Camacol propone ordenar daños, responsabilidades y recursos para reconstruir viviendas y reactivar las economías de las zonas afectadas por el terremoto.
El sismo del 10 de agosto dejó una tarea que va más allá de reparar viviendas. Camacol propone organizar una hoja de ruta nacional que permita identificar daños, definir responsables, ordenar recursos y convertir la emergencia en una reconstrucción coordinada.
La dimensión del desafío es considerable. Según Camacol, 290.000 personas y 160.000 viviendas resultaron afectadas. La magnitud obliga a combinar capacidades públicas y privadas, pero también a establecer reglas comunes para evitar respuestas fragmentadas entre municipios, departamentos y entidades nacionales.
El gremio de la construcción ya movilizó maquinaria, materiales, equipos, logística y profesionales voluntarios. Más de 4.400 personas se inscribieron en una comisión técnica creada para evaluar edificaciones, diagnosticar daños, remover escombros y brindar asistencia durante la recuperación y reconstrucción.
Varios grupos de voluntarios ya llegaron a las zonas afectadas. A ellos se suman más de 200 profesionales enviados por las regionales del gremio, entre ellas Antioquia, Bogotá y Santander, con respaldo de empresas afiliadas desplegadas en distintos departamentos del país.
En Chocó, el apoyo técnico comenzó a producir resultados. Treinta ingenieros desplazados desde Bogotá ya inspeccionaron 387 edificaciones en los municipios más afectados por el sismo. Esos diagnósticos deberán servir para decidir cuáles estructuras pueden repararse y cuáles requieren reconstrucción.
Camacol también avanza en la creación de un banco de materiales. La idea es conectar a productores, industriales, proveedores y constructores con las necesidades identificadas en los territorios, de manera que la oferta disponible pueda responder a las prioridades concretas de la emergencia.
Guillermo Herrera, presidente de Camacol, señala que la movilización empresarial refleja el compromiso de las regiones con una tarea difícil. El dirigente destacó que los empresarios están acompañando al Gobierno y a las autoridades locales frente a las necesidades de las comunidades damnificadas.
La información antes de las obras
El siguiente paso, según el gremio, debe ser establecer una metodología única para conocer hogares y edificaciones afectadas. El país necesita determinar qué viviendas pueden repararse, cuáles deben reconstruirse y cuáles requieren reubicación antes de definir metas, prioridades y recursos.
Sin una base de información común, la reconstrucción corre el riesgo de avanzar con diagnósticos distintos y decisiones desiguales. Camacol considera que una cifra oficial, única y técnicamente sólida debe convertirse en el punto de partida para ordenar la intervención estatal.
El gremio propone además un régimen especial de reconstrucción habitacional. Ese esquema tendría que establecer modalidades de atención, montos de apoyo y reglas para combinar subsidios, seguros, crédito, cajas de compensación, recursos territoriales y aportes de los propios hogares afectados.
También plantea definir con precisión quién dirige y quién ejecuta. La gerencia de la reconstrucción debería coordinarse con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD), los ministerios y las entidades territoriales, con responsabilidades claras y capacidad efectiva para cumplir cronogramas.
Camacol propone crear brazos territoriales de reconstrucción porque el desastre no se concentra en una sola ciudad. Cada zona necesitará metas, responsables, cronogramas y mecanismos de seguimiento propios, ajustados a sus daños, capacidades institucionales y condiciones económicas particulares.
El quinto componente es financiero. Antes de comenzar la reconstrucción, el Gobierno debe determinar cuánto costará y de dónde saldrán los recursos. El gremio plantea coordinar aportes nacionales y territoriales con aseguradoras, cajas de compensación, sector financiero y hogares afectados.
En ese punto, Herrera respaldó las propuestas de ANIF para revisar el presupuesto. Señaló que deben examinarse las partidas de inversión de 2026 que no han sido ejecutadas, por unos $20 billones, y ajustar el presupuesto de 2027 con prioridades claras.
Reconstruir también la economía
El sector privado también podría asumir parte de la reconstrucción mediante Obras por Impuestos. Camacol sugiere ampliar temporalmente este mecanismo, hoy concentrado en municipios PDET, para que empresas financien escuelas, hospitales y otras obras en territorios afectados.
Sin embargo, el debate no puede limitarse a reparar o construir viviendas. Los constructores advierten que una emergencia de esta magnitud puede aumentar la pobreza, afectar el empleo, frenar la actividad económica y profundizar las brechas de desarrollo entre regiones.
La reconstrucción debería convertirse, por tanto, en una oportunidad para recuperar las economías locales. Reparar viviendas y edificios es apenas una parte de la tarea; también será necesario restablecer servicios, actividad productiva y condiciones para que las comunidades vuelvan a generar ingresos.
Para Herrera, la reconstrucción debe comenzar con información precisa, reglas claras y una estructura de ejecución capaz de transformar recursos y capacidades en soluciones concretas. Camacol ofrece la capacidad técnica y empresarial de toda la cadena de construcción para apoyar esa tarea.
La experiencia que comienza a construirse después del terremoto tendrá una prueba decisiva: coordinar al Estado, empresas, profesionales, comunidades y cooperación internacional alrededor de un mismo plan. La velocidad de respuesta será importante, pero también lo será evitar soluciones improvisadas y dispersas.