de producir, las dificultades para movilizar mercancías, la formación del talento y las condiciones para atraer inversión e incrementar las exportaciones.
En el Caribe, la energía ocupa un lugar decisivo. Necesitamos energía disponible desde ahora, a precios competitivos, con continuidad y calidad. Una empresa debe poder planear su producción, cumplir sus contratos y competir internacionalmente. Si enfrenta costos eléctricos elevados e interrupciones, pierde capacidad para invertir, generar empleo y conquistar mercados.
Por eso, la discusión energética debe estar en el centro de la estrategia de desarrollo. Atraer industrias requiere garantizar el suministro que necesitan para operar. Los proyectos de generación deben acompañarse de redes suficientes y una gestión que permita entregar oportunamente esa energía. Cada retraso afecta las posibilidades de crecimiento empresarial y las oportunidades de las familias.
Lo mismo ocurre con la logística. Nuestra ubicación frente al Caribe es una ventaja que debemos convertir en eficiencia. Para atraer inversiones necesitamos una multimodalidad real: puertos, aeropuertos, carreteras, conexiones fluviales y ferroviarias que funcionen como una red. La fragmentación encarece los trayectos, multiplica los tiempos y reduce nuestra competitividad. Las vías «interminables» deben terminar con la calidad y las especificaciones necesarias para una Colombia global.
La carga debe transitar entre los distintos modos con conexiones eficientes, coordinación operativa y trámites ágiles. Esto exige una visión regional que articule al Atlántico con el resto del Caribe y conecte nuestra capacidad productiva con Colombia y el mundo. Las inversiones deben responder a ese propósito compartido.
Dar ese salto exige transformar nuestra manera de pensar y trabajar. Una frase de Kung Fu Panda 3 lo expresa con sencillez: «Si solo haces lo que ya sabes hacer, no vas a llegar a ser más de lo que eres hoy». Desarrollar capacidades implica aprender, incorporar tecnología, explorar soluciones y superar la comodidad de lo conocido. Fortalecer el talento permite convertir el conocimiento en productividad, empleo y bienestar.
Aquí resulta fundamental el trabajo entre el sector público, las empresas y la academia. Necesitamos formación pertinente, investigación aplicada y proyectos que respondan a desafíos concretos. También aprender a colaborar mientras competimos: reunir capacidades para acceder a mercados que difícilmente conquistaríamos de manera aislada.
Trabajar juntos exige una agenda regional compartida, proyectos estructurados y compromisos verificables para que las inversiones del Caribe lleguen y se ejecuten oportunamente.
Crecer al 6% debe traducirse en mejores ingresos, empleos de calidad y oportunidades para los jóvenes. Ese propósito exige liderazgo, continuidad y capacidad de ejecución. Debemos medir el avance por los obstáculos resueltos y por los cambios que llegan a la vida cotidiana de las personas.
“Para atrás, ni para coger impulso” sigue vigente. Nos invita a aprender, decidir y actuar. El Caribe tiene mucho que aportar al crecimiento de Colombia; convertir ese potencial en bienestar es una responsabilidad compartida que comienza con lo que cada uno está dispuesto a transformar.
#ElCambioComienzaPorMí