El comienzo de la Patria Milagro

Por Cristian Verbel

Colombia no solo cambió de gobierno el 7 de agosto. Cambió de premisa. Durante cuatro años el país se acostumbró a administrar su decadencia. Desde ayer gobiern

 El comienzo de la Patria Milagro

Colombia no solo cambió de gobierno el 7 de agosto. Cambió de premisa. Durante cuatro años el país se acostumbró a administrar su decadencia. Desde ayer gobierna una tesis contraria: que la grandeza es alcanzable y que el único límite real ha sido mental.

Abelardo De La Espriella asumió en Cali, en la primera transmisión de mando fuera de Bogotá en más de un siglo, y pronunció su primer discurso ante la Fuerza Pública en el Cantón Militar Pichincha. La escenografía no fue capricho. Fue argumento: el orden es la condición previa de todo lo demás.

En Acento lo dijimos cuando casi nadie lo creía. Lo recibimos cuando apenas recogía firmas y ningún analista lo consideraba opcionado al Solio de Bolívar. Veníamos de acompañar a Miguel Uribe Turbay y de orar por su vida. Su asesinato nos dejó un dolor de patria y una certeza compartida. Dieciocho meses después, el hombre que se posesionó dijo lo mismo que decía entonces. Sin modas ni afanes de encajar. Esa constancia tiene nombre y es, en la política colombiana, un activo escaso.

El programa anunciado es exigente y, sobre todo, verificable. Congelamiento del gasto por decreto. Reforma tributaria estructural y eliminación del impuesto al patrimonio. Recuperación de Ecopetrol, cuya utilidad cayó a 9,02 billones de pesos en 2025, la más baja desde 2021. Fracking bajo estándares técnicos y generación térmica reforzada frente al riesgo de racionamiento. Fin de la paz total, listado oficial de grupos narcoterroristas, erradicación de cultivos ilícitos y megacárceles. Revisión rigurosa de la JEP dentro del orden jurídico vigente. Un gabinete de dieciocho ministros: nueve mujeres, nueve hombres. Y dos compromisos que pesan tanto como los anteriores: ninguna constituyente y cuatro años exactos.

Hay una idea que ordena el conjunto y que compartimos. La Patria Milagro no propone un Estado ausente, sino un Estado austero en su burocracia y enorme en lo social. Un Estado que reconoce un solo mérito: el mérito. Los NUNCA de los que habla el presidente son los que nunca tuvieron apellido, contactos ni herencia. Las trescientas mil hojas de vida del Banco de Talentos son la evidencia de un país que solo esperaba una puerta abierta.

Creemos en esas tesis. Creemos en Dios, en la familia, en las libertades grandes y en la justicia social que solo el crecimiento sostiene. Acompañamos esta visión desde su origen y lo decimos sin eufemismos: la afinidad editorial se declara, no se disimula.

Declararla obliga más, no menos. Un medio que respalda una visión responde por ella ante sus lectores. Acento medirá a este gobierno con los indicadores que él mismo fijó: homicidios y extorsión, hectáreas erradicadas, déficit fiscal y calificación de riesgo, reservas de gas y margen de generación eléctrica, ejecución de obras y transparencia en la contratación. Ni un aplauso sin dato. Ni una crítica sin evidencia.

Gobernar es más difícil que ganar. Vienen el Congreso, las cortes, los mercados y la aritmética fiscal. La extrema coherencia se probará ahí, no en la tribuna.

Dios bendiga a Colombia. Que el 7 de agosto de 2030 sean los hechos, y no los discursos, los que digan si el milagro fue posible.