Las regiones en el centro

Por Cristian Verbel

El poder ejecutivo colombiano dejará de tener una sola dirección postal. Es una noticia grande. También es, todavía, apenas un anuncio.

Las regiones en el centro

De La Espriella confirmó que no gobernará exclusivamente desde la Casa de Nariño y que tendrá sedes alternas en Barranquilla, Medellín y Cali, además de un acto legislativo para reconocer a Barranquilla como capital alterna del país. La primera sede funcionará en el Batallón Paraíso, en el norte de Barranquilla; la de Medellín, en el Palacio Rafael Uribe Uribe, ofrecido por la Gobernación de Antioquia. A eso se suma el traslado de la sede principal de ProColombia a Medellín.

El diagnóstico que hay detrás es correcto y viejo. Durante décadas, alcaldes y gobernadores han tenido que viajar a Bogotá a gestionar recursos que ya les pertenecen por ley, y a hacerlo a través de una cadena de intermediarios —congresistas, asesores, gestores— que cobran peaje político por acercar al mandatario regional a la ventanilla. Esa arquitectura no es un accidente cultural: es un incentivo. Mientras la firma esté en Bogotá, el poder de intermediar seguirá valiendo dinero y votos.

Por eso el anuncio se juzgará por lo que traslade, no por dónde despache el Presidente. Mover un escritorio no es descentralizar. Descentralizar es mover tres cosas: competencias, presupuesto y capacidad técnica para ejecutarlo. Un consejo de ministros en Barranquilla es una imagen; una entidad con ordenación del gasto radicada fuera de Bogotá es una decisión. ProColombia en Medellín es el primer caso verificable de la segunda categoría, y por eso es el que hay que seguir.

La ruta institucional también impone realismo. El artículo 322 de la Constitución establece que Bogotá es la capital, de modo que la reforma deberá superar ocho debates en dos vueltas entre Senado y Cámara. Un Congreso recién instalado, con presidencias que no fueron todas las preferidas del gobierno entrante, decidirá si esto es política de Estado o se queda en iniciativa. 

Queda una advertencia. El centralismo no se derrota abriendo sucursales del mismo modelo. Si la sede alterna reproduce en la costa o en Antioquia la lógica de antesala y favor que hoy opera en Bogotá, el país habrá cambiado de geografía sin cambiar de sistema.

La descentralización empieza a existir el día en que un alcalde no necesite un intermediario para tramitar lo que la ley ya le concedió. Esperamos que este gobierno lo logre.