Menor producción, reservas en descenso e importaciones crecientes elevan la vulnerabilidad energética de Colombia ante un fenómeno intenso de El Niño en 2026.
Colombia enfrenta un deterioro simultáneo de su producción de petróleo y gas, cuando aumenta la necesidad de energía confiable. ANIF advierte que el país perdió margen de seguridad y depende cada vez más del suministro externo para cubrir demanda nacional.
En mayo de 2026, la producción de crudo llegó a 729.000 barriles diarios, 2,8% menos que un año antes. El gas registró 1.129 millones de pies cúbicos diarios, una caída anual de 12,9%, según cifras recopiladas por el centro de estudios.
El problema es más profundo en el gas. Las importaciones alcanzaron 300 millones de pies cúbicos diarios en junio, con un aumento anual de 52,3%. Su participación llegó a cerca del 30%, después de ser marginal hasta 2022.
La dependencia externa adquiere mayor importancia porque el gas sostiene la generación térmica, utilizada cuando disminuye la disponibilidad de las hidroeléctricas. ANIF señala que un fenómeno de El Niño intenso puede aumentar esa demanda y elevar los costos del abastecimiento.

El petróleo pierde impulso
El petróleo también muestra una tendencia descendente. Después de alcanzar 1,029 millones de barriles diarios en 2013, la producción cayó durante la pandemia, se recuperó y volvió a disminuir durante 2025 y lo corrido de 2026, sin consolidar la recuperación.
El promedio petrolero pasó de 777.000 barriles diarios en 2023 a 772.600 en 2024, 746.500 en 2025 y cerca de 735.000 en 2026. La secuencia confirma que la recuperación posterior a la pandemia no logró consolidarse todavía en el país.
La inversión petrolera había mostrado una resistencia. En 2025, la inversión extranjera directa destinada al sector alcanzó 2.598 millones de dólares, 25,8% más que el año anterior, mientras la inversión extranjera del país cayó 15,4% en ese período.
El comportamiento empezó a cambiar en 2026. Durante el primer trimestre, la inversión extranjera directa petrolera disminuyó 7,1% anual, mientras la inversión extranjera total aumentó 34%. En junio operaban 93 taladros activos, 17 menos que doce meses antes.
El gas concentra el riesgo más inmediato porque su producción ha caído durante años. ANIF calcula que pasó de 2.156 millones de pies cúbicos diarios en 2019 a cerca de 1.129 millones en 2026, una reducción aproximada del 48%.
La caída de la oferta modificó el papel de la infraestructura de importación. La terminal de regasificación de Cartagena dejó de ser un respaldo ocasional para convertirse en una fuente permanente de abastecimiento, mientras el país depende de infraestructura única.
La brecha entre oferta y demanda creció con rapidez. El déficit de gas previsto para 2026, calculado inicialmente alrededor del 23% de la demanda nacional, fue revisado por el centro de estudios hasta superar el 39%, aumentando la presión sobre importaciones.
Las reservas explican parte de esta vulnerabilidad. En petróleo, las reservas probadas permanecieron cerca de 2.020 millones de barriles entre 2018 y 2025. La relación entre reservas y producción subió de 6,2 a 7,4 años, principalmente por la menor extracción.
En gas, el panorama resulta distinto. Las reservas probadas bajaron de 3.782 a 1.717 giga pies cúbicos entre 2018 y 2025, una reducción superior al 50%. La relación entre reservas y producción descendió de 9 a 5,9 años hoy.
La diferencia entre ambos mercados es clave para entender el riesgo. Mientras el petróleo conserva un nivel de reservas relativamente estable, el gas combina menor producción, menores reservas y una dependencia creciente de compras externas para satisfacer el consumo nacional.
El Niño añade presión
A este escenario se suma El Niño. El Ideam estima que el fenómeno alcanzará su mayor intensidad entre octubre y diciembre de 2026. Menos generación hidroeléctrica obligaría a utilizar más plantas térmicas y gas importado para cubrir la demanda nacional.
El impacto no quedaría limitado al sector energético. ANIF estima que un fenómeno de El Niño intenso podría añadir 60 puntos básicos a la inflación, por el aumento de tarifas reguladas y el efecto de menores lluvias sobre los alimentos.
La respuesta incluye nueva infraestructura. La Regasificadora del Pacífico está prevista para entrar en operación a finales de 2026 con una capacidad inicial de 60 millones de pies cúbicos diarios, ampliable hasta 180, para atender el suroccidente colombiano en 2026.
También existen expectativas sobre nuevos desarrollos costa afuera. El centro de estudios destaca a Sirius y el descubrimiento Sandía-1 como oportunidades para ampliar las reservas y la producción nacional de gas. Sin embargo, advierte que estos proyectos requieren años para entrar en operación.
El desafío, por tanto, es cerrar una brecha que ya afecta costos y seguridad del suministro. ANIF plantea acelerar proyectos estratégicos, fortalecer exploración y campos existentes, asegurar infraestructura, promover competencia y coordinar política energética, regulación e inversión para reducir riesgos.