El problema de la energía en Colombia no es que no esté lloviendo, es que hay una cuenta sin pagar

Por Cristian Verbel

Vale la pena separar las dos cosas, porque de eso depende qué hay que hacer y quién tiene que hacerlo. Si fuera un problema de agua, tocaría esperar. Como es un

El problema de la energía en Colombia no es que no esté lloviendo, es que hay una cuenta sin pagar

Vale la pena separar las dos cosas, porque de eso depende qué hay que hacer y quién tiene que hacerlo. Si fuera un problema de agua, tocaría esperar. Como es un problema de plata, esperar es lo peor que se puede hacer.

Miremos los números. Los embalses están entre el 77 y el 78 por ciento. La meta era llegar a más del 80 antes de que empiece la temporada seca. En agosto llovió el 58 por ciento de lo que llueve en un año normal, y todo indica que va a llover menos.

Al mismo tiempo, el consumo de energía está subiendo: 5,5 por ciento en el país, y entre 9 y 10 por ciento en el Caribe. Más demanda, menos agua. El déficit de energía firme está cerca del 3 por ciento.

Cuando el país se seca, cambia quién genera la energía. Las térmicas, que en un año normal ponen el 12 por ciento, terminan poniendo más de la mitad. Son las plantas más caras del sistema. Y solo prenden si alguien les paga el combustible.

Ahí está el punto. El sector arrastra una deuda de 5,8 billones de pesos. Solo Air-e debe 3,2 billones. Hace cuatro años debía 520.000 millones. Ha venido creciendo a 670.000 millones cada año, con la empresa intervenida por el Estado. Eso no lo explica la tarifa. Lo explica una forma de administrar.

Para tapar ese hueco, el Fondo Empresarial de la Superservicios tiene 200.000 millones. Es el seis por ciento de lo que se debe. O sea que el Estado no tiene con qué responder por la empresa que él mismo maneja.

Y la única salida que se ha puesto sobre la mesa es que la deuda la paguen los usuarios en la factura. Usuarios de una región donde hay 34 grados y donde ya cuesta pagar la luz.

Lo que viene después tampoco tranquiliza. La subasta que se presentó como la solución adjudicó 2.276 megavatios térmicos. De esos, quedaron comprometidos 270. Y para el final de la década se proyecta un faltante del seis por ciento, cuando construir una planta térmica toma entre cuatro y cinco años. Las cuentas no dan.

Colombia lleva 34 años sin un apagón nacional. Eso no pasó por suerte. Pasó porque la plata circulaba y cada quien cobraba lo suyo. Hoy esa cadena está rota. Por eso la pregunta de esta conversación no es si va a llover. La pregunta es quién paga, con qué, y cuánto tiempo queda.