La hora de la verdad: la cirugía fiscal para evitar el abismo

Por Redacción Acento

Colombia gasta 40 billones de pesos cada mes y apenas recauda 29 billones. Esa brecha crónica es la hemorragia que tiene a la República frente al riesgo más sev

La hora de la verdad: la cirugía fiscal para evitar el abismo

Durante cuatro años, el relato oficial intentó esconder una realidad contable demoledora detrás de balcones, discursos ideológicos y burocracia expansiva. Hoy, con los libros del Estado abiertos sobre la mesa, la verdad matemática se impone sobre la ficción: Colombia gasta 40 billones de pesos cada mes y apenas recauda 29 billones. Esa brecha crónica de 11 billones mensuales no es una disputa política; es la hemorragia que tiene a la República frente al riesgo más severo de insostenibilidad fiscal de su historia reciente.

El balance del cuatrienio anterior dejó cifras en rojo que desbordan cualquier margen de maniobra. En 2024, el Ministerio de Hacienda infló las metas de recaudo en 71 billones de pesos, un artificio que, al estrellarse contra la caja real, forzó un endeudamiento desesperado mediante subastas de títulos TES que llegaron a colocar hasta 6 billones semanales. Como consecuencia, el Estado consumió en apenas ocho meses el 96% del cupo de endeudamiento del año y disparó la deuda pública por encima del 60% del PIB.

Ese desespero por liquidez terminó confiscando el ahorro nacional: hoy el gobierno necesita captar 150 billones de pesos en el mercado local y 88 billones en el exterior. Esta dinámica absorbe los recursos de los bancos comerciales, dispara las tasas de interés y desplaza al sector privado, encareciendo el crédito de vivienda, consumo e inversión productiva para millones de colombianos.

La farsa de los 575 billones y el ajuste obligado

La punta del iceberg quedó al descubierto con el proyecto del Presupuesto General de la Nación. Tras ser devuelto por el Congreso por un desfase evidente, la revisión técnica de la cartera de Hacienda constató que el faltante no era de 30 billones, sino de 60 billones de pesos. La administración saliente radicó un presupuesto de 575 billones omitiendo obligaciones legales: nómina desfinanciada, pasivos en salud por más de 10 billones, faltantes pensionales por 6,5 billones, universidades públicas desatendidas y un olvido deliberado de 9,6 billones en el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPEC), además de subestimar el servicio de la deuda en cerca de 37 billones.

Sincerar el presupuesto en 635 billones de pesos fue el primer paso de transparencia ante los mercados. Sin embargo, su estructura refleja una gravedad ineludible: el 47% se cubre con impuestos y el 44% depende directamente de endeudamiento. Con el servicio de la deuda absorbiendo 1 de cada 3 pesos del presupuesto y los gastos de funcionamiento devorando el 62%, la inversión pública quedó reducida a un residuo del 14%. El país registró la tasa de inversión total más baja desde 1975, mientras la inversión extranjera directa cayó del 5% al 2,5% del PIB.

La hoja de ruta de choque

Para frenar el vehículo antes del precipicio, la administración del presidente Abelardo de la Espriella ha trazado un plan de rescate en tres tiempos que descarta de plano nuevas reformas tributarias:

1.     Austeridad inmediata: Ejecución de un recorte del 1% del PIB (21,9 billones de pesos) para la vigencia actual, enfocado en congelar gastos no esenciales y recortar 2,8 billones en compras y adquisiciones de bienes.

2.     Ley de Rescate Fiscal: Presentación de una ley centrada en la reducción del gasto y la depuración de más de 260 leyes clientelistas de «otras transferencias» que dispersan recursos en gastos hormiga inauditables.

3.     Reactivación privada y obras por impuestos: Descentralización agresiva de la inversión mediante obras por impuestos y regalías directas en infraestructura estratégica y modernización eléctrica regional, devolviendo la confianza jurídica y física al sector privado.

4.     Respaldo multilateral: Activación de la consulta del Artículo IV del FMI para estructurar una Línea de Precaución y Liquidez (PLL) que permita canjear deuda interna costosa (alrededor del 13%) por financiamiento al 4%, blindando al país frente a las calificadoras de riesgo.

Colombia no saldrá adelante inventando subsidios ni asfixiando al contribuyente. La salida pasa por desmontar la traba burocrática, devolver la seguridad a las regiones y dejar trabajar a quienes arriesgan capital y crean riqueza. El rumbo de la Patria Milagro no admite dilaciones: o se frena el derroche estatal, o el abismo se traga el futuro de la nación.