La caída de las reservas fuerza importaciones masivas de gas

Por Redacción Acento

El informe anual de Promigas confirma que Colombia perdió el 30 por ciento de su producción nacional de gas en cuatro años.

La caída de las reservas fuerza importaciones masivas de gas

El suministro de gas natural en Colombia dejó de ser un motivo de advertencia para convertirse en un problema estructural del Estado. Las cifras oficiales evidencian una caída constante en la extracción y el agotamiento acelerado de las reservas.

El más reciente informe sectorial de Promigas revela que la producción fiscalizada disminuyó un 12% durante el año 2025. Al sumar el balance de los últimos cuatro años, la extracción nacional acumula un recorte del 31%.

El desplome productivo afectó de manera directa el volumen de las reservas probadas en el territorio nacional. Los inventarios del combustible pasaron de 3.164 giga pies cúbicos en 2021 a solo 1.717 giga pies cúbicos al cierre del período analizado.

El presidente de Promigas, Juan Manuel Rojas Payán, lanzó una alerta clara al señalar que Colombia pasó de prever probables dificultades en el abastecimiento a enfrentar un recorte estructural. En solo cuatro años el país destruyó el 30% productivo.

La menor oferta de los yacimientos locales obligó a multiplicar las compras de gas licuado en los mercados internacionales. En lo corrido de 2026, el suministro importado representó el 28% del consumo total que requiere el mercado colombiano.

Aumento del gas importado

La dependencia del combustible externo se aceleró rápidamente en los últimos meses del año. La participación del volumen importado alcanzó un pico del 34% durante agosto, marcando una tendencia al alza que genera preocupación en la industria.

Las proyecciones de Promigas indican que Colombia llegará a finales de 2026 dependiendo en un 40% de las importaciones. El país necesitará esa cuota externa de forma continua para garantizar el consumo de hogares, comercios e industrias.

El deterioro de la oferta interna presiona a los usuarios hacia opciones energéticas más costosas y contaminantes. Un suministro insuficiente o incierto obliga a las empresas a reducir actividades o migrar a combustibles que generan mayores emisiones térmicas.

Esta sustitución forzada altera los objetivos nacionales de descarbonización y afecta la salud pública por la pérdida de calidad del aire. Además, el encarecimiento de la energía resta competitividad a los sectores productivos golpeados por la incertidumbre tarifaria.

Frente a esta vulnerabilidad financiera y operativa, Promigas urgió al Ejecutivo a adoptar medidas inmediatas. La estrategia requiere asegurar infraestructura de importación a corto plazo y reactivar la exploración local para recuperar la producción en el mediano plazo.


Infraestructura estratégica

El presidente del gremio enfatizó la necesidad de diversificar los orígenes del gas traído del exterior para evitar dependencias geopolíticas. Igualmente solicitó reglas claras que trasladen de forma transparente los costos de almacenamiento, regasificación y transporte a la tarifa final.

Entre las obras prioritarias figura la interconexión entre la Costa y el Interior a través del proyecto Jobo-Vasconia. Esta obra permitiría movilizar hasta 400 millones de pies cúbicos diarios, optimizando la confiabilidad del sistema integrado de transporte de gas.

La fragilidad del esquema energético colombiano aumenta ante posibles sequías que obliguen a usar más gas en las termoeléctricas. Cuando cae el aporte de las hidroeléctricas, el sistema eléctrico requiere mayor respaldo de gas para evitar racionamientos en las ciudades.

A pesar del déficit inmediato, Colombia cuenta con recursos estratégicos que podrían transformar la oferta hacia el final de la década. Los yacimientos no convencionales tienen un potencial equivalente a multiplicar por nueve las reservas probadas que posee hoy.

Nuevas fuentes de energía

Asimismo, los hallazgos en áreas profundas del Mar Caribe como el proyecto Sirius ofrecen una oportunidad clave para el abastecimiento. Sin embargo, la materialización de estos proyectos requiere destrabar trámites de licenciamiento ambiental y agilizar consultas previas con las comunidades.

La industria reclama al nuevo Gobierno estabilidad regulatoria, una carga tributaria racional y seguridad jurídica para atraer capitales. Sin estas condiciones, los inversionistas postergarán los desembolsos necesarios para desarrollar los descubrimientos marítimos y continentales del país.

El análisis de Promigas advierte que el gas natural recuperó un valor geopolítico estratégico global dentro de la transición energética. El combustible funciona como la fuente principal de firmeza operativa para respaldar energías renovables variables como la solar y la eólica.

La atención a 36 millones de colombianos conectados al servicio público depende de decisiones técnicas y oportunas. El Gobierno saliente y las autoridades reguladoras tienen en sus manos la definición de las reglas para garantizar la seguridad energética nacional.