La lección del Congreso ANDI: Colombia sabe qué hacer, falta ejecutar

Por Redacción Acento

Productividad, infraestructura, energía, tecnología y resiliencia marcaron el Congreso de la ANDI, con una conclusión común: Colombia necesita convertir diagnós

La lección del Congreso ANDI: Colombia sabe qué hacer, falta ejecutar

El Congreso Empresarial Colombiano de la ANDI dejó una conclusión que atraviesa las discusiones sobre economía, infraestructura, energía, tecnología y geopolítica: Colombia conoce buena parte de sus desafíos, pero todavía no logra convertirlos en decisiones, proyectos y resultados.

La agenda empresarial mostró que los problemas están conectados. La posición geográfica depende de la infraestructura; la inteligencia artificial exige energía; la inversión necesita regulación previsible, y el crecimiento requiere productividad. En todos los casos, la ejecución aparece como el punto crítico.

Parag Khanna, fundador y CEO de AlphaGeo, planteó que la conectividad competitiva se convirtió en una de las fuerzas que determinan la geopolítica del siglo XXI. Su tesis tiene una implicación directa para Colombia: una buena ubicación no basta si el país no logra conectarse.

Colombia cuenta con dos océanos, acceso al Caribe y cercanía al principal mercado mundial, además de recursos naturales y capacidad energética. Pero esa ventaja solo se convierte en competitividad cuando existen puertos, carreteras, aeropuertos, ferrocarriles, redes digitales y cadenas productivas eficientes.

El crecimiento necesita productividad

Durante décadas, una parte importante del crecimiento latinoamericano provino del aumento del empleo, mientras la productividad avanzó con menor fuerza. El cambio demográfico obliga ahora a encontrar otro motor para sostener la expansión económica y elevar el nivel de vida.

Una presentación de McKinsey planteó el escenario de una Colombia capaz de crecer al 6%. La comparación con Polonia, Rumania, Serbia, Turquía, Corea del Sur, Singapur e Irlanda mostró cuánto puede transformar una economía un periodo prolongado de crecimiento sostenido.

En infraestructura, la ANDI presentó un ejercicio que mide el efecto de acelerar la inversión público-privada, mejorar las APP y elevar la productividad. El escenario llevaría el crecimiento del PIB de 2030 desde 2,9% hasta aproximadamente 4,27%.

Una carretera, un puerto o un ferrocarril no son solo obras físicas. Pueden reducir tiempos, acercar mercados, facilitar exportaciones, movilizar inversión y generar nuevas localizaciones industriales. Por eso, la infraestructura aparece como una herramienta de productividad y competitividad.

El reto es pasar de proyectos deseables a proyectos bancables, con costos, financiación, capital privado movilizado, empleos generados, exportaciones habilitadas, reducción de costos logísticos y riesgos identificados. Sin esa estructuración, las buenas ideas difícilmente llegan a ejecutarse.

Energía, tecnología y regulación

La energía fue otro punto de conexión. Una de las conclusiones del Congreso fue que la seguridad energética está en el centro de la competitividad. Centros de datos, inteligencia artificial, digitalización, nuevas fábricas y electrificación necesitarán electricidad disponible, confiable y competitiva.

Por eso, la transición energética no puede separarse de la transmisión, las redes, el almacenamiento, el respaldo y la disponibilidad de gas. El planteamiento del Congreso fue combinar diversificación y seguridad energética, en lugar de convertir la política energética en una discusión exclusivamente ideológica.

La discusión también puso sobre la mesa los problemas eléctricos del Caribe: pérdidas, conexiones irregulares, subsidios, fraude y capacidad institucional. El documento distingue entre pobreza energética y fraude, y plantea que proteger a quien no puede pagar no significa tolerar consumos irregulares de quienes sí tienen capacidad económica.

La inteligencia artificial llevó nuevamente la discusión hacia la productividad. La participación de Amazon Web Services mostró cómo la nube permite a empresas pequeñas acceder a capacidad computacional, almacenamiento, seguridad, analítica y herramientas de inteligencia artificial que antes exigían inversiones mayores.

El desafío, por tanto, no consiste solo en medir los empleos que puede desplazar la inteligencia artificial. También implica determinar cuántas empresas pueden ser más productivas, cuántos trabajadores pueden adquirir nuevas habilidades y cuántos trámites y servicios pueden mejorar con tecnología.

La regulación apareció como otra condición para competir. La experiencia europea expuesta durante el Congreso plantea una regulación de inteligencia artificial basada en riesgos, con mayores exigencias para aplicaciones que intervienen en salud, crédito, empleo, educación y justicia.

La prueba será ejecutar

La última pieza es la resiliencia. El Congreso planteó pasar de intentar predecir todos los acontecimientos a preparar mejor la respuesta frente a aquellos que no pueden anticiparse. Pandemias, guerras, sequías, crisis energéticas, disrupciones logísticas y desastres naturales forman parte del nuevo entorno.

Esa idea adquiere especial relevancia después del terremoto que golpeó varias regiones del país. La reconstrucción no debería limitarse a levantar nuevamente lo que se cayó. Una emergencia también permite corregir vulnerabilidades, elevar estándares, mejorar la infraestructura y construir territorios más resistentes.

Al final, las discusiones sobre geopolítica, productividad, infraestructura, energía, inteligencia artificial, regulación y resiliencia convergen en un mismo problema. Colombia tiene empresas, trabajadores, universidades, recursos naturales, tecnología y aliados internacionales, pero necesita conectar esas capacidades para producir resultados.

El país no necesita esperar a resolver todas sus diferencias para comenzar a avanzar. Necesita decisiones, proyectos, inversión, trabajo y mecanismos capaces de convertir las oportunidades en resultados concretos. Esa es la tarea que queda después del Congreso de la ANDI.

El tiempo juega en contra. Las cadenas productivas buscan nuevas localizaciones, la inteligencia artificial transforma empresas, los capitales buscan territorios competitivos y la transición energética redefine ventajas. Las oportunidades existen, pero ninguna permanece abierta indefinidamente.