En el Pérmico de Texas, un residuo petrolero impulsa una inversión de US$7.500 millones para centros de datos. Colombia genera 18 barriles de agua por crudo: ¿q
El activo más escaso de la economía de la inteligencia artificial no es el chip. Es el agua. Y quien primero entendió eso no fue un ingeniero de Silicon Valley, sino un financista que compró tuberías de desecho en el desierto de Texas.
David Capobianco tiene 57 años y cofundó Five Point, una firma de capital privado con US$9.000 millones bajo administración. Su tesis parte de un dato del Pérmico, la mayor cuenca petrolera de Estados Unidos: cada día produce 7 millones de barriles de crudo y 25 millones de barriles de agua, unos 1.000 millones de galones, el equivalente al consumo diario de toda Nueva York. Es agua en una región donde, por cientos de kilómetros, hay un solo río.
Esa agua no sirve para beber. Sale del mismo yacimiento que el crudo, cargada de sal, minerales y químicos. Durante décadas, los operadores pagaron por transportarla e inyectarla a kilómetros de profundidad. Era un costo, no un recurso.
La mecánica del negocio
Capobianco no compró petróleo. Compró la infraestructura del residuo. Sus compañías manejan hoy 6 millones de barriles de agua residual al día a través de más de 8.000 kilómetros de tuberías y más de 300 plantas de procesamiento y disposición en Texas y Nuevo México.
Fundó Five Point en 2012 con US$15 millones propios y levantó ocho compañías de portafolio: WaterBridge en el suroeste de la cuenca, San Mateo Midstream en Nuevo México y Deep Blue en el área de Midland.
El método fue de integración, no de construcción. En 2017 pagó US$175 millones a la petrolera Matador Resources para crear la sociedad San Mateo, que el año pasado generó US$290 millones de Ebitda.
En 2023, Deep Blue pagó US$675 millones a Diamondback Energy por el 70% de sus activos de agua. En 2021 creó LandBridge, dueña hoy de 320.000 acres en seis condados de Texas y Nuevo México.
“Es un producto de desecho, pero hay tantísimo”, dijo Capobianco a Forbes. “Compramos la opcionalidad que otros no veían”.

Esa opcionalidad se activó con la IA. Solo en Texas hay cerca de 400 centros de datos operando o proyectados, y el oeste del estado ofrece las otras dos cosas que necesitan: tierra barata y el gas natural más barato del mundo.
Five Point ya invirtió unos US$2.500 millones y proyecta hasta US$5.000 millones adicionales en cinco años. Creó PowerBridge, un brazo de generación eléctrica a gas con planes de US$1.000 millones, y enterró cientos de kilómetros de ductos para fibra óptica.
El mercado ya validó parte de la apuesta: LandBridge salió a la Bolsa de Nueva York en 2024 y hoy vale unos US$6.000 millones; WaterBridge levantó US$650 millones en septiembre de 2025.
La señal de demanda llegó en junio, cuando Microsoft firmó un contrato a 20 años con Chevron para construir un centro de datos en el Pérmico alimentado con gas de la petrolera.
Lo que esto significa para Colombia
El obstáculo técnico no es menor. El agua de producción suele ser más salina que el mar, y desalinizarla a escala comercial todavía no tiene costos probados. Nadie ha demostrado el modelo completo.
Pero la lógica económica sí es transferible. Ecopetrol reporta que, en promedio, por cada barril de crudo equivalente extraído se generan cerca de 18 barriles de agua de producción, y que en 2025 reinyectó 443,9 millones de metros cúbicos, el 84% del total producido. Colombia trata ese volumen como pasivo ambiental y costo operativo. Nadie lo ha valorado como insumo de infraestructura digital.
La diferencia entre Texas y el Meta no es geológica. Es regulatoria, tarifaria y de visión de portafolio.
La lectura de Acento
La historia de Capobianco no es una historia de petróleo ni de agua. Es una historia sobre cómo se redefine un activo. Durante veinte años, la industria pagó por deshacerse de un residuo; bastó un cambio en la demanda tecnológica para que ese residuo se volviera la barrera de entrada más difícil de replicar.
Colombia discute su transición energética en términos de qué dejar de extraer. La conversación que no está ocurriendo es qué hacer con lo que ya se extrae. Mientras el país debate contratos de exploración, otros están convirtiendo el subproducto de la extracción en la infraestructura del siguiente ciclo económico.
El criterio, aquí, no es ambiental ni ideológico. Es de contabilidad estratégica: los pasivos de hoy son, con frecuencia, los activos de la década siguiente.