El fenómeno climático podría elevar los precios y prolongar las tasas altas, mientras el dólar depende de factores externos y flujos financieros cambiantes.
La economía colombiana entra al segundo semestre de 2026 con una inflación que vuelve a ganar fuerza, tasas de interés elevadas y un dólar en descenso. El panorama podría cambiar si El Niño aumenta los precios de alimentos y energía.
Itaú proyecta que la inflación cerraría 2026 cerca de 7,5%, muy por encima de la meta del 3 % del Banco de la República. El dato anticipa un ajuste monetario más lento y condiciones financieras restrictivas.
La entidad estima que la inflación anual podría alcanzar 6,27% en julio. El aumento estaría relacionado con presiones internas, una demanda todavía dinámica y riesgos climáticos que podrían afectar la oferta de alimentos durante los próximos meses.
El principal cambio en el escenario es la llegada de El Niño. El fenómeno puede reducir las lluvias, afectar cultivos y elevar los costos de producción y transporte, trasladando las condiciones climáticas al precio de los alimentos.
La presión también puede llegar por la energía. Menores niveles en los embalses aumentarían la necesidad de generación térmica, con costos más altos. El efecto dependerá de la intensidad del fenómeno y de la capacidad del sistema.
El riesgo aparece cuando la inflación todavía no regresa a la meta. Colombia mantiene la mayor variación de precios de América Latina, según el análisis de Itaú, mientras el proceso regional de desinflación muestra señales de estancamiento.
El fenómeno climático podría prolongar las presiones sobre los precios durante 2027. Si los hogares y las empresas ajustan sus expectativas, el aumento podría extenderse a salarios, contratos y servicios, dificultando el retorno a la meta.

Tasas altas por más tiempo
El Banco de la República enfrenta un margen reducido para bajar las tasas. Una reducción acelerada podría impulsar la demanda y aumentar las presiones inflacionarias, mientras mantenerlas elevadas prolongaría el costo del crédito para hogares y empresas.
Las proyecciones recogidas por Itaú muestran una tasa de interés cercana al 12,8% al cierre de 2026. El mercado espera que los recortes continúen durante 2027, pero a un ritmo condicionado por la inflación.
Las tasas altas encarecen los préstamos de consumo, vivienda y empresas. También limitan la inversión privada, aunque ofrecen rendimientos atractivos para los inversionistas y ayudan a sostener la entrada de capital hacia activos colombianos.
Ese diferencial de tasas explica parte de la fortaleza reciente del peso. Los inversionistas buscan rendimientos en Colombia mediante operaciones de carry trade, que aprovechan las diferencias entre las tasas locales y las vigentes en Estados Unidos.
Sin embargo, el informe advierte que la caída del dólar tiene fundamentos limitados. La apreciación del peso depende de condiciones financieras favorables y puede revertirse si aumenta la aversión al riesgo o cambian las expectativas internacionales.
Un dólar sensible
El dólar podría mantener una tendencia bajista en el corto plazo, pero la perspectiva es vulnerable. La baja inversión extranjera directa limita la entrada estable de divisas y aumenta la dependencia de capitales financieros.
La cuenta corriente mostró una mejora durante el primer trimestre. Un déficit comercial menor, transferencias equivalentes al 3,2% del PIB y un ligero superávit en servicios ayudaron a reducir el desequilibrio externo colombiano.
El petróleo continúa como una variable decisiva. Un aumento del crudo mejora los ingresos por exportaciones y favorece al peso, mientras una caída reduce la oferta de dólares y puede aumentar las presiones sobre la tasa.
La volatilidad del Brent sigue elevada por las tensiones geopolíticas y los riesgos sobre el transporte energético. El mercado observa el estrecho de Ormuz, donde una interrupción prolongada podría alterar el suministro y elevar los precios.
Un petróleo más caro puede fortalecer inicialmente las cuentas externas colombianas. Pero también puede elevar la inflación mundial y retrasar los recortes de tasas en Estados Unidos, generando un efecto contrario sobre las monedas emergentes.
Los datos estadounidenses completan el escenario. La inflación anual de junio bajó a 2,6%, desde 2,9%, pero la actividad económica y el empleo continúan resistentes, manteniendo abierta la posibilidad de tasas altas.
Si la Reserva Federal (FED) mantiene una política restrictiva, los activos estadounidenses podrían atraer capital y fortalecer el dólar. Si reduce las tasas, el peso colombiano conservaría apoyo, aunque dependería de sus propios riesgos económicos.
El escenario reúne fuerzas opuestas. El peso se beneficia de las tasas altas y del ingreso de capital, pero la inflación, El Niño, el petróleo y Estados Unidos pueden cambiar la tendencia. La estabilidad dependerá de cómo evolucionen esas variables.