Washington ve capacidad para duplicar la producción venezolana esta década. Nuevos acuerdos prometen inversiones y mayor control estadounidense sobre reservas e
El mensaje de Estados Unidos cambió de tono frente al petróleo venezolano. Chris Wright, secretario de Energía estadounidense, afirmó desde Caracas que la producción puede duplicarse antes de terminar la década, una apuesta que combina inversión extranjera y objetivos geopolíticos privados.
Wright sostuvo que la producción venezolana aumentó 25% y las exportaciones 50%. Su cálculo parte del nivel y apunta a una expansión, aunque alcanzar ese objetivo dependerá de inversiones, infraestructura, tecnología, seguridad jurídica y capacidad operativa.
La dimensión de la apuesta aparece en las reservas. Venezuela posee 300.000 millones de barriles de petróleo probados, según la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP), magnitud que convierte al país en una pieza para cualquier política estadounidense orientada a ampliar fuentes de abastecimiento.
El acuerdo firmado el 31 de agosto con North American Blue Energy Partners, NABEP, refuerza esa estrategia. Marco Rubio (secretario de Estado) y Pete Hegseth (secretario de Guerra) suscribieron un entendimiento para desarrollar 17 yacimientos, con un potencial estimado de 65.000 millones de barriles de crudo en Venezuela.
Wright afirmó que NABEP produce actualmente unos 200.000 barriles diarios y es el segundo productor privado de Venezuela. La cifra actual muestra que Washington no parte de cero, sino de operaciones existentes que podrían ampliarse mediante nuevos proyectos y capital.
El secretario de Energía describió los nuevos acuerdos como un intento de convertir activos subutilizados en producción comercial. Según explicó, algunos campos ya están en desarrollo, mientras otros carecen de avances significativos y requieren inversiones capaces de reactivar su potencial productivo urgente.
Una parte de esos yacimientos tuvo antes asociaciones con empresas rusas o chinas, según Wright. Otros, añadió, estuvieron vinculados con socios criminales. El cambio supone reemplazar estructuras anteriores por proyectos comerciales bajo nuevas condiciones y con participación estadounidense directa comercial.
La apuesta petrolera

La expresión elegida por Wright resume la expectativa oficial. Dijo que el avance ocurre a velocidad Trump, una fórmula que busca destacar la rapidez de las decisiones energéticas adoptadas después del cambio político en Venezuela y el relajamiento de sanciones.
El aumento de los envíos hacia Estados Unidos ofrece una señal. Venezuela exportó 103,2 millones de barriles hasta la semana terminada el 28 de agosto, el doble de los 51 millones enviados durante 2025, según cifras preliminares de la EIA.
El salto exportador coincide con una relajación de las sanciones mediante licencias estadounidenses. La secuencia importa porque muestra cómo una decisión política puede modificar rápidamente los flujos comerciales, aunque sostenerlos exigirá recuperar instalaciones, elevar inversiones y resolver restricciones de producción.
El petróleo venezolano vuelve así al centro de una relación bilateral marcada durante años por sanciones, aislamiento y tensiones políticas. La nueva etapa vincula la recuperación de la industria con los intereses energéticos estadounidenses y con la transformación política venezolana.
María Corina Machado interpreta esa transformación desde otra perspectiva. La líder opositora calificó a Venezuela como un aliado clave para la seguridad energética y sostuvo que la reconstrucción nacional puede abrir oportunidades en energía, infraestructura, salud, tecnología e industrias estratégicas.
Su argumento amplía el alcance económico del petróleo. Machado plantea que una recuperación venezolana podría beneficiar a América Latina y Europa mediante mayor suministro de crudo y gas, inversiones y comercio, siempre que exista cooperación y condiciones para atraer capital.
La dirigente considera que la captura de Nicolás Maduro en enero, durante una intervención militar estadounidense, abrió un proceso positivo. Sin embargo, sostiene que el paso definitivo consiste en restablecer plenamente la democracia mediante elecciones transparentes celebradas lo antes posible.
Petróleo y transición
El vínculo entre transición política y petróleo será de los puntos centrales de esta nueva etapa. Para Washington, recuperar producción requiere estabilidad operativa; para Machado, consolidar la apertura económica depende también de legitimidad política e instituciones capaces de ofrecer confianza.
La magnitud del desafío sigue siendo considerable. Tener las mayores reservas probadas no significa producirlas de inmediato. Décadas de deterioro, falta de inversión y problemas operativos redujeron la capacidad petrolera venezolana, por lo que duplicarla exigirá tiempo y recursos considerables.
Para Estados Unidos, el beneficio potencial no se limita al crudo. Una Venezuela recuperada podría convertirse en proveedor energético relevante del hemisferio occidental, reducir vulnerabilidades de abastecimiento y generar oportunidades para empresas estadounidenses en energía, servicios petroleros, infraestructura y tecnología.
Para Venezuela, el desafío será convertir el regreso de capital extranjero en crecimiento. El aumento de exportaciones aporta ingresos, pero la recuperación industrial necesitará reglas estables, inversión de largo plazo, empleos, infraestructura renovada y una institucionalidad capaz de sostener proyectos.
La promesa de duplicar la producción antes de 2030 marca una meta ambiciosa y políticamente significativa. El dato clave será comprobar si el nuevo flujo de inversiones consigue transformar reservas gigantescas en producción estable, exportaciones crecientes y una industria competitiva.