Créditos de carbono abren una nueva ruta de inversión en la Amazonía

Por Redacción Acento

La reforestación y los mercados ambientales buscan atraer capital para conservar el bosque y generar ingresos en comunidades que reciben pocos beneficios por pr

Créditos de carbono abren una nueva ruta de inversión en la Amazonía

La Amazonía produce beneficios climáticos para el planeta, pero una parte limitada de ese valor regresa a sus territorios. La brecha entre conservación y desarrollo impulsó una propuesta para conectar la reforestación con los mercados de créditos de carbono.

Esta iniciativa fue presentada durante la cuarta Cumbre Concordia I+D Amazon Initiative, en Leticia. El encuentro reunió a líderes internacionales, comunidades indígenas, empresarios, académicos y organismos multilaterales para explorar mecanismos de inversión vinculados con la conservación y la bioeconomía.

El expresidente Iván Duque planteó que la región necesita proyectos capaces de atraer recursos privados y climáticos. Su apuesta busca usar la restauración de áreas degradadas como base para generar créditos de carbono y movilizar capital hacia la Amazonía.

El planteamiento parte de una paradoja económica. La cuenca amazónica alberga cerca del 10% de la biodiversidad mundial y almacena entre 250 y 300 billones de toneladas de carbono, pero sus comunidades enfrentan déficits de inversión y oportunidades.

El informe La Paradoja Amazónica, elaborado por Innovación para el Desarrollo, sostiene que los recursos destinados a la acción climática no llegan de forma suficiente a la región. El desafío consiste en conectar proyectos locales con capital disponible internacionalmente.

Duque entregó el documento al ministro de Ambiente designado, Fabio Arjona, durante la cumbre. Según el expresidente, los créditos de carbono y los futuros mercados de biodiversidad pueden ayudar a cerrar la distancia entre financiación climática y conservación territorial.

Un crédito de carbono representa, en términos generales, una tonelada de dióxido de carbono reducida, evitada o capturada. Los proyectos deben demostrar resultados medibles y verificables para que empresas o inversionistas puedan adquirir esos activos ambientales.

La reforestación podría generar créditos cuando los nuevos bosques capturen carbono de la atmósfera. Los recursos obtenidos tendrían potencial para financiar restauración, empleo rural, monitoreo ambiental y actividades productivas compatibles con la protección del bosque.

Capital para restaurar

La propuesta busca que la conservación deje de depender solo de recursos públicos o cooperación internacional. La entrada de capital privado permitiría ampliar la financiación, aunque exige reglas claras para garantizar resultados ambientales y beneficios para las comunidades.

El informe señala que los países emergentes reciben apenas el 14% de los recursos climáticos que requieren. La limitación no sería únicamente la falta de dinero, sino la ausencia de mecanismos capaces de dirigirlo hacia proyectos amazónicos.

Para atraer inversión, los proyectos deben ofrecer información confiable sobre las áreas intervenidas, la cantidad de carbono capturada y la permanencia de los resultados. También requieren sistemas de monitoreo que reduzcan riesgos para compradores y financiadores.

La trazabilidad ocupa un lugar central en la propuesta. Los inversionistas necesitan conocer el destino de los recursos y verificar los resultados. Las comunidades, por su parte, requieren reglas que aseguren participación y una distribución transparente de los beneficios.

El informe recomienda fortalecer los sistemas de seguimiento, eliminar incentivos que promueven la deforestación y consolidar mercados de carbono de alta integridad. También plantea alinear las operaciones con el Artículo 6 del Acuerdo de París.

La coordinación regional aparece como otro componente. La Organización del Tratado de Cooperación Amazónica podría facilitar estándares comunes y proyectos compartidos entre países. Una escala regional permitiría atraer mayores recursos y reducir costos de estructuración y verificación.

El gran desafío 

La oportunidad financiera convive con una presión ambiental creciente. Entre el 14% y el 17% de los bosques amazónicos ya se han perdido. El informe advierte que el punto de no retorno podría ubicarse entre el 20% y el 25%.

Duque señaló que, durante los últimos cincuenta años, la Amazonía perdió una extensión equivalente a Francia y Alemania juntas. El riesgo es que el bioma deje de absorber emisiones y se convierta en una fuente neta de carbono.

La reforestación puede recuperar zonas degradadas, pero no reemplaza la protección del bosque existente. Los árboles jóvenes necesitan décadas para almacenar cantidades significativas de carbono, mientras la deforestación libera emisiones y reduce la capacidad ecológica de la región.

El reto será evitar que los créditos funcionen como una compensación sin resultados reales. La calidad de los proyectos dependerá de mediciones rigurosas, protección de los bosques restaurados y mecanismos que impidan contabilizar reducciones inexistentes o temporales.

La propuesta también busca ofrecer alternativas frente al narcotráfico, la minería ilegal, la ganadería ilegal y el tráfico de especies. La financiación climática podría apoyar actividades sostenibles, siempre que genere ingresos competitivos para las comunidades y fortalezca la presencia institucional.

La apuesta presentada en Leticia plantea convertir el carbono en un activo económico sin reducir la Amazonía a una mercancía. El resultado dependerá de proyectos confiables, inversión sostenida y beneficios locales que hagan viable conservar el bosque.