El Gobierno ha planteado que las embajadas tengan un papel más activo en la promoción comercial y la atracción de inversión extranjera.
La renovación del cuerpo diplomático se ha convertido en una de las primeras señales de la política exterior del gobierno de Abelardo De La Espriella. Más que una simple sustitución de embajadores, los perfiles escogidos muestran una combinación de experiencia política, empresarial, académica y vínculos de confianza con el nuevo mandatario.
El Gobierno ha planteado que las embajadas tengan un papel más activo en la promoción comercial y la atracción de inversión extranjera. Esa orientación aparece detrás de varios de los nombramientos y también ayuda a explicar por qué algunas de las sedes estratégicas quedaron en manos de personas provenientes de sectores distintos a la carrera diplomática.
Uno de los casos que llama la atención es Portugal, donde fue designado el médico cordobés Óscar Gómez Hernández. Su llegada a Lisboa también refleja el peso que profesionales de Córdoba han adquirido dentro de la nueva administración. Gómez ya ha participado en actividades encaminadas a promover alianzas internacionales, entre ellas conversaciones para explorar el respaldo a eventos deportivos y turísticos en Cartagena.
Su designación, además, tiene una conexión política indirecta: Gómez está casado con Priscila Cabrales, quien ha trabajado como asesora política de Álvaro Uribe y Marta Lucía Ramírez y participó en el empalme del nuevo Gobierno en asuntos de Relaciones Exteriores, según reportes periodísticos.
Portugal no es una sede menor. La apuesta diplomática allí puede combinar relaciones políticas, comercio, turismo y cooperación con Europa, en un momento en que el Gobierno busca que sus embajadas funcionen también como plataformas para atraer capital y abrir mercados.

En Israel, Tania Gilinski llega con una hoja de vida internacional: estudió en Wellesley College y Stanford, habla inglés y francés y tiene conocimientos de hebreo. También cuenta con experiencia empresarial y académica en Israel. Su designación ocurre después del restablecimiento de relaciones entre Bogotá y Tel Aviv y en medio del anuncio gubernamental de trasladar la embajada a Jerusalén.
Entre los nombres más visibles está también María Consuelo Araújo, nueva embajadora en Estados Unidos. La excanciller y exministra de Cultura llega a Washington con experiencia en el sector público, empresarial y académico. Su designación recibió el beneplácito del Gobierno estadounidense y la ubica al frente de la representación diplomática considerada prioritaria por la administración.
Otros nombramientos muestran perfiles marcadamente políticos. Alejandro Ordóñez fue escogido ante la OEA; Carlos Felipe Mejía, para España; Mauricio Gaona, ante Naciones Unidas; Mauricio Tobón, para México; Jorge Jaller, para Venezuela, y Miguel Uribe Londoño, para Reino Unido.
También hay designaciones que reflejan relaciones personales o profesionales con el Presidente. Orlando Abello, candidato a la embajada en Costa Rica, fue socio de De La Espriella en su firma de abogados y tiene experiencia como registrador nacional, congresista y concejal de Barranquilla.
Y en El Salvador aparece Miguel Arrázola, pastor cartagenero y fundador de la iglesia Ríos de Vida, cuya eventual designación incorpora por primera vez a una figura religiosa de ese perfil dentro de esta nueva tanda diplomática.
El caso de Emiratos Árabes Unidos es diferente. En los reportes consultados, la sede de Abu Dabi todavía aparecía pendiente de definición. Sin embargo, se trata de una plaza con creciente importancia económica: Colombia y Emiratos mantienen relaciones diplomáticas desde 1976, tienen acuerdos comerciales y de inversión y los dos gobiernos han planteado profundizar su cooperación económica. Además, ambos países conmemorarán en noviembre los 50 años de relaciones.
La relevancia de esa embajada aumenta por la orientación económica que el nuevo Gobierno pretende imprimirle a la política exterior. En septiembre, Colombia y Emiratos avanzaron en una hoja de ruta para fortalecer comercio e inversión, mientras el Ejecutivo anunció avances en acuerdos que buscan abrir nuevos mercados y atraer capital.
Así, la nueva diplomacia comienza a dibujarse con una mezcla de experiencia, afinidades políticas y perfiles empresariales. El desafío estará en que esa red de confianza también se traduzca en resultados concretos para Colombia: más comercio, inversión, cooperación y capacidad de interlocución internacional. Emiratos Árabes Unidos, por ahora, permanece como una de las piezas pendientes de ese tablero.