El Eln y el Frente 33 de las disidencias de las Farc amplían el uso de aeronaves no tripuladas para vigilar tropas, lanzar explosivos y, presuntamente, transpor
El Eln y el Frente 33 de las disidencias de las Farc no solo utilizan drones para vigilar y atacar a sus adversarios: ahora estarían probando aeronaves de gran capacidad para mover materiales entre las montañas, una evolución que podría ampliar la logística de las estructuras armadas y complicar las operaciones militares en la región.
La disputa, que se intensificó en enero de 2025, ha dejado más de 100.000 personas desplazadas, además de muertos y comunidades confinadas. Mientras las organizaciones armadas incorporan nuevas tecnologías, los civiles siguen expuestos a explosivos lanzados desde el aire, viviendas afectadas y ataques que también han alcanzado iglesias y causado la muerte de personas, incluidos menores de edad.
Las cifras dimensionan la amenaza. Entre enero de 2026 y la fecha de corte del informe, la Fundación Ideas para la Paz (FIP) registró 318 ataques con drones explosivos en Colombia, uno cada 20 horas. De ellos, 42 ocurrieron en Norte de Santander. La Corporación Red Departamental de Defensores de Derechos Humanos reportó 69 víctimas en el departamento: 23 civiles y 46 integrantes de la Fuerza Pública.
De la vigilancia al transporte aéreo

Fuentes de inteligencia militar señalan que los primeros equipos incorporados por los grupos armados fueron drones comerciales Mavic 2, utilizados para reconocimiento y vigilancia. Su disponibilidad en el mercado, tamaño y cámaras de alta definición facilitaron su adaptación a las necesidades de la guerra.
Después llegaron modelos más avanzados, como los Mavic 3 y 4 Pro, además de equipos Mini, que permiten observar movimientos desde diferentes distancias. La evolución también incluyó drones industriales de la línea Matrice, adaptados, según las fuentes, para lanzar explosivos, con capacidad de transportar hasta dos granadas en determinadas configuraciones.
Otra modalidad consiste en aeronaves económicas y rápidas que llevan explosivos integrados y se estrellan contra sus objetivos. En estos casos, el aparato entero se convierte en un arma.
Sin embargo, la novedad que despierta preocupación es el presunto uso de drones agrícolas de fumigación, conocidos como ‘agras’. Estas aeronaves, diseñadas para rociar cultivos, pueden transportar cargas de hasta 12 kilos, según las características del equipo. Fuentes consultadas sostienen que estarían siendo probadas para mover materiales de mayor tamaño, aunque todavía no hay confirmación independiente sobre el alcance real de esas operaciones.
“Se han visto durante la noche unos drones grandes que prenden lámparas gigantes y van de una parte alta a una parte baja. Yo lo vi en El Tarra”, relató una fuente. Según su testimonio, también fueron observados en La Gabarra y se sospecha que podrían transportar víveres u otros materiales.
La misma fuente indicó que los grupos estarían haciendo pruebas para determinar si pueden movilizar droga, municiones e incluso granadas. De confirmarse, el uso de estas aeronaves ampliaría las capacidades de abastecimiento en áreas de difícil acceso, aunque por ahora esa posibilidad debe tratarse como una hipótesis de inteligencia.
Ataques coordinados y conectividad
Las confrontaciones con drones se concentran, según las fuentes, en corredores como el kilómetro 19 al 28, La Angalia, Versalles, San Isidro y Pacheli, además del sector fronterizo de La Llana y la base militar de Granada. Son zonas estratégicas para la movilidad de los grupos y el control territorial.
El patrón descrito incluye la ubicación de patrullas, el envío de coordenadas y ataques posteriores, en ocasiones con varias aeronaves. “El delincuente pasa por el lado de civil, inmediatamente comunica que están al ladito de la loma, hacen un acto de reconocimiento y lanzan el ataque”, explicó la fuente.
Las investigaciones también apuntan al uso de antenas portátiles Starlink por parte de las disidencias, presuntamente instaladas en camionetas robadas para facilitar la conectividad en áreas apartadas. Esta tecnología satelital puede ofrecer internet donde la cobertura móvil es limitada, aunque su presencia no demuestra por sí sola que se utilice para controlar drones.
En contraste, las fuentes consultadas aseguran que no han identificado drones pilotados mediante fibra óptica en el Catatumbo, una tecnología observada en otros escenarios del conflicto colombiano.
La sofisticación de los equipos plantea un problema que va más allá de derribar aeronaves: exige mejorar la detección, proteger a las comunidades y anticipar cómo los grupos armados integran vigilancia, comunicaciones, movilidad y ataques.
Ese será uno de los desafíos que afrontarán el presidente Abelardo De La Espriella y la cúpula militar durante su visita prevista a Cúcuta. La respuesta tendrá que combinar capacidades tecnológicas, inteligencia y protección civil. En una región donde la guerra ya ha desplazado a decenas de miles de personas, permitir que los drones sigan ampliando el alcance de la violencia tendría un costo humano cada vez mayor.