Presidente Abelardo: “Poner la casa en orden será el primer deber del Gobierno”

Por Redacción Acento

En su primer discurso como presidente de Colombia, De La Espriella trazó las principales líneas de lo que será su gobierno: seguridad, autoridad, descentralizac

Presidente Abelardo: “Poner la casa en orden será el primer deber del Gobierno”

Más que un discurso de posesión, Abelardo de la Espriella presentó desde Cali una declaración de principios sobre el país que pretende gobernar durante los próximos cuatro años. Seguridad, descentralización, austeridad fiscal, salud, lucha contra el narcotráfico y una relación de mayor firmeza con las instituciones atravesaron una intervención extensa, en la que el nuevo presidente intentó marcar distancia con el gobierno saliente y definir las bases de lo que denominó una nueva “regeneración”.

La referencia histórica no fue accidental. De La Espriella se presentó como el primer presidente “hijo verdadero del Caribe” desde Rafael Núñez y recuperó el concepto de regeneración utilizado por el expresidente a finales del siglo XIX. Pero estableció una diferencia fundamental: mientras Núñez respondió al federalismo fortaleciendo el poder central y promoviendo una Constitución centralista, el nuevo mandatario aseguró que su desafío será precisamente combatir el centralismo.

“La excesiva centralización administrativa se ha convertido en un verdadero obstáculo para el progreso”, afirmó. Y resumió su apuesta territorial en una frase que puede convertirse en una de las marcas de su administración: “este será un gobierno de las regiones y para las regiones”.

La promesa, sin embargo, implica un reto que va más allá del discurso. Descentralizar significa trasladar capacidad real de decisión y ejecución a departamentos y municipios, algo que, según el propio presidente, requiere fortalecer su infraestructura institucional para asumir nuevas responsabilidades. La apuesta será determinar si esa descentralización se traduce en recursos y autonomía o queda reducida a una nueva narrativa del poder.

En materia institucional, De La Espriella también quiso cerrar desde el comienzo una de las discusiones que podrían rodear su gobierno: la posibilidad de una reforma constitucional mediante una Asamblea Nacional Constituyente. Su respuesta fue tajante: “No habrá Constituyente de ninguna naturaleza”. Incluso se comprometió a entregar el poder el 7 de agosto de 2030 a quien resulte elegido en las urnas.

La afirmación busca despejar cualquier temor sobre una eventual prolongación del poder y, al mismo tiempo, establecer una diferencia frente a proyectos políticos que han planteado modificar las reglas constitucionales. Sin embargo, el mandatario advirtió que la oposición tendrá garantías para ejercer su función, aunque no permitirá “maniobras que atenten contra la estabilidad de la nación ni contra el ejercicio del mandato que hoy comienza”.

El eje que probablemente definirá con mayor claridad la identidad de este gobierno será la seguridad. De La Espriella cerró la puerta a nuevas negociaciones con los grupos armados y ordenó a la Fuerza Pública combatir a las estructuras criminales.

“Tienen dos caminos, someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza del Estado”, advirtió.

El mensaje supone una ruptura frontal con la política de negociación impulsada durante el gobierno anterior y anticipa una administración que pretende recuperar la autoridad estatal mediante una ofensiva directa contra el crimen organizado. El presidente también anunció megacárceles, una revisión de la JEP y la búsqueda de la pena perpetua para quienes atenten contra mujeres y niños.

En esa misma línea, anunció el fin de la política de sustitución de cultivos ilícitos. “La coca dará paso al coco, al cacao, al café, al maíz, a la palma y a una agricultura honrada, próspera y libre”, aseguró, intentando combinar la política de seguridad con una alternativa económica para las zonas productoras de coca.

La economía tendrá, por su parte, una primera señal de austeridad. De La Espriella anunció que una de sus primeras decisiones será congelar el gasto público. “Poner la casa en orden será el primer deber del Gobierno”, afirmó, atribuyendo el deterioro de las finanzas al crecimiento del gasto y al endeudamiento del gobierno anterior.

El ajuste, aseguró, no recaerá sobre los sectores más vulnerables. “Los programas dirigidos a la población más vulnerable serán preservados”, prometió. La tensión estará en cómo conciliar esa protección social con el recorte del gasto y, al mismo tiempo, financiar las transformaciones que ha anunciado.

En salud, el mandatario prometió cambios urgentes para enfrentar el “drama” que viven millones de colombianos, pero aseguró que las reformas no estarán guiadas por intereses ideológicos, sino por la búsqueda de eficiencia.

El hilo conductor de todos estos anuncios terminó siendo la autoridad. “Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, proclamó desde Cali.

Incluso al referirse a la Fuerza Pública dejó clara su intención de convertirse en un presidente cercano a militares y policías: “Conmigo como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, tendrán a un defensor de todas las horas”.

La revisión de la JEP, el homenaje a Miguel Uribe Turbay y la promesa de combatir sin tregua al narcoterrorismo completaron un discurso marcado por la idea de recuperar el control del Estado.

De La Espriella inicia así su mandato con una identidad política definida: un Estado fuerte frente al crimen, austero en el gasto y descentralizado en su administración.