Colombia entra al segundo semestre con el peor pronóstico climático en décadas y con el sistema energético más débil que ha tenido en veinte años. Las dos cosas
Colombia entra al segundo semestre con el peor pronóstico climático en décadas y con el sistema energético más débil que ha tenido en veinte años. Las dos cosas coinciden en el tiempo. Solo una de ellas fue una decisión.
El Ideam confirmó que las condiciones de El Niño ya están presentes, con más del 95% de probabilidad de fortalecimiento y un 63% de que alcance intensidad "muy fuerte" entre noviembre y enero. Sería uno de los eventos de mayor magnitud registrados desde 1950.
Lo que sigue no es un misterio: menos lluvia, más calor, ríos por debajo de su caudal, incendios forestales, municipios racionando agua, ganadería y agricultura golpeadas. Y detrás de todo eso, un sistema eléctrico que responde a la sequía pidiendo gas.
Ese gas hoy no existe en cantidad suficiente porque este Gobierno decidió que no debía existir. Las reservas probadas cayeron 54,6% entre 2018 y 2025 y alcanzan para 5,9 años, el nivel más bajo en dos décadas. El Presidente lo dijo con todas sus letras: se resistió a firmar nuevos contratos de exploración. Cumplió. El resultado es un país que perdió la autosuficiencia en diciembre de 2024 y que en julio importó el 33% del gas que consumió cada día.
Lo demás también fue decisión. De 4.475 megavatios previstos para 2026, entraron 331. Cuarenta y dos proyectos de transmisión acumulan retrasos del 60%. Hay 167 iniciativas represadas en trámites que tardan hasta ocho años. Ningún fenómeno climático redactó esos expedientes. Lo hizo el Estado.
Y cuando el sector advirtió, el Gobierno respondió con desprecio. En mayo el Presidente calificó de "alta traición" que la subasta adjudicara respaldo térmico. En julio, el Ministerio del Trabajo terminó pidiéndole a cinco departamentos del Caribe que no fueran a la oficina para bajar el consumo. Del insulto a la súplica, en sesenta días.
Que quede el registro. Si Colombia se queda sin luz este verano, no será porque el Pacífico se calentó. Será porque durante cuatro años se gobernó contra la evidencia técnica, se confundió convicción con planeación y se llamó traidores a quienes advertían. Fedesarrollo ya calculó el precio: 1,5 puntos de crecimiento y 230.000 empleos.
El 7 de agosto llega un nuevo gobierno. Recibirá la sequía, el calor, los incendios y la factura. La firma que aparece al pie de esa factura no será la suya.