Las competencias de poder

Por Cecilia Arango Rojas

Tener más información no significa comprenderla. Contar con inteligencia artificial tampoco garantiza mejores decisiones. La diferencia la marca el pensamiento

Las competencias de poder

Durante la rendición de cuentas de la IUB, Luciano Castillo, de Purdue University, presentó la matriz de competencias esenciales hacia 2030. Su exposición dejó una pregunta: ¿estamos desarrollando las capacidades para comprender y liderar el mundo que está naciendo?

La IUB representa esa transformación. Surgió del Instituto Tecnológico de Soledad Atlántico —ITSA—, cedido por la Gobernación a la Alcaldía de Barranquilla, y evolucionó hasta la Institución Universitaria de Barranquilla. En cuatro años pasó de 4.000 a 24.600 estudiantes y hoy está en doce municipios, llevando educación a todo el departamento y atrayendo jóvenes del Caribe.

La matriz, basada en el estudio Future of Jobs del Foro Económico Mundial, identifica la inteligencia artificial, los macrodatos, la alfabetización tecnológica y la ciberseguridad. También destaca el pensamiento analítico y creativo, la curiosidad, el aprendizaje permanente, la resiliencia, la flexibilidad, el autoconocimiento, la empatía, la escucha activa y el liderazgo.

Allí está la paradoja de nuestro tiempo: mientras más poderosa se vuelve la tecnología, más importantes resultan las capacidades humanas.

Dos acontecimientos permiten dimensionar la velocidad del cambio. El lanzamiento del Telescopio Espacial Nancy Grace Roman abre una ventana para observar regiones del universo.

Simultáneamente, OpenAI presentó Finite Time Blowup for Navier–Stokes, un trabajo generado con inteligencia artificial sobre las ecuaciones que describen el movimiento de los fluidos. Aunque deberá ser examinado por la comunidad científica, revela que la IA comienza a intervenir en la producción de nuevo conocimiento.

No necesitamos convertirnos en astrofísicos o matemáticos. Necesitamos entender estos avances, formular preguntas, contrastar información, reconocer sus implicaciones y decidir cómo utilizarlos responsablemente.

Tener más información no significa comprenderla. Contar con inteligencia artificial tampoco garantiza mejores decisiones. La diferencia la marcarán el pensamiento crítico, el criterio ético y la capacidad de conectar el conocimiento con la sociedad.

Estas son nuestras competencias de poder: aprender permanentemente; pensar con rigor; crear soluciones; comunicarnos con claridad; escuchar activamente; gestionar nuestras emociones; trabajar con otros, y utilizar la tecnología al servicio de la dignidad humana.

La formación para 2030 debe comenzar en los colegios, fortalecerse en las instituciones técnicas y tecnológicas, profundizarse en las universidades y continuar durante la vida laboral. Necesitamos una oferta accesible para territorios, edades y niveles educativos. Dejar de aprender significa comenzar a quedarse atrás.

Las empresas deben ser espacios de aprendizaje. No pueden exigir nuevas habilidades sin contribuir a desarrollarlas. Formar y actualizar a sus trabajadores es una inversión en productividad, innovación, confianza y sostenibilidad.

Además, debemos manejar con sumo cuidado la sustitución de trabajadores mediante inteligencia artificial. Ninguna organización puede justificar, en nombre de la eficiencia, decisiones que ignoren la dignidad humana o profundicen las desigualdades. Antes de reemplazar un empleo, debe existir una estrategia de formación, reconversión laboral y creación de oportunidades. La tecnología debe ampliar el potencial de las personas, no volverlas prescindibles.

Actualizarse exige revisar nuestras creencias. Hay ideas que limitan nuestra comprensión. Aprender también significa desaprender, abandonar certezas superadas por la evidencia y abrirnos a nuevas formas de pensar.

Pero no se trata de reemplazar valores. Cuanto más cambien las herramientas, más firmes deben ser nuestros principios. El conocimiento debe aplicarse desde la integridad, la responsabilidad, la solidaridad, el respeto y el compromiso con el bien común.

Este desafío adquiere importancia en este segundo tiempo, marcado por la aceleración tecnológica, los retos socioambientales y la reconstrucción después del terremoto. No basta con recuperar infraestructura: debemos reconstruir confianza, relaciones, proyectos de vida y capacidad colectiva.

La competencia decisiva seguirá siendo nuestra capacidad de relacionarnos: escuchar sin prejuicios, conversar con respeto, cooperar con quienes piensan diferente y construir acuerdos. Necesitamos formar líderes de líderes, capaces de despertar talentos y ayudar a otros a conducir su propia vida.

2030 ya comenzó. Está presente en cada aula, empresa, conversación y decisión. El futuro requerirá profesionales capaces de utilizar tecnologías avanzadas, pero, sobre todo, mejores seres humanos capaces de darles propósito.

Porque lo más importante de la inteligencia artificial seguirá siendo el ser humano.