Petro entrega el poder, pero el progresismo anuncia que seguirá en las calles

Por Redacción Acento

La imagen de Gustavo Petro abandonando la Casa de Nariño y la de sus seguidores movilizándose en las calles resume el nuevo escenario político colombiano.

Petro entrega el poder, pero el progresismo anuncia que seguirá en las calles

La salida de Gustavo Petro de la Casa de Nariño no solo marcó este 7 de agosto el cierre formal de su Presidencia. También abrió, de manera inmediata, una nueva etapa para el proyecto político que durante cuatro años estuvo al frente del Gobierno y que ahora deberá ejercer su influencia desde la oposición.

Antes de abandonar la sede presidencial, Petro aprovechó sus últimas palabras como jefe de Estado para responder a uno de los señalamientos que acompañó buena parte de su mandato: la posibilidad de que intentara permanecer en el poder.

“Dijeron que me quedaría en este edificio. Y no, aquí cumplo, lo dije desde un principio, el mandato popular se respeta”, afirmó, antes de recordar los votos que obtuvo en 2022: “hasta aquí llega, los 11 millones y medio que decidieron votar por mí como mayoría nacional”.

El mensaje tuvo un evidente tono de cierre, pero también de reivindicación. Petro insistió en que durante su administración no intentó cerrar el Congreso, otra de las advertencias que sus opositores formularon durante estos cuatro años. “Dijeron que iba a cerrar el Congreso de la República. Ni un día”, sostuvo.

Acompañado por sus hijos Antonela Petro Alcocer y Nicolás Alcocer y por algunos integrantes de su gabinete, el mandatario recibió los últimos honores de la Guardia Presidencial antes de abandonar la Casa de Nariño. “Todo lo que hicimos aquí fue en función del pueblo, en función de la nación”, afirmó.

Su despedida terminó con una frase que resume el tono con el que el expresidente pretende cerrar este capítulo: “Espero que nos recuerden. Hasta siempre, libertad y vida”.

Pero mientras Petro dejaba la Casa de Nariño, su partido comenzaba a ocupar el espacio político que deberá disputar durante los próximos cuatro años. Frente al Capitolio Nacional, integrantes del Pacto Histórico presentaron la declaración política ‘El pueblo es oposición’, con la que fijaron su posición frente al Gobierno de Abelardo de la Espriella.

El mensaje fue reforzado por Iván Cepeda desde Barranquilla. El senador aseguró que el progresismo no considera terminado su proyecto político con la salida de Petro y advirtió que buscará defender las reformas y políticas impulsadas durante el último cuatrienio.

“Nada de lo alcanzado, que se escuche bien, dejaremos que se pierda”, afirmó.

Cepeda definió el cierre del gobierno Petro como el final de una “primera fase” de las transformaciones promovidas por el progresismo. La expresión deja planteado uno de los principales desafíos de este sector: pasar de haber gobernado a convertirse en una oposición capaz de mantener movilizada a su base electoral y, al mismo tiempo, defender su agenda dentro de las instituciones.

Para ello, anunció la creación de un denominado “gabinete por la vida”, integrado por actuales ministros y ministras, que tendrá como propósito hacer seguimiento a las decisiones del nuevo Ejecutivo y controvertirlas políticamente.

“Nos permitirá controvertir con sólidos argumentos las políticas del Gobierno de De La Espriella. No responderemos al odio con odio, ni al autoritarismo con violencia”, aseguró Cepeda.

La oposición anunciada tendrá, sin embargo, dos escenarios. Uno estará en el Congreso, donde el Pacto Histórico deberá defender su representación y tratar de frenar o modificar las iniciativas del nuevo Gobierno. El otro estará en las calles, donde el progresismo ya mostró que pretende mantener capacidad de movilización.

Cepeda lo dejó claro: “Nos movilizaremos, pero si también se ofrece, estaremos dispuestos al diálogo y al acuerdo nacional”.

Esa combinación de movilización y diálogo puede convertirse en la estrategia central del progresismo. No se trata únicamente de rechazar al nuevo Gobierno, sino de conservar una identidad política propia y mantener vigente la agenda que Petro convirtió en bandera durante su administración.

Cali fue una muestra de ello. En Puerto Resistencia, uno de los principales símbolos de las movilizaciones sociales de los últimos años, organizaciones, colectivos y seguidores del Pacto Histórico se concentraron para protestar contra el Gobierno entrante.

El lugar volvió a funcionar como escenario de resistencia política. Allí participaron dirigentes como Aída Quilcué y el representante Alfredo Mondragón, mientras colectivos sociales reivindicaron las luchas de sectores históricamente marginados.

Incluso acciones simbólicas, como el uso del labial rojo promovido por el Movimiento Social de Mujeres, buscaron convertir la protesta en una expresión de identidad y resistencia. “Un labial rojo puede significar que estamos gritando sin gritar”, explicó Nancy Faride Arias.

La imagen de Petro abandonando la Casa de Nariño y la de sus seguidores movilizándose en las calles resume el nuevo escenario político colombiano. El poder cambió de manos, pero la disputa política no terminó.