Gas, agua y energía: ahorrar hoy para evitar una crisis mayor

Por Cecilia Arango Rojas

Ahorrar es ejercer ciudadanía, solidaridad y responsabilidad intergeneracional. Es convertir las Competencias de Poder 2030 en una conducta presente.

Gas, agua y energía: ahorrar hoy para evitar una crisis mayor

En mi artículo anterior sobre las Competencias de Poder 2030 planteé que los grandes retos socioambientales exigen aplicar el conocimiento con responsabilidad, rigor ético, solidaridad y compromiso con el bien común. Hoy tenemos una oportunidad concreta para demostrar ese valor como sociedad: aportar una cuota de ahorro de agua, gas y electricidad para disminuir el riesgo que enfrenta Colombia ante un fenómeno de El Niño muy fuerte.

No hablamos de una amenaza abstracta. En distintas regiones de Venezuela ya se registran cortes eléctricos de hasta ocho y diez horas diarias. Colombia también conserva la memoria del racionamiento de 1992 y 1993, que se prolongó durante 343 días. Según un ejercicio de Lumen Economic Intelligence, repetir hoy un episodio de profundidad y duración comparables podría costar $30,7 billones, equivalentes al 1,6 % del PIB, y poner en riesgo hasta 210.000 empleos.

El impacto actual sería aún más complejo. Hace tres décadas muchas operaciones podían continuar manualmente. Hoy la electricidad sostiene pagos y transacciones bancarias, plataformas productivas, telecomunicaciones, cadenas logísticas, comercio electrónico, servicios públicos digitales, centros de datos e inteligencia artificial. Un corte ya no detiene solamente una máquina: puede interrumpir simultáneamente la producción, el recaudo, el abastecimiento y la capacidad de respuesta del Estado.

La transformación tecnológica también eleva la demanda. Cada nuevo centro de datos, proceso automatizado, sistema de climatización, vehículo eléctrico o herramienta de inteligencia artificial requiere energía continua. Este crecimiento puede impulsar productividad y competitividad, pero exige generación suficiente, redes robustas y planeación anticipada. La innovación sin seguridad energética se convierte en una promesa frágil.

La presentación de la ministra de Minas y Energía ante Andesco mostró la dimensión del desafío. Para 2026-2027, XM, Empresa que maneja el mercado de energía, proyecta un déficit de energía firme de 8.030 gigavatios hora al año, equivalente al 8,6 % de lo que el país necesita tener asegurado. Esa cantidad corresponde, aproximadamente, a treinta días del consumo nacional actual. No significa que tendremos un mes de apagón; indica que existe una brecha de respaldo que debe cerrarse antes del periodo más crítico.

El diagnóstico también revela retrasos estructurales. De los 4.475 megavatios de nueva generación esperados para 2026, solo habría ingresado el 16,4%. Además, 275 proyectos de generación acumulan más de un año de atraso, 33 superan los cuatro años y cerca del 60% de los proyectos de transmisión presenta demoras. A esto se suma una pregunta que la presentación no cuantifica: ¿qué inversiones de distribución a cargo de los operadores de red siguen pendientes, cuáles no han comenzado y cuándo entrarán en servicio? La energía debe generarse, transportarse y llegar con confiabilidad al usuario.

Agua, gas y electricidad forman una sola conversación. Menores aportes hídricos obligan a utilizar más generación térmica; esta requiere combustibles y aumenta la presión sobre el gas. El país tiene 5,9 años de autonomía con reservas probadas y cerca del 30 % de la demanda ya se atiende con gas importado. La tensión en Oriente Medio y las restricciones en el estrecho de Ormuz presionan los precios internacionales, mientras 558 municipios colombianos presentan riesgo alto o muy alto de desabastecimiento de agua y adicionalmente las plantas potabilizadoras requieren energía para trabajar y bombear hasta el usuario final.

El Estado debe ejecutar las obras, asegurar combustibles, vigilar compromisos y ofrecer información transparente. Las empresas deben cumplir sus cronogramas, contratar responsablemente y reducir desperdicios. Pero hay problemas que el dinero, por sí solo, no resuelve. Su solución depende también de millones de decisiones de cada habitante de Colombia para actuar en las actividades cotidianas del hogar, comercio, e industria.

Apagar equipos innecesarios, moderar la climatización, aprovechar la luz natural y evitar desperdicios de agua y gas parecen gestos pequeños. Sumados, pueden proteger los embalses, reducir la exigencia sobre las plantas térmicas y conservar el margen necesario para evitar una crisis mayor. No esperemos a que la escasez decida por nosotros.

Ahorrar es ejercer ciudadanía, solidaridad y responsabilidad intergeneracional. Es convertir las Competencias de Poder 2030 en una conducta presente. El ahorro es nuestra primera barrera colectiva frente a un eventual racionamiento. Ahorre y sea parte de la solución. El cambio comienza por mí.