El turismo comunitario y de naturaleza aparece como una herramienta que puede contribuir a la recuperación económica y social de los territorios afectados.
El terremoto del pasado 10 de agosto no solo dejó viviendas destruidas, infraestructura afectada y comunidades rurales enfrentadas a una emergencia. También provocó un impacto silencioso sobre una de las principales fuentes de ingresos de buena parte del Pacífico colombiano: el turismo. A las consecuencias materiales del desastre se suma ahora la cancelación o aplazamiento de viajes, incluso hacia lugares que no sufrieron daños, profundizando las dificultades económicas de familias que dependen de la llegada de visitantes.
En este escenario, el turismo comunitario y de naturaleza aparece como una herramienta que puede contribuir a la recuperación económica y social de los territorios afectados. La apuesta no consiste únicamente en atraer nuevamente visitantes, sino en convertir el flujo turístico en una fuente de ingresos para las comunidades que necesitan reconstruir sus viviendas, recuperar sus actividades productivas y sostener a sus familias mientras avanza la respuesta institucional.

Los departamentos del Valle del Cauca y Chocó, dos de los territorios más golpeados por el terremoto, concentran parte de esta iniciativa. Emprendimientos, organizaciones y líderes locales vinculados al turismo biocultural decidieron articular una campaña de apoyo para atender algunas de las necesidades más urgentes de las comunidades rurales.
La Alianza de Turismo Biocultural del Pacífico activó una campaña unificada de apoyo socioambiental para contribuir a la reconstrucción de las zonas afectadas. La iniciativa surgió después de una evaluación técnica realizada por ingenieros voluntarios, que permitió identificar 13 infraestructuras comunitarias y familiares con graves daños estructurales en la zona rural de Buenaventura.
El diagnóstico encontró colapsos totales, afectaciones en una iglesia y varias viviendas que fueron declaradas en riesgo habitacional. La situación llevó a la organización a modificar temporalmente sus prioridades y concentrar esfuerzos en la consecución de materiales de construcción y apoyo logístico para las familias damnificadas.
“Nuestra red ha trabajado históricamente por salvaguardar la biodiversidad, la cultura y la economía del territorio. Hoy la prioridad es la vida y la dignidad de nuestras comunidades. Esta vez no solo venimos a mostrar la belleza del territorio, venimos a ayudar a reconstruirlo”, señaló Santiago Valencia, vocero de la Alianza Turismo Biocultural.
La estrategia incorpora además un mecanismo de donaciones para facilitar la participación de ciudadanos y empresas. Los recursos recaudados serán destinados a la compra de materiales y al pago de mano de obra local, con el propósito de que la ayuda contribuya simultáneamente a la reconstrucción de las viviendas y a la generación de ingresos dentro de las propias comunidades.
Pero la recuperación plantea un segundo desafío: lograr que el turismo vuelva a moverse.
El terremoto generó temor entre viajeros que tenían previsto desplazarse hacia diferentes destinos del Pacífico y otras zonas cercanas. Algunas personas decidieron cancelar o aplazar sus reservas por considerar que toda la región quedó afectada, pese a que existen municipios y destinos turísticos que no registraron daños significativos.
Esta reacción puede convertirse en un problema adicional para las comunidades. En territorios donde el turismo de naturaleza representa una de las principales fuentes de ingresos, cada reserva cancelada significa menos recursos para guías, operadores, restaurantes, alojamientos, transportadores, artesanos y familias que ofrecen servicios asociados a la actividad.
Por eso, los líderes comunitarios están haciendo un llamado a los viajeros para que no cancelen automáticamente sus planes, sino que consulten previamente las condiciones de cada destino y mantengan aquellas reservas en lugares que se encuentren operativos y en condiciones adecuadas para recibir visitantes.
“Invitar a la gente a regresar al Pacífico es garantizar que las familias tengan un sustento diario para salir adelante. Reconstruir los hogares y reactivar el turismo son dos acciones que van de la mano para ponernos de pie”, puntualizó Valencia.
Esta perspectiva plantea una lectura diferente sobre el papel del turismo después de una emergencia. Habitualmente, la actividad se entiende como una consecuencia de la recuperación: primero se reconstruye y después regresan los visitantes. En las comunidades del Pacífico, sin embargo, ambas tareas pueden desarrollarse de manera paralela cuando existan condiciones de seguridad.
El turismo comunitario puede convertirse así en una forma de reconstrucción económica desde el territorio. Los visitantes no solo consumen un servicio, sino que contribuyen a mantener empleos, fortalecer emprendimientos locales y preservar actividades culturales y ambientales que hacen parte de la identidad de estas regiones.
Sin embargo, el llamado a regresar debe estar acompañado de información clara. No todos los territorios enfrentan la misma situación y no sería responsable promover visitas hacia zonas que todavía presenten riesgos. La reactivación debe avanzar de manera gradual, teniendo como prioridad la seguridad de residentes y turistas.
El reto para el Pacífico será entonces evitar que el terremoto produzca una segunda crisis, esta vez económica. La reconstrucción de las viviendas requerirá materiales, recursos y mano de obra, pero también será necesario recuperar la confianza de los viajeros.