Los bancos aceptaron prestar por debajo de su propio costo de fondeo

Por Cristian Verbel

Hay reuniones que valen por lo que deciden. Otras valen por quiénes asisten. La del sábado en Barranquilla vale por las dos cosas. En la sede de la Presidencia

Los bancos aceptaron prestar por debajo de su propio costo de fondeo

Hay reuniones que valen por lo que deciden. Otras valen por quiénes asisten. La del sábado en Barranquilla vale por las dos cosas.

En la sede de la Presidencia se sentaron Jaime y Gabriel Gilinski, Alejandro Santo Domingo, Luis Carlos Sarmiento, Fuad Char, Juan Carlos Mora, César Caicedo y Miguel Cortés. Son los dueños y los jefes de los grupos que controlan buena parte de la banca, los alimentos, el comercio y la industria colombiana. Compiten entre sí. Han litigado entre sí. En la historia empresarial reciente del país no hay registro de que esos apellidos hayan coincidido en una misma sala por un mismo propósito.

Coincidieron por un terremoto.

De ahí salió una decisión concreta: Grupo Aval, Banco GNB Sudameris y Grupo Bolívar aceptaron reducir al 8 % efectivo anual la tasa de los créditos de vivienda de los damnificados, durante toda la vida del préstamo. Bancolombia ya lo había hecho. El Banco de la República tiene su tasa de política en 12 %. Prestar al 8 % significa prestar por debajo del propio costo del dinero y asumir la diferencia. No es un descuento comercial. Es una transferencia de patrimonio privado a familias que perdieron su casa el 10 de agosto.

Esta no es una medida aislada. En doce días el sector privado comprometió más de $2 billones entre donaciones y alivios crediticios. Proantioquia consolidó $200.000 millones y propuso, además, un mecanismo de Reconstrucción por Impuestos. ProPacífico movilizó $220.000 millones para Cali, el norte del Valle y Buenaventura. La ANDI recaudó $201.637 millones en tres días de congreso y los puso bajo esquema fiduciario. Sarmiento Angulo, Gilinski, Santo Domingo, Vélez y Tecnoquímicas aportaron a título personal o corporativo cientos de miles de millones más.

Vale la pena registrar tres cosas.

La velocidad. El empresariado se movió antes de que existiera el marco jurídico de la emergencia. No esperó incentivos tributarios ni garantías estatales. En un desastre, el recurso más escaso no es el dinero: es el tiempo.

La permanencia. Donar es un acto que termina. Prestar al 8 % durante veinte años es una obligación que compromete balances y sobrevive a los ciclos políticos y a los titulares.

La sede. El próximo destino es el Chocó, el 7 de septiembre. El poder económico del país viajando al departamento con los peores indicadores sociales no es un dato menor: es una señal sobre dónde se decidirá la reconstrucción.

Colombia acaba de demostrar que sabe actuar como una sola cosa. Ahora tiene que demostrar que sabe sostenerlo.