La Contraloría de Laverde enfrenta su primera auditoría: la independencia

Por Redacción Acento

El nuevo contralor obtuvo 265 votos y respaldo transversal, pero su cercanía con el Congreso abre preguntas sobre independencia, tecnología y control fiscal rea

La Contraloría de Laverde enfrenta su primera auditoría: la independencia

Jorge Eliécer Laverde asumió la Contraloría General de la República con un mandato del Congreso y una promesa difícil de medir: reducir burocracia, aplicar austeridad y mantener al organismo alejado de disputas partidistas durante los próximos cuatro años de gestión.

El abogado caldense obtuvo 265 votos, con respaldo de todas las bancadas, incluidos sectores oficialistas y opositores. Sus contendores Andrés Castro y Julián Abadía recibieron cuatro y un voto, respectivamente, en una elección que evidenció un consenso inusual en el Congreso.

La votación se produjo después de casi tres horas de retraso por más de 50 impedimentos estudiados por Senado y Cámara. Todos fueron negados, incluido el presentado por el presidente del Senado, Honorio Henríquez, quien respaldó finalmente al elegido.

El resultado confirma una tendencia que genera debate sobre la independencia de los organismos de control: sus responsables provienen más de estructuras cercanas al Congreso. Hace dos años ocurrió con Gregorio Eljach, entonces secretario general del Senado y elegido procurador.

El antecedente pesa porque la Contraloría tiene la responsabilidad de vigilar el uso de recursos, evaluar la gestión fiscal y determinar responsabilidades cuando encuentra daños al patrimonio. Su autonomía resulta decisiva para que el control no dependa de mayorías políticas.

El reto de la autonomía

Durante su discurso, Laverde intentó responder a esa preocupación. Aseguró que la Contraloría no será un garrote político, pero advirtió que tendrá firmeza para sancionar a quienes afecten fondos públicos y comprometió una administración basada en ética, técnica y humanidad.

Su mensaje coincidió con una apuesta tecnológica. Laverde anunció el uso de inteligencia artificial y Big Data en tiempo real para anticipar riesgos de corrupción, herramientas territoriales que permitan fortalecer la vigilancia fiscal en departamentos y municipios, lejos de Bogotá.

El desafío está en convertir esos anuncios en resultados verificables. La tecnología puede ayudar a identificar patrones anómalos, cruzar bases de datos y priorizar auditorías, pero no reemplaza investigadores, decisiones ni cuando aparecen señales de irregularidades en entidades públicas.

Laverde planteó tres ejes para transformar el organismo. El primero será humanizar el control fiscal, bajo la idea de que detrás de cada cifra perdida existen ciudadanos afectados. La auditoría, dijo, debe poner la dignidad de las personas en el centro ciudadano.

El segundo eje será la soberanía de los datos fiscales. El contralor sostuvo que la información pública constituye un asunto constitucional que debe protegerse con independencia y bajo el interés general, una definición relevante ante la digitalización del Estado colombiano.

El tercer eje será la internacionalización del control fiscal. Laverde propuso adoptar estándares para perseguir activos y enfrentar la corrupción más allá de las fronteras, una tarea que exige cooperación, intercambio de información y capacidades para rastrear recursos desviados al exterior.

El nuevo contralor llegó al cargo después de doce años vinculado al Senado. Desde 2014 ejercía como secretario de la Comisión Sexta, experiencia que le permitió conocer la actividad legislativa, las relaciones entre bancadas y el funcionamiento administrativo del Congreso.

Esa trayectoria explica el respaldo obtenido, pero también alimenta dudas de quienes reclaman distancia entre el Legislativo y los organismos de control. El representante uribista Daniel Briceño se apartó de la elección y cuestionó la autonomía que tendrá Laverde frente a Eljach.

Briceño calificó al nuevo contralor como un títere de Gregorio Eljach y sostuvo que su elección fue un error porque, a su juicio, el Congreso pierde autonomía frente a los organismos de control. Su postura fue minoritaria en su bancada.

Desde el petrismo, la senadora Patricia Caicedo Omar defendió el respaldo a Laverde con otro argumento. Dijo que su bancada buscó una Contraloría independiente, transparente y firme, y reclamó un control fiscal riguroso, sin distinciones políticas y con autonomía ante cualquier gobierno.

Un perfil técnico

El perfil del nuevo contralor refuerza la imagen técnica que quiere proyectar. Es doctor en Derecho, realizó una estancia posdoctoral en la Universidad de Bolonia y cursó dos maestrías y seis especializaciones en Los Andes, Externado y Javeriana, y trayectoria.

Laverde cuenta con certificación como auditor internacional obtenida en Londres, formación en información militar y defensa nacional, y condición de oficial de la reserva de la Policía Nacional. Además, ha escrito libros y siete obras sobre gobierno y gestión pública.

Antes de llegar a la Contraloría, fue diputado de Caldas, procurador judicial y docente de la Escuela Superior de Administración Pública. Esa combinación entre experiencia, formación jurídica y permanencia será puesta a prueba por una institución con enorme poder estatal.

Su señal política fue prometer que no habrá cacería de brujas. Su señal administrativa será la austeridad. El resultado de ambas apuestas dependerá de que las promesas se traduzcan en menos burocracia, controles más eficaces y decisiones independientes frente al poder.