La atención atrapada en la zona de la máquina

Por Redacción Acento

Carlos Cortés examina cómo las redes sociales y los algoritmos moldean nuestros hábitos sin necesidad de grandes conspiraciones.

La atención atrapada en la zona de la máquina

Nuestra atención se convirtió en uno de los recursos más disputados de la economía digital. Mientras los latinoamericanos pasan entre siete y nueve horas diarias conectados a internet, plataformas y algoritmos aprenden a reconocer hábitos, anticipar intereses y orientar decisiones.

Esa es la premisa de La zona de la máquina, el nuevo ensayo del escritor y analista Carlos Cortés, publicado por Editorial Planeta. El libro explora la relación cotidiana entre personas, pantallas y sistemas digitales que compiten por capturar cada minuto disponible.

Las redes sociales, el streaming y las herramientas de inteligencia artificial ocupan buena parte del tiempo destinado a conversar, informarse, entretenerse o trabajar. En ese proceso, la tecnología no solo responde a las necesidades de los usuarios: también aprende a organizarlas.

Cortés evita el relato apocalíptico y se aleja de las teorías de conspiración. Su argumento se concentra en mecanismos cotidianos: diseños construidos sobre rutinas, recompensas inmediatas e incentivos que hacen cómoda la permanencia frente a una pantalla.

El ensayo plantea que muchas decisiones que parecen libres pueden estar condicionadas por entornos diseñados para orientar la atención. No hay villanos ocultos ni una máquina que controle cada movimiento. Hay hábitos repetidos y sistemas que aprenden a aprovecharlos.

El ajedrez funciona como telón de fondo para observar esa relación. Cada movimiento exige concentración, anticipación y capacidad para evaluar alternativas. En el mundo digital, la siguiente jugada suele aparecer sugerida antes de que el usuario formule una decisión.

La “zona” del título es ese espacio intermedio donde humanos y algoritmos conviven, colaboran y, en ocasiones, se confunden. Allí se construyen nuevas formas de relacionarse con la información, el entretenimiento, el trabajo y los demás.

El libro también examina las consecuencias del ruido digital sobre la conversación pública. La velocidad, la fragmentación y la búsqueda constante de estímulos pueden debilitar la capacidad de escuchar, sostener una idea o comprender posiciones diferentes.

Uno de los aportes más interesantes es que Cortés cuestiona la idea de que la crisis de atención sea un problema exclusivo del presente. Los seres humanos han enfrentado durante milenios distracciones creadas por ellos mismos y por las tecnologías de cada época.