Mita Mallick convierte sus experiencias con malos jefes en una guía ágil sobre poder, empatía y liderazgo en el trabajo cotidiano.
El más reciente libro de Mita Mallick, El diablo envía correos a medianoche, parte de una premisa incómoda: los malos jefes no solo nacen así, sino que pueden hacerse. El poder, las circunstancias, la presión por los resultados y una cultura laboral equivocada pueden convertir a cualquiera en aquello que alguna vez criticó.
Publicada por Aguilar, la obra combina experiencias personales, humor y episodios dolorosos para recorrer los trece malos jefes que la autora asegura haber sobrevivido a lo largo de su carrera. Pero el libro adquiere mayor interés cuando Mallick se incluye en el diagnóstico y reconoce que ella misma pasó por una etapa en la que fue una mala jefa.
Ese ejercicio de autocrítica evita que el libro se convierta en un simple catálogo de villanos corporativos. Su propósito es más amplio: advertir sobre comportamientos cotidianos que, acumulados, pueden deteriorar la confianza y el sentido de pertenencia de un equipo.
Microgestionar, rehacer constantemente el trabajo ajeno, gobernar mediante el miedo, apropiarse de los méritos colectivos, desentenderse del equipo o aparecer únicamente cuando se necesita algo son algunas de las conductas que Mallick identifica. El correo enviado a medianoche funciona así como metáfora de una autoridad que invade, exige y recuerda quién tiene el poder.
Uno de los aciertos del libro es ampliar la discusión más allá de la oficina. Un profesor que nunca concede la palabra, un médico que desestima los síntomas o un entrenador que mantiene a un jugador talentoso en la banca pueden producir una sensación semejante: la de no ser visto, escuchado o valorado.
Para Mallick, ahí reside el verdadero costo del mal liderazgo. No se trata solamente de productividad o resultados. Un jefe puede erosionar la creatividad, la innovación, la autoestima y, finalmente, el espíritu de quienes trabajan con él.
El diablo envía correos a medianoche no está dirigido, dice la autora, a los jefes irremediablemente tóxicos. Está pensado para el resto: quienes tienen poder y todavía pueden preguntarse qué clase de jefe están llegando a ser.
Más que un manual de liderazgo, el libro funciona como un espejo. Y conviene mirarlo antes de enviar ese correo a medianoche.