Venezuela, un vínculo que Colombia busca manejar de la mano de EE.UU.

Por Redacción Acento

Uno de los principales puntos de fricción de la relación será la seguridad en la frontera.

Venezuela, un vínculo que Colombia busca manejar de la mano de EE.UU.

Las relaciones entre Colombia y Venezuela se perfilan bajo una nueva fórmula: pragmatismo en lo económico, distancia en lo político y una creciente influencia de Estados Unidos. La llegada de Abelardo De la Espriella a la Casa de Nariño abre una etapa distinta a la que marcó el gobierno de Gustavo Petro, aunque la vecindad, la seguridad fronteriza y los intereses comerciales obligarán a ambos países a mantener canales de comunicación.

De La Espriella asumió el 7 de agosto con una posición abiertamente crítica frente al gobierno venezolano y con respaldo a un eventual cambio político en ese país. Su reciente intercambio público con la líder opositora María Corina Machado ratificó esa postura. Sin embargo, el nuevo mandatario también ha dejado claro que Colombia seguirá teniendo intereses concretos que proteger frente a su vecino.

“Colombia y Venezuela son pueblos hermanos, unidos por una historia que ninguna frontera podrá separar”, respondió el presidente colombiano a Machado, al tiempo que aseguró que siempre habrá “una mano tendida” para los venezolanos que defiendan la libertad y la democracia.

La contradicción es evidente: Bogotá quiere promover cambios políticos en Venezuela, pero también necesita mantener abiertos el comercio, la cooperación fronteriza y los canales de seguridad.

El internacionalista Iván Rojas considera que De La Espriella mantiene una posición dura frente al gobierno venezolano y no oculta su simpatía por una transición política. Sin embargo, advierte que la reactivación comercial parece estar tomando forma bajo la presencia de Estados Unidos, como una manera de ofrecer mayor seguridad a los empresarios colombianos.

“El gobierno colombiano quiere tratar los temas de Venezuela con la presencia de EE.UU. para dar algún tipo de seguridad adicional a sus empresarios”, señaló Rojas.

Comercio por encima de la ideología

Una de las principales señales de la nueva relación está en el nombramiento de Jorge Aller como embajador de Colombia en Venezuela. Para el internacionalista Luis Daniel Álvarez, la designación de un empresario con vínculos comerciales con el vecino país evidencia que Bogotá pretende priorizar los negocios sobre las afinidades políticas.

La señal contrasta con la diplomacia de Petro, que estuvo marcada por figuras de mayor cercanía política al presidente. Ahora, la apuesta parece orientarse hacia el fortalecimiento del intercambio empresarial.

Las cifras explican el interés. Según la Cámara Colombo Venezolana, el comercio bilateral alcanzó 1.170 millones de dólares en 2025, un crecimiento de 4,1 % frente a 2024. Entre enero y mayo de 2026, el intercambio llegó a 500 millones de dólares, con exportaciones colombianas por 451 millones e importaciones desde Venezuela por 49 millones.

El potencial, por tanto, sigue siendo considerable, especialmente para las regiones fronterizas, donde la economía binacional depende de la movilidad, el comercio y los servicios.

Una relación condicionada por Washington

El principal elemento novedoso es que Colombia parece dispuesta a abordar la relación con Venezuela en coordinación con Estados Unidos. El vicepresidente José Manuel Restrepo ya había definido a Colombia como un aliado clave de Washington frente al proceso venezolano y señaló que el pragmatismo será uno de los principios de la nueva administración.

Para el embajador Gerson Revanales, incluso el gobierno interino venezolano está obligado a modificar sus tradicionales posiciones por la necesidad de supervivencia política y su nueva relación con Washington. Eso abre un espacio para que Bogotá y Caracas encuentren coincidencias pese a sus profundas diferencias. Pero no todo será sencillo.

Uno de los principales puntos de fricción será la seguridad en la frontera. La presencia del Eln, disidencias de las antiguas Farc y otros grupos armados en territorio venezolano constituye un asunto que el nuevo gobierno colombiano difícilmente podrá ignorar.

De la Espriella ha anunciado una política de seguridad mucho más contundente contra las organizaciones criminales. Para Rojas, esa estrategia necesita de una relación positiva con Venezuela, pues ningún esfuerzo colombiano contra la insurgencia y el crimen organizado será completamente efectivo si no existe cooperación al otro lado de la frontera.

La tragedia cambia las prioridades

El terremoto que golpeó a Colombia el 10 de agosto puede modificar temporalmente la agenda internacional del nuevo gobierno. La reconstrucción, la atención a las víctimas y la recuperación de la infraestructura concentrarán buena parte de los esfuerzos de la administración.

Incluso propuestas como la participación colombiana en la reconstrucción de Venezuela, planteada por De La Espriella antes de asumir, podrían quedar relegadas frente a las necesidades internas.

Aun así, la relación bilateral seguirá siendo estratégica. Colombia necesita una Venezuela estable para garantizar seguridad en su frontera y ampliar sus posibilidades comerciales. Venezuela, por su parte, necesita recuperar mercados, inversión y espacios de integración regional.