El país necesita ciudadanos dispuestos a colaborar en tareas de diagnóstico, planeación y ejecución. Las crisis dejan dolor, pero también revelan vulnerabilidad
En los dos artículos anteriores planteamos que la confianza es el activo estratégico que Colombia necesita recuperar. Primero, desde el Congreso: instituciones sólidas, reglas claras y decisiones que generen credibilidad.
Después, desde la Presidencia: transparencia, coherencia y resultados. Hoy falta completar la ecuación con el actor capaz de convertir todo ello en transformación: el ciudadano. Ahora nos corresponde a nosotros.
John F. Kennedy lo expresó magistralmente en 1961 al invitar a sus compatriotas a no preguntar solamente qué podía hacer su país por ellos, sino qué podían hacer ellos por su país. Su mensaje cambió el lugar del ciudadano: de espectador a protagonista, de receptor a constructor. Colombia necesita ese cambio.
Tenemos cuatro años. Son suficientes para avanzar, pero demasiado cortos para desperdiciarlos en la queja, la división o la espera. La pregunta que cada uno debería hacerse es sencilla: ¿qué sé hacer, qué tengo y qué puedo aportar? La respuesta comienza con una decisión.
Decidir proviene del latín decidere: cortar, separar, zanjar. Su origen encierra una poderosa metáfora: decidir es cortar con aquello que nos inmoviliza para abrir espacio a lo que queremos construir.
Tenemos que cortar con él “eso no me corresponde”, con hacer las cosas a medias, con exigir a los demás aquello que nosotros no cumplimos y con creer que el destino nacional depende exclusivamente de quien gobierna. El cambio comienza por mí.
Si quiero confianza, debo ser confiable. Si quiero mejores instituciones, debo respetar las reglas. Si quiero productividad, debo trabajar con excelencia. Si quiero oportunidades, debo prepararme para ellas.
Y si quiero una Colombia mejor, debo comenzar por ser la mejor versión posible de mí mismo. Pero esta nueva etapa exige algo más: solidaridad para reconstruir a Colombia.
Solidaridad no significa solamente aportar dinero. Como decimos coloquialmente, “plata es lo que plata vale”. También valen el conocimiento, la experiencia y el tiempo.
Un ingeniero puede ayudar a evaluar daños; un arquitecto, a diseñar soluciones; un empresario, a movilizar recursos; una universidad, a aportar conocimiento.
Colombia necesitará ciudadanos dispuestos a colaborar en tareas de diagnóstico, planeación y ejecución. Las crisis dejan dolor, pero también revelan vulnerabilidades y abren la oportunidad de corregirlas.
Una conocida máxima, frecuentemente atribuida a Winston Churchill, invita a no desperdiciar una buena crisis. Yo prefiero traducirla en una obligación: no reconstruir simplemente lo que teníamos, sino construir algo mejor.
En el Atlántico ya lo vivimos. Durante la inundación del sur del departamento en 2010, en medio de uno de los momentos más difíciles para miles de familias, una niña pronunció una frase que terminó convirtiéndose en inspiración: “Nada será igual, todo será mejor”. Y así fue.
La reconstrucción del sur demostró que después de una tragedia no estamos condenados a recuperar únicamente lo perdido. Podemos corregir vulnerabilidades, transformar el territorio y construir nuevas oportunidades. Hoy esa enseñanza adquiere dimensión nacional.
Tengo la convicción de que Colombia, en esta nueva era de la Patria Milagro, puede ser mejor. Pero los milagros colectivos necesitan trabajo.
Requieren instituciones que respondan, liderazgo que genere confianza y ciudadanos capaces de poner su conocimiento, experiencia y recursos al servicio de un propósito común.
El Congreso deberá legislar. El Gobierno deberá gobernar. Los empresarios, producir. Las universidades, aportar conocimiento. Y nosotros debemos hacer nuestra parte.
No necesitamos esperar una convocatoria. Preguntémonos desde hoy: ¿qué tengo yo que Colombia necesita? Tal vez sean recursos. Tal vez conocimiento, experiencia, creatividad, trabajo o tiempo.
Todos tenemos algo que aportar. Pongámoslo al servicio del país. Porque Colombia no es algo que sucede afuera mientras observamos. Colombia somos nosotros.
Aquella niña del sur entendió algo extraordinariamente profundo: una crisis puede marcar el final de una realidad, pero también el comienzo de otra mejor. Ahora nos corresponde decidir cuál vamos a construir.
Nada será igual. Todo será mejor. Porque el cambio de Colombia es la sumatoria de todas nuestras decisiones personales.