Más de 12 países se sumaron a la asistencia humanitaria y enviaron equipos de rescate para las zonas afectadas por el sismo.
Ante una tragedia que ha dejado cientos de muertos, miles de heridos y decenas de miles de damnificados, Colombia no ha quedado sola. En las primeras horas posteriores al terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto, gobiernos de América, Europa, Asia y Medio Oriente comenzaron a ofrecer dinero, alimentos, equipos de rescate y asistencia técnica. El desafío, sin embargo, ya no es únicamente conseguir ayuda: es convertir esa solidaridad internacional en una respuesta organizada y útil para las comunidades afectadas.
Más de 12 países se sumaron a la asistencia humanitaria y enviaron equipos de rescate, mientras el Gobierno reportó compromisos superiores a los US$1.300 millones para la atención y reconstrucción. Estados Unidos ofreció entre US$15 y US$16 millones, Emiratos Árabes Unidos anunció otros US$10 millones y países como México, El Salvador, Ecuador, Japón, Brasil, Suiza, Suecia y Turquía expresaron su disposición a colaborar.
La magnitud de las ofertas revela que la emergencia colombiana trascendió las fronteras. Pero también plantea una pregunta menos visible: ¿cómo administrar semejante flujo de recursos y asistencia sin convertirlo en otro problema para un Estado que debe responder simultáneamente a miles de familias?
La Cancillería instaló un puesto de mando de cooperación internacional y trabaja con Naciones Unidas para identificar necesidades concretas y determinar dónde, cuándo y qué tipo de ayuda se requiere. La intención es que los ofrecimientos no lleguen de manera dispersa, sino que respondan a un diagnóstico nacional coordinado con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd).

Esa coordinación resulta especialmente importante en la fase de búsqueda y rescate. Ecuador puso a disposición 47 rescatistas, perros especializados y equipos autónomos para operar durante siete días. Estados Unidos envió 22 expertos de equipos USAR y activó un equipo de respuesta para desastres. El Salvador, por su parte, envió dos aviones con 100 toneladas de ayuda humanitaria.
También llegaron grupos independientes. La Brigada Internacional Topos Azteca, de México, se desplazó desde Venezuela hacia Cali para participar en la búsqueda de personas atrapadas. Aerial Recovery Group se sumó igualmente a las operaciones, con especialistas acostumbrados a trabajar en estructuras colapsadas y a utilizar equipos capaces de detectar señales de vida bajo los escombros.
Controversia política
El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, afirmó que Colombia había indicado que no necesitaba personal extranjero de rescate porque sus propios equipos ya estaban desplegados. El episodio alimentó versiones según las cuales Bogotá estaría rechazando ayuda por razones ideológicas, especialmente en el caso de México y su presidenta, Claudia Sheinbaum.
El canciller Ómar Bula aseguró que no se ha excluido a ningún país y que las decisiones se toman sin consideraciones políticas o ideológicas. Incluso confirmó la llegada de ayuda de El Salvador y de un vuelo procedente de México. La explicación oficial es otra: una ayuda mal coordinada puede terminar dificultando la operación en terreno.
La decisión de limitar el ingreso de determinados equipos de búsqueda tampoco equivale, según el Gobierno, a cerrar las puertas a la cooperación. El director de la Ungrd explicó que se priorizan grupos que cumplen los protocolos internacionales de búsqueda y rescate y que puedan operar con autonomía, sin generar una carga adicional para un Estado concentrado en la emergencia.
China, entretanto, se sumó al ofrecimiento. El embajador Zhu Jingyang confirmó que su país está dispuesto a colaborar tanto con financiación como con materiales humanitarios y aseguró que Beijing trabaja con la Cancillería colombiana para determinar las necesidades.
De La Espriella respondió con una carta de agradecimiento a Xi Jinping, en la que destacó la solidaridad del pueblo chino.
La verdadera prueba, sin embargo, comenzará cuando termine la fase de rescate. El dinero, los alimentos, los equipos y los expertos deberán traducirse en viviendas reconstruidas, hospitales funcionando, escuelas recuperadas, vías restablecidas y familias capaces de recuperar sus medios de vida.
La solidaridad internacional puede aliviar la emergencia, pero no reemplaza la capacidad del Estado. Para Colombia, el reto será demostrar que puede recibir esa ayuda con transparencia, distribuirla según las necesidades y convertirla en reconstrucción.