El poder territorial de De La Espriella ya tiene nombres propios

Por Redacción Acento

Empieza a ser evidente la descentralización prometida por el mandatario y aunque faltan algunos nombres ya está adquiriendo una estructura propia.

El poder territorial de De La Espriella ya tiene nombres propios

Una de las principales promesas con las que Abelardo de la Espriella llegó a la Casa de Nariño fue llevar el Gobierno a las regiones y reducir la distancia entre las decisiones tomadas en Bogotá y las necesidades de los territorios. Esa apuesta comienza a tomar forma con una red de gerentes, enlaces y delegados que se están convirtiendo en los principales interlocutores del Ejecutivo fuera de la capital.

Aunque la estructura administrativa todavía está en construcción, los nombramientos realizados en las últimas semanas permiten identificar a algunas de las personas en las que el Presidente ha depositado la responsabilidad de coordinar proyectos, vigilar inversiones, articular a las autoridades locales y, en algunos casos, liderar la reconstrucción de zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto.

La primera ficha fue Clara Lucía Sandoval Moreno, designada el 25 de agosto como gerente para Bogotá. La exconcejal liberal, quien ocupó el cabildo durante tres periodos y dirigió el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, tiene como función articular los proyectos estratégicos de la capital con la Nación.

Su llegada generó una pregunta inmediata: ¿se trata de una figura que podría competir con la Alcaldía? La Presidencia ha insistido en que no reemplazará funciones del Distrito, sino que servirá como puente entre Bogotá y el Gobierno Nacional. El alcalde Carlos Fernando Galán, de hecho, respaldó la coordinación institucional y aseguró que mantendrá la interlocución directa con el Presidente y sus ministros.

Por encima de esta red aparece Valerie Lafaurie, gerente de las regiones y directora encargada de la Agencia de Renovación del Territorio (ART). Su papel es estratégico: coordinar la relación entre la Casa de Nariño y los territorios, especialmente en zonas donde el Gobierno pretende acelerar proyectos de desarrollo y transformación.

Lafaurie se convierte así en uno de los puntos de convergencia de una estructura que todavía no tiene completamente definida su arquitectura administrativa, pero que ya comienza a tener responsabilidades concretas.

El terremoto del 10 de agosto aceleró ese proceso. Para atender la emergencia fue creado el Fondo Milagro, encargado de administrar recursos públicos, privados e internacionales destinados a la recuperación. Al frente quedó Jaime Andrés Uribe Tamayo, quien deberá coordinar inversiones y proyectos relacionados con vivienda, educación, infraestructura y hospitales.

En el Valle del Cauca, una de las fichas escogidas fue Juan Manuel Muñoz, empresario y exgerente de la campaña presidencial de De La Espriella en ese departamento. Como gerente regional de reconstrucción tendrá que articular a la Nación con la Gobernación y las alcaldías. Su llegada llamó la atención porque anteriormente había sido mencionado para la embajada en Brasil.

En Chocó, el Gobierno puso la responsabilidad en José Leonidas Tobón, viceministro de Desarrollo Rural, quien fue designado gerente especial para la reconstrucción y transformación del departamento. Su misión trasciende la emergencia: deberá hacer seguimiento a proyectos de infraestructura, energía, turismo, minería e inversión, además de iniciativas como el Malecón de Quibdó.

En Risaralda, la designada fue Ana María Cuartas Saldarriaga, exdirectora ejecutiva de ProRisaralda y de la Sociedad de Mejoras Públicas, quien tendrá entre sus prioridades la recuperación de vivienda, infraestructura educativa y hospitales.

Detrás de esta estructura aparece además Carlos Ríos, secretario general de la Presidencia y exgerente de campaña, encargado de coordinar la gestión institucional y la articulación entre las diferentes dependencias de la Casa de Nariño.

El interrogante ahora está en el alcance de esta red. Todavía no están definidos todos los cargos ni existen figuras equivalentes para varias de las principales ciudades del país. Tampoco está completamente claro cómo convivirán estos enlaces con ministerios, gobernadores y alcaldes.

Lo que sí empieza a ser evidente es que la descentralización prometida por De la Espriella está adquiriendo una estructura propia. Sus gerentes y enlaces no solo tendrán tareas administrativas: serán interlocutores directos con el poder central y estarán al frente de algunos de los proyectos más importantes del Gobierno.

La apuesta, por tanto, no se limita a llevar funcionarios fuera de Bogotá. El verdadero desafío será determinar cuánto poder tendrán estas nuevas figuras, cómo se coordinarán con las autoridades elegidas por voto popular y si esta red logrará convertir la promesa de descentralización en una presencia efectiva del Estado en las regiones.