Lucas, una historia de lucha que puso a prueba al sistema de salud

Por Redacción Acento

Su caso expone una de las mayores paradojas del sistema de salud colombiano: tener una necesidad médica urgente no significa obtener una respuesta con la misma

Lucas, una historia de lucha que puso a prueba al sistema de salud

La historia de Lucas Francesco Murillo García tiene apenas siete años, pero detrás de su sonrisa hay una vida marcada por hospitales, cirugías, oxígeno y una espera que, para su familia, parecía no tener final. Nació con una cardiopatía congénita severa que afecta el funcionamiento del lado derecho de su corazón y que le provoca bajos niveles de saturación, fatiga y cianosis. Desde entonces, su vida ha transcurrido entre procedimientos médicos y la esperanza de encontrar una solución definitiva. 

Su caso también expone una de las mayores paradojas del sistema de salud colombiano: tener una necesidad médica urgente no siempre significa obtener una respuesta con la misma velocidad. Durante meses, sus padres recurrieron a trámites y acciones de tutela para intentar avanzar en los exámenes y procedimientos requeridos para evaluar un posible trasplante. Mientras la salud de Lucas se deterioraba, la familia seguía chocando contra autorizaciones, gestiones y tiempos administrativos. 

La situación llegó a un punto crítico cuando Lucas apareció en un video solicitando ayuda públicamente. El mensaje de un niño que expresaba su temor ante la posibilidad de morir consiguió lo que múltiples trámites no habían logrado: poner su caso en el centro de la agenda pública.

La intervención del presidente Abelardo De La Espriella aceleró entonces una cadena de decisiones. Tras conocer el video, ordenó a la ministra de Salud, Ana María Vesga, revisar el caso y garantizar la atención que el menor necesitara. Posteriormente, la Alcaldía de Cúcuta, el Ministerio de Salud y la Nueva EPS coordinaron su traslado a Bucaramanga, donde la Fundación Cardiovascular de Colombia asumió la atención especializada.

Pero el traslado no significa que la batalla haya terminado. Apenas comienza otra etapa. En Bucaramanga, los especialistas deben realizar una evaluación hemodinámica y otros estudios para determinar cuál es el procedimiento más adecuado para Lucas y establecer si está en condiciones de someterse a un trasplante de corazón. 

Y es precisamente ahí donde esta historia adquiere una dimensión que va más allá de Lucas. Una respuesta institucional no debería depender de que una familia tenga que hacer público su sufrimiento, de que un caso se vuelva viral o de que intervenga directamente el presidente de la República.

La atención oportuna debería ser la regla, especialmente cuando se trata de un niño con una condición compleja y de alto riesgo. El caso de Lucas evidencia que, cuando las instituciones coordinan sus capacidades y priorizan al paciente, es posible destrabar procesos que parecían estancados. Pero también deja abierta una pregunta incómoda: ¿cuántos pacientes sin acceso a redes sociales, medios de comunicación o visibilidad pública permanecen esperando una respuesta similar?

Lucas, mientras tanto, sigue haciendo lo que ha hecho durante sus siete años: luchar. Su familia cuenta que, pese a las dificultades, es un niño alegre, enérgico e inteligente, con sueños que no parecen tener relación con los hospitales que han marcado su vida: quiere ser médico o futbolista. 

La despedida en Cúcuta, antes de su traslado en un avión ambulancia, estuvo acompañada de abrazos, lágrimas y mensajes de esperanza. Su llegada a Bucaramanga abrió una nueva posibilidad, pero también recordó que detrás de cada autorización, tutela o trámite hay una persona esperando.

La historia de Lucas todavía no tiene un desenlace. La cirugía, si los especialistas determinan que es viable, podría cambiar su vida. Pero su recorrido ya deja una lección: en un sistema de salud que pretende ser humano, ningún niño debería necesitar convertir su enfermedad en un clamor público para conseguir que las instituciones lo escuchen.

Por ahora, la esperanza viajó con él desde Cúcuta hasta Bucaramanga. Y con ella, el deseo de que esta vez la respuesta llegue antes que la urgencia.