Una cúpula militar para cuatro años: mano dura contra el crimen

Por Redacción Acento

Los nombramientos combinan experiencia operacional, formación académica y trayectorias que estuvieron atravesadas por decisiones controvertidas del gobierno ant

Una cúpula militar para cuatro años: mano dura contra el crimen

El presidente Abelardo de la Espriella presentó esta semana la nueva cúpula de las Fuerzas Militares, una estructura con la que busca marcar un cambio de rumbo en la política de seguridad del país y fortalecer la ofensiva contra las organizaciones armadas ilegales.

Los nombramientos combinan experiencia operacional, formación académica y, en algunos casos, trayectorias que estuvieron atravesadas por decisiones controvertidas del gobierno anterior.

El nombramiento que más carga política concentra es el del general Erik Rodríguez Aparicio como comandante de las Fuerzas Militares. Su regreso al servicio ocurre poco más de dos meses después de su salida del Ejército, el pasado 9 de junio, cuando se desempeñaba como subjefe de Operaciones Conjuntas.

Rodríguez había quedado en el centro de la polémica después de referirse públicamente a las denuncias sobre una presunta carnetización de comunidades por parte de disidencias de las Farc en el Meta. Según esas denuncias, la práctica habría buscado ejercer control territorial y presión política de cara a las elecciones presidenciales. Sus declaraciones generaron malestar en el gobierno de Gustavo Petro y terminaron con su retiro, en medio de señalamientos sobre una eventual intervención en política.

El episodio dejó inconformidad dentro de las Fuerzas Militares, donde algunos oficiales consideraban a Rodríguez uno de los mandos con mayor capacidad operacional. Su designación ahora puede leerse como una señal política y militar del nuevo gobierno, en la que no solo reivindica su trayectoria, sino que lo convierte en el principal responsable de la estrategia de seguridad.

Rodríguez tendrá bajo su mando a más de 180.000 integrantes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aeroespacial Colombiana. 

El general es oriundo de Bucaramanga, cursó el bachillerato en el Instituto Nacional de Comercio, uno de los planteles públicos más reconocidos de la ciudad, del cual egresó en 1987. Poco después inició su servicio militar en el Batallón de Apoyo y Servicios para el Combate 2, con sede en Barranquilla. A lo largo de su carrera, comandó el Grupo de Caballería 16 Guías del Casanare (2010-2012), estuvo al frente de la Fuerza de Tarea Sumapaz y dirigió la Séptima Brigada. Más adelante llegó a ser segundo comandante del Ejército Nacional.

Al frente del Ejército está el mayor general José Bertulfo Soto Sánchez, un oficial con más de tres décadas de servicio y experiencia en zonas especialmente golpeadas por el conflicto y las economías ilícitas, como Cauca, Arauca, Putumayo, Caquetá y Tolima. Su perfil representa una apuesta por un comandante con amplio conocimiento del terreno y de las operaciones contra estructuras armadas.

La nueva estructura se completa con el mayor general Carlos Enrique Carrasquilla Gómez como jefe del Estado Mayor Conjunto. Su experiencia incluye el comando de fuerzas de tarea y divisiones, así como responsabilidades internacionales en la Fuerza Multinacional de Observadores y el Comando Sur de Estados Unidos.

En las otras fuerzas también habrá relevos

El mayor general Alfonso Lozano Ariza asumirá la conducción de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, mientras que el vicealmirante Camilo Ernesto Segovia Forero llegará al comando de la Armada, después de una carrera ligada a operaciones navales, planeación y conducción estratégica.

La apuesta, además, tendrá que coordinarse con la Policía. Días atrás, De la Espriella anunció al mayor general en retiro Jesús Alejandro Barrera Peña como director de la institución y al mayor general en retiro Norberto Mujica Jaime como subdirector.

Más que un simple relevo de nombres, la nueva cúpula plantea una definición de prioridades. El Gobierno parece apostar por recuperar iniciativa militar, reforzar el control territorial y endurecer la respuesta frente a los grupos armados.

El desafío será convertir esa decisión política en resultados concretos. Recuperar la seguridad no dependerá únicamente de los perfiles de los comandantes, sino de inteligencia, coordinación entre Fuerzas Militares y Policía.

La nueva cúpula tiene cuatro años para demostrar si la promesa de “mano dura” puede traducirse en una reducción sostenida de la violencia y en una recuperación efectiva del control territorial.