La OMS estima que uno de cada siete adolescentes entre los 10 y 19 años vive con algún trastorno mental.
La salud mental de los adolescentes se ha convertido en uno de los principales desafíos para las familias y las instituciones educativas. Las cifras muestran la dimensión del problema, pero también plantean una pregunta de fondo: ¿qué tan preparados están los colegios para detectar las señales de alerta antes de que una dificultad emocional termine convertida en una crisis?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que uno de cada siete adolescentes entre los 10 y 19 años vive con algún trastorno mental. En Colombia, el panorama también genera preocupación: 10, % de los adolescentes entre 12 y 17 años presenta indicadores de probables trastornos emocionales, porcentaje que asciende a 12,8% entre las mujeres.
A esto se suman otros indicadores que requieren atención. El 4,8% de los adolescentes reportó ideas de suicidio y 2,9% conductas autolesivas durante los últimos 30 días. En el ámbito escolar, además, el 21% de los estudiantes de 15 años manifestó haber sufrido bullying varias veces al mes o más durante 2025.
La relación entre las experiencias escolares y el bienestar emocional también resulta significativa. Entre los adolescentes que reportan haber sufrido discriminación en la escuela, los indicadores de probables trastornos emocionales alcanzan el 20%. Esto evidencia que la salud mental no puede analizarse únicamente desde la esfera individual: también está relacionada con el entorno familiar, social y educativo en el que se desarrolla cada joven.
Por eso, especialistas y organizaciones que trabajan en prevención plantean la necesidad de cambiar el enfoque. En lugar de esperar a que aparezcan conductas de riesgo o crisis evidentes para intervenir, la propuesta es fortalecer la capacidad de los colegios para conocer a sus estudiantes, identificar vulnerabilidades y desarrollar factores protectores.

Para el psicólogo Efrén Martínez, líder de Meaning Group | Colectivo Aquí y Ahora, prevenir implica comprender qué hay detrás de una conducta y qué intenta resolver el adolescente mediante ella. Desde esta perspectiva, no basta con actuar cuando aparece una autolesión, un trastorno alimentario, un consumo problemático de sustancias o una situación de bullying. El desafío consiste en reconocer señales tempranas y ofrecer herramientas antes de que el problema escale.
La magnitud de este reto también tiene una dimensión económica. El Banco Mundial estima retornos cercanos a 86 dólares por cada dólar invertido en intervenciones escolares de salud mental en países como Colombia. Más allá de la cifra, el argumento plantea que la prevención puede representar una inversión de largo plazo para las instituciones y para la sociedad.
En esa búsqueda de anticiparse a las dificultades, la tecnología comienza a ocupar un lugar más importante. Meaning Group | Colectivo Aquí y Ahora presentará la Plataforma de Personalidad y Acompañamiento Adolescente (PPA), una herramienta desarrollada en Colombia para jóvenes de 13 a 17 años.
La plataforma fue investigada con 1.000 adolescentes y busca identificar características de personalidad, vulnerabilidades y formas de afrontamiento para orientar acciones preventivas. Sus desarrolladores aclaran que no pretende realizar diagnósticos clínicos, sino aportar información que permita a los colegios focalizar sus estrategias y, cuando sea necesario, activar las rutas de atención correspondientes.
La herramienta será presentada durante la primera Cumbre de Colegios que Transforman, prevista para este 25 de septiembre, un espacio que reunirá a rectores, directivos y responsables de bienestar y prevención para discutir sobre salud mental y educación.
El encuentro también reconocerá a instituciones que han sostenido durante años programas de prevención. Cinco colegios —Gimnasio Campestre, Gimnasio La Montaña, Colegio San Jorge de Inglaterra, Colegio Hacienda Los Alcaparros y Colegio Helvetia— recibirán por primera vez el reconocimiento Colegios Pioneros en Prevención, por cerca de dos décadas de trabajo continuo.
El desafío, sin embargo, trasciende una plataforma, una cumbre o un programa específico. Las cifras muestran que la salud mental adolescente requiere respuestas permanentes y coordinadas entre familias, colegios, profesionales y autoridades.
La discusión apunta, en últimas, a modificar la lógica de intervención: pasar de reaccionar frente a la crisis a construir capacidades para anticiparse a ella. Conocer mejor a los adolescentes, reconocer sus vulnerabilidades, fortalecer sus recursos emocionales y saber cuándo activar una ruta de atención puede marcar la diferencia entre detectar una dificultad a tiempo o enfrentar sus consecuencias cuando ya se ha agravado.