Giro diplomático de De La Espriella: ¿qué gana Colombia con alinearse con EE.UU.?

Por Redacción Acento

El restablecimiento de relaciones con Israel, la ruptura con Irán y el acercamiento a Washington marcan la política exterior del nuevo Gobierno.

Giro diplomático de De La Espriella: ¿qué gana Colombia con alinearse con EE.UU.?

A casi dos meses de iniciado el gobierno de Abelardo De La Espriella, Colombia comienza a perfilar un cambio en su política exterior. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Israel, el distanciamiento de Irán y la apuesta por recuperar una posición privilegiada ante Estados Unidos evidencian una nueva orientación que plantea una pregunta central: ¿estas decisiones se traducirán en beneficios concretos para el país o podrían limitar su margen de maniobra internacional?

La administración sostiene su acercamiento a Washington sobre la expectativa de obtener resultados en seguridad y comercio. Sin embargo, analistas advierten que una política exterior basada en seguir las decisiones de la Casa Blanca puede reducir la autonomía de Colombia y exponerla a controversias internacionales sin garantías de beneficios equivalentes.

El analista internacional y profesor de la Universidad Javeriana, Manuel Camilo González, describe esta estrategia como un “efecto vagón”, en el que Colombia acompaña la dirección que marca Estados Unidos, especialmente bajo la administración de Donald Trump.

“Con este nuevo Gobierno se configura una especie de alineamiento activo en términos de un efecto vagón, allí donde va Estados Unidos va a ir Colombia”, señaló González. A su juicio, esa dependencia limita la capacidad del país para construir posiciones propias y negociar desde sus intereses particulares.

El restablecimiento de relaciones con Israel y el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, territorio ocupado por Israel y cuya anexión no es reconocida por la comunidad internacional, se suman a la reciente ruptura diplomática con Irán. Estas decisiones reflejan el giro político, pero también abren interrogantes sobre su impacto en las relaciones con otros actores internacionales.

El expresidente Juan Manuel Santos cuestionó la orientación del Gobierno y planteó que cada decisión diplomática debería evaluarse según su utilidad para Colombia. “En qué nos conviene por ejemplo ser el único país aparte de Estados Unidos en reconocer la soberanía de Israel en los Altos del Golán o romper relaciones con Cuba o con Irán o negar el cambio climático o debilitar la cooperación sur-sur”, preguntó.

Santos defendió una relación estrecha con Washington, pero sin subordinación. Colombia y América Latina, afirmó, “no deben ser el patio trasero de nadie”; pueden ser socios de Estados Unidos sin renunciar a su capacidad de decisión.

Una relación con límites

Para Néstor Rosanía, experto en conflicto armado y profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la política exterior del Gobierno se inscribe en una corriente de derecha internacional y recupera una visión centrada en la dependencia de Estados Unidos.

“Es un retroceso, porque vuelve al concepto de la mirada hegemónica al norte, de tener una total dependencia a los Estados Unidos y romper el concepto de cooperación sur-sur”, sostuvo. Esa orientación, explicó, puede dificultar la construcción de alianzas con países de intereses similares, la apertura de mercados y el desarrollo de nuevas cadenas comerciales.

Rosanía también advirtió sobre las posibles consecuencias de las decisiones relacionadas con Israel, Cuba e Irán en el escenario multilateral y en la defensa internacional de los derechos humanos. A esto se suma el riesgo de debilitar los vínculos con organismos internacionales: una eventual salida de espacios como Naciones Unidas o la Organización de los Estados Americanos podría afectar la cooperación y la capacidad de interlocución del país.

La excanciller María Ángela Holguín coincide en que la relación con Washington debe mantenerse, pero con equilibrio. Para la diplomática, el entendimiento con Estados Unidos produce mejores resultados cuando se sostiene de manera institucional y bipartidista, sin convertir las diferencias ideológicas en rupturas diplomáticas.

Holguín recordó que Colombia llegó a contar con diálogos de alto nivel entre la Cancillería y el Departamento de Estado, así como entre el Ministerio de Defensa y el asesor de Seguridad Nacional estadounidense. Esos canales permitían discutir asuntos regionales y fortalecer la cooperación sin renunciar a las posiciones propias.

“Que no nos vean agachados, sino que nos vean que podemos ser interlocutores con el resto de los países de la región”, afirmó.

El desafío del Gobierno de De La Espriella será demostrar que su giro diplomático genera resultados verificables en seguridad, comercio e inversión, y no solo afinidad política con Washington. La cercanía con Estados Unidos puede representar una oportunidad estratégica, pero su efectividad dependerá de la capacidad de Colombia para negociar en condiciones de respeto mutuo, preservar sus alianzas regionales y evitar que decisiones ideológicas reduzcan sus opciones internacionales.