El primer movimiento del Presidente no fue casual: un Consejo de Seguridad dedicado al suroccidente del país.
Apenas horas después de asumir la Presidencia, Abelardo de la Espriella comenzó a convertir en decisiones concretas algunas de las principales promesas que marcaron su campaña. Su primer movimiento no fue casual: un Consejo de Seguridad dedicado al suroccidente del país, una de las regiones más golpeadas por el narcotráfico y la presencia de estructuras armadas, se convirtió en el primer escenario para medir el tono del nuevo Gobierno.
Hasta la madrugada del sábado, el mandatario escuchó a los gobernadores del Valle del Cauca, Cauca y Nariño y a los alcaldes de las principales ciudades de la región, los cuales expusieron los problemas de seguridad, los puntos estratégicos que requieren intervención y las respuestas que esperan de la Nación.
El encuentro tuvo un significado particular. Durante su discurso de posesión, De La Espriella había anunciado una política de confrontación directa contra las organizaciones criminales y había cerrado la puerta a nuevas negociaciones con grupos armados ilegales. Su primer Consejo de Seguridad llevó ese discurso del escenario político a una región donde confluyen narcotráfico, cultivos ilícitos, minería ilegal y presencia de grupos armados.
El alcalde de Cali, Alejandro Éder, resumió la posición de los mandatarios regionales: “Nuestra región habló con una sola voz: necesitamos más seguridad, más presencia del Estado y resultados. Desde Cali estamos listos para trabajar de la mano del nuevo Gobierno”.
La gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, también dejó abierta la posibilidad de acompañar una de las medidas anunciadas por el nuevo presidente: la aspersión aérea de cultivos ilícitos. Sin embargo, planteó que esta estrategia debe estar acompañada de alternativas económicas para las comunidades.
Ese punto puede convertirse en una de las primeras discusiones de la nueva política antidrogas. De La Espriella anunció durante su posesión el fin de la política de sustitución de cultivos tal como se venía desarrollando y aseguró que “la coca dará paso al coco, al cacao, al café, al maíz, a la palma”. La propuesta plantea combinar una ofensiva contra los cultivos ilícitos con una apuesta productiva en los territorios.
Pero la seguridad no fue la única señal de las primeras horas del nuevo Gobierno. De La Espriella también avanzó en la conformación de su equipo de ministros, con el que pretende comenzar a ejecutar su programa desde el primer día. El gabinete incluye a Rodrigo Lara en Interior, Miguel Gómez en Hacienda, Ómar Bula en Cancillería, Jorge Eduardo Mora en Defensa, Iván Cancino en Justicia y Ana María Vesga en Salud, entre otros.

La conformación del gabinete permite identificar algunas de las prioridades inmediatas: seguridad, manejo de las finanzas públicas, relaciones internacionales, salud y reactivación económica. Más que un equipo destinado únicamente a administrar, el nuevo Gobierno pretende presentarlo como el instrumento para materializar el cambio prometido durante la campaña.
En el frente económico, una de las primeras decisiones anunciadas fue la eliminación del impuesto al patrimonio. “El impuesto al patrimonio será eliminado. Debemos dejar de castigar a quienes invierten y generan riqueza en nuestra patria”, afirmó De La Espriella.
La medida marca una diferencia clara con la política tributaria del gobierno anterior y revela una apuesta por estimular la inversión privada. El presidente anunció además una reforma tributaria orientada, según dijo, a simplificar el sistema y no a crear nuevos impuestos.
“La prosperidad no nace de gravar el éxito, sino de crear condiciones para que miles de colombianos puedan emprender, trabajar y progresar”, sostuvo.
A esto se suma su intención de eliminar barreras arancelarias que, a su juicio, afectan la llegada de productos colombianos a los mercados internacionales. El mensaje económico del nuevo Gobierno queda así ligado a tres conceptos: menor carga tributaria, estímulo a la inversión y apertura de mercados.
Otra señal relevante estará en la relación entre el Ejecutivo y el Congreso. De La Espriella prometió que no tolerará actos de corrupción y aseguró que la interlocución con los congresistas será pública y transparente. “No habrá negociaciones individuales de ningún tipo con los congresistas”, afirmó.
La promesa puede convertirse en una de las principales pruebas políticas de su administración. El Gobierno necesitará al Congreso para sacar adelante sus reformas, pero al mismo tiempo ha anunciado que pretende cambiar las prácticas tradicionales de negociación política.
En apenas unas horas, De La Espriella pasó del discurso de posesión a las primeras decisiones: puso la seguridad del suroccidente en el centro de su agenda, posesionó a su gabinete, anunció cambios tributarios y fijó las reglas para su relación con el Legislativo.