Pisa revela las brechas que frenan el aprendizaje en Colombia

Por Redacción Acento

El 71% de los estudiantes colombianos que presentó la prueba quedó por debajo del nivel mínimo en matemáticas, mientras que en lectura la proporción fue del 54%

 Pisa revela las brechas que frenan el aprendizaje en Colombia

Los resultados de las pruebas Pisa 2025 volvieron a poner sobre la mesa las dificultades que enfrenta el sistema educativo colombiano. El país no solo permanece por debajo de los promedios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), sino que registró retrocesos en competencias fundamentales como lectura y matemáticas.

En lectura, Colombia obtuvo 399 puntos, 26 menos que su mejor resultado, alcanzado en 2015, cuando llegó a 425. La distancia frente al promedio de la Ocde, de 461 puntos, también evidencia la magnitud del desafío. En matemáticas, el resultado fue de 381 puntos, dos menos que en la medición anterior y 82 por debajo del promedio de la organización, que se ubicó en 463.

El panorama es aún más preocupante al revisar los niveles de desempeño. El 71% de los estudiantes colombianos que presentó la prueba quedó por debajo del nivel mínimo en matemáticas, mientras que en lectura la proporción fue del 54%. Ciencias aparece como la competencia con mejor resultado, con 414 puntos, aunque también permanece distante del promedio de la Ocde, de 482.

Más allá de las cifras, los resultados reflejan dificultades que comienzan mucho antes de que los estudiantes lleguen a los 15 años. Un estudio del programa de Educación Infantil de la Universidad de San Buenaventura, que cruzó información de Pisa, DANE y Saber 11, señala que cerca del 48% de los niños y niñas del país termina la primaria sin comprender un texto simple, mientras apenas el 29% alcanza un nivel básico en matemáticas.

Para Elena Marulanda, profesora del Departamento de Formación de la Universidad Javeriana, una de las explicaciones está en las brechas de calidad que persisten entre los estudiantes con mayores y menores oportunidades. No todos tienen acceso a conocimientos actualizados, nuevas metodologías o innovaciones educativas que permitan fortalecer sus capacidades.

La desigualdad también se refleja entre la educación pública y privada. Sin embargo, los resultados de Pisa 2025 introducen un elemento particular: la reducción de la brecha entre los estudiantes más favorecidos y los menos favorecidos no necesariamente representa una mejora general, pues, según Marulanda, estuvo relacionada principalmente con una caída en el desempeño de los primeros.

“La brecha entre los más favorecidos y los menos desfavorecidos en esta edición de las pruebas disminuyó, pero porque los más favorecidos cayeron”, explicó.

La docente relaciona parte de esta situación con el uso creciente de herramientas de inteligencia artificial generativa. Según su análisis, el empleo de estas tecnologías para resolver tareas y procesos académicos puede reducir la necesidad de que los estudiantes desarrollen por sí mismos funciones ejecutivas y pensamiento crítico, particularmente en lectura.

A este fenómeno se suma el uso de teléfonos celulares durante la jornada escolar. En Bogotá, por ejemplo, la Alcaldía anunció medidas para limitar su utilización en los colegios. Durante los espacios de participación para construir la normativa, el 82% de los docentes consultados señaló que los estudiantes emplean los dispositivos durante las clases para jugar u otras actividades, mientras el 62,3% de los aportes recogidos identificó dificultades de atención y concentración asociadas al celular.

El debate, por tanto, ya no se limita a si la tecnología debe estar o no en las aulas, sino a cómo y para qué se utiliza. Para Marulanda, una respuesta pasa por fortalecer la educación pública y reducir las brechas de calidad, pero también por establecer mayores controles sobre las pantallas y la inteligencia artificial entre los menores de 16 años.

“Una segunda cosa es regular el uso de pantallas y de inteligencias artificiales generativas, llevándolas a un propósito, utilizándolas como un medio”, sostuvo.

La discusión plantea así un desafío doble: recuperar aprendizajes fundamentales y, al mismo tiempo, preparar a los estudiantes para convivir con tecnologías que ya hacen parte de su vida cotidiana. La inteligencia artificial, en este escenario, no tendría que sustituir el razonamiento, sino convertirse en una herramienta que ayude a desarrollarlo.

La clave, según la docente, está en enseñar a los estudiantes a utilizarla para buscar información, organizar ideas, elaborar gráficos o consultar referencias, pero sin delegarle la capacidad de pensar. “Evitando que las usen para que piensen por ellos”, concluyó.