Un mes que pareció un año

Por Cristian Verbel

El balance del primer mes de De La Espriella y Restrepo

Un mes que pareció un año

En política, los primeros cien días suelen concebirse como una luna de miel en la que los mandatarios apenas acomodan cuadros y tantean el terreno. Para la dupla de Abelardo De La Espriella y José Manuel Restrepo, esa cortesía no existió.

A solo setenta y dos horas de asumir el poder, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió las entrañas del país y puso a prueba el temple del nuevo mandatario. Lo que en otras épocas habría significado parálisis burocrática y retórica de balcón, aquí detonó una respuesta inmediata.

Por el vértigo de las decisiones y la contundencia de los resultados, estos primeros treinta días se sintieron con la densidad y el calado de un año entero de gobierno.

El sello distintivo de esta administración ha sido la sustitución de la improvisación por la gerencia. Mientras el presidente De La Espriella imprimió una presencia física constante en el territorio —llegando al Chocó y a las zonas de desastre sin dilaciones—, su vicepresidente Restrepo asumió la articulación técnica y macroeconómica, blindando la confianza inversionista y apadrinando la reconstrucción.

Lejos de ver al empresariado como un adversario, el Ejecutivo selló una alianza histórica con el sector privado, movilizando más de un billón de pesos en donaciones directas y activando obras por impuestos para llevar auxilio real a las familias damnificadas.

En el frente de la seguridad ciudadana y la defensa nacional, el viraje no pudo ser más radical ni necesario. El país pasó del desconcierto y las concesiones a una doctrina clara de autoridad legítima del Estado:

• Recuperación de la ofensiva militar: Reactivación de operaciones de precisión contra objetivos de alto valor, propinando bajas contundentes a cabecillas y desmantelando estructuras delincuenciales.

• Control penitenciario e institucional: Traslado expedito de centenares de cabecillas a cárceles de máxima seguridad y reactivación inmediata del mecanismo de extradición para poner freno a la impunidad.

• Alineación geoestratégica: Reanudación de la cooperación militar y de inteligencia con aliados históricos como Estados Unidos e Israel, refrendada con gestiones de alto nivel que devuelven a Colombia su estatus de socio confiable en el hemisferio.

En materia económica, el tándem gubernamental ha optado por el sinceramiento fiscal. Enfrentar la herencia de un presupuesto tensionado, el servicio de la deuda y las presiones climáticas obligó a declarar una emergencia económica orientada a canalizar recursos donde realmente importan: techos, subsidios focalizados y reactivación productiva, lejos del derroche clientelar.

Por supuesto, la montaña que queda por escalar es empinada. La reconstrucción física del país, la rigidez presupuestal y los desafíos climáticos pondrán a prueba la disciplina del gabinete en los meses venideros. Sin embargo, este arranque envía un mensaje diáfano a los mercados y a la ciudadanía.

Colombia volvió a tener rumbo, orden y un gobierno que no teme ejercer la autoridad para proteger a su gente. Si este ritmo implacable se consolida, la promesa de reconstruir la patria dejará de ser una consigna para convertirse en una certeza cotidiana.