El nuevo escenario abre opciones de negocio para ambos países, pero aprovecharlas requiere superar barreras financieras, logísticas y regulatorias y avanzar hac
La recuperación del comercio entre Colombia y Venezuela abre una oportunidad que va más allá de vender productos al otro lado de la frontera. El reto consiste en convertir la cercanía geográfica y política en inversión, empleo y cadenas productivas.
Las expectativas son moderadas y las cifras varían según la fuente. La Cámara Colombo Venezolana calcula que el intercambio podría alcanzar 1.600 millones de dólares en 2026, mientras la Cámara Venezolana Colombiana (Cavecol) estima 1.400 millones, frente a 1.200 millones registrados en 2025.
La diferencia entre ambas previsiones refleja la incertidumbre sobre el ritmo de recuperación. También recuerda que el aumento del comercio, por sí solo, no garantiza una relación equilibrada ni permite medir cuánto valor agregado y empleo queda en cada país.
Luis Felipe Quintero, presidente ejecutivo de la Cámara Colombo Venezolana, sostiene que el escenario ofrece mayor certidumbre jurídica y mejores condiciones para invertir. “Las empresas deben pasar de comprar y vender a desarrollar proyectos conjuntos con beneficios compartidos”, dice a Acento.
Según Quintero, las inversiones cruzadas entre los dos países acumularon 1.566 millones de dólares desde 1994 hasta el primer semestre de 2026. Esa trayectoria demuestra que existen vínculos empresariales previos, aunque el entorno político haya frenado algunas operaciones comerciales y productivas.
Sin embargo, el nuevo tablero no elimina los riesgos. Quintero advierte que las compañías deben revisar las normas vigentes, las restricciones y las licencias de Estados Unidos, además de los cambios regulatorios venezolanos, antes de comprometer capital o cerrar acuerdos.
Una oportunidad inmediata está en proveer bienes y servicios a compañías petroleras y mineras que operen en Venezuela, incluidas empresas internacionales sujetas a autorizaciones específicas. La oferta colombiana puede abarcar tuberías, cables, transformadores, torres de transmisión y otros equipos industriales.
El alcance potencial no se limita a los hidrocarburos. Quintero identifica opciones en energía, salud, productos farmacéuticos, alimentos, cosméticos, turismo, finanzas y manufacturas. Las pequeñas y medianas empresas también podrían participar desde la frontera y otras regiones de ambos países.
Las cámaras proponen construir cadenas binacionales para que las oportunidades sean sostenibles. Colombia podría procesar materias primas venezolanas y exportar productos transformados a terceros mercados; a su vez, empresas venezolanas podrían incorporar insumos colombianos y vender bienes con valor agregado.
De vender más a producir juntos
El cambio busca evitar una relación limitada al intercambio de productos terminados. Las ventas seguirán siendo necesarias para abastecer la demanda, pero las organizaciones empresariales consideran que la inversión conjunta puede generar empleos, transferir capacidades y ampliar la competitividad regional.
Luis Alberto Russián, presidente de la Junta Directiva de Cavecol, afirma que las oportunidades han existido durante años, aunque la incertidumbre política ha dificultado aprovecharlas. “Los cambios pueden consolidar una relación más madura, siempre que las decisiones se traduzcan en reglas estables”, señala a Acento.
Russián advierte que hay asuntos técnicos pendientes. Menciona la armonización de normas, las condiciones de acceso de productos venezolanos a Colombia y los requisitos sanitarios, fitosanitarios y de registro. Cavecol reclama mayor participación en la revisión del acuerdo de complementariedad.
El sistema financiero constituye otra pieza. Quintero señala que, tras la flexibilización de sanciones estadounidenses a entidades estatales venezolanas, bancos de ambos países exploran cómo reactivar la corresponsalía internacional. La meta es facilitar pagos comerciales, inversiones y transferencias de recursos.
Sin canales financieros confiables, una operación puede resultar difícil incluso cuando existe comprador y proveedor. Las empresas necesitan mecanismos para cobrar, pagar y repatriar capital dentro de las normas financieras. La normalización bancaria será una prueba concreta de la recuperación.
La frontera como ventaja
El transporte terrestre concentra el 85% del comercio bilateral, según la Cámara Colombo Venezolana. El acuerdo que regula la carga entre ambos países está vigente desde el 30 de agosto de 2025, pero las empresas deben fortalecer sus vínculos.
Quintero calcula que el transporte representa entre el 10% y el 15% del costo total de una mercancía, según el producto y la operación. Reducir transbordos, almacenamiento y cambios de tractocamión podría mejorar sus márgenes y competitividad exportadora.
El transporte marítimo ofrece una alternativa, aunque necesita condiciones que permitan viajes rentables. La Cámara explora opciones con puertos y navieras para compensar cargas entre Colombia y Venezuela. Sin ese equilibrio, la cercanía entre costas no asegura menores costos.
El embajador de Venezuela en Colombia, Ramón Maniglia Ferreira, defendió la continuidad de los pasos fronterizos y llamó a resolver diferencias mediante el diálogo. Su mensaje apunta a mantener los canales, pero la recuperación dependerá de acuerdos técnicos y resultados verificables.
El desafío es convertir la voluntad política en condiciones previsibles para producir, transportar y pagar. Si avanzan la cooperación empresarial, la logística y la confianza regulatoria, el comercio crecerá con mayor valor agregado; de lo contrario, la reapertura será limitada.