Envejecer no frena el crecimiento, y Colombia debería tomar nota

Por Redacción Acento

Durante décadas, la advertencia fue la misma: una población que envejece y deja de reproducirse condena a su economía al estancamiento. Menos jóvenes, menos tra

Envejecer no frena el crecimiento, y Colombia debería tomar nota

El trabajo se titula Baby Busts and Growth Booms: Demographic Change and the Macroeconomy y fue publicado en julio de 2026 por la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER). 

Lo firman cuatro economistas, entre ellos Daron Acemoglu, ganador del Premio Nobel de Economía en 2024, CEPR y David Autor, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Su conclusión contradice al consenso. Las tasas de natalidad más bajas se asocian con un mayor crecimiento del PIB por adulto en edad de trabajar y con mayores aumentos salariales, sin impacto negativo sobre el PIB agregado ni sobre los ingresos totales. Dicho de otro modo: los países que envejecen más rápido no crecieron menos. En varios casos, crecieron más.

El mecanismo: escasez que empuja tecnología

La explicación que ofrecen los autores no es demográfica, sino tecnológica. Argumentan que estos patrones reflejan una respuesta endógena y ahorradora de trabajo por parte de la tecnología ante la escasez de trabajadores jóvenes.

Cuando la mano de obra joven abunda y es barata, la empresa tiene pocos incentivos para automatizar. Cuando esa oferta se reduce, los salarios suben y contratar se vuelve difícil, lo que presiona a invertir en equipos, automatización y tecnologías que ahorran trabajo.  

La evidencia acompaña la tesis. Los países y regiones con menor natalidad exhiben más patentes ahorradoras de trabajo y una creciente actividad de alta tecnología.

Las magnitudes son notables: una tasa de natalidad un punto porcentual más baja se asocia con un PIB por trabajador 22 puntos logarítmicos mayor veinte años después, y 29 puntos mayor a los cuarenta años.  

Conviene leer el hallazgo con cautela. El estudio mide el producto por persona en edad de trabajar, no bienestar agregado. No niega las consecuencias fiscales ni sociales del envejecimiento: pensiones, salud, cuidado. Su punto es más preciso. La demografía no reparte castigos automáticos; abre una presión que cada sociedad decide convertir en innovación o en crisis.

Por qué esto le importa a Colombia

El país entró de lleno en esa transición. La tasa de fecundidad pasó de 6,7 hijos por mujer en 1960 a cerca de 1,6 en 2024, por debajo del nivel de reemplazo. 

En 2024 se registraron 445.011 nacimientos, una caída de 13,7% frente a 2023 y un descenso acumulado de 32,7% desde 2015. Es una de las tasas de fecundidad más bajas de la región.

La lectura convencional trata este dato como una amenaza. El estudio de Acemoglu sugiere un matiz decisivo: la amenaza se vuelve oportunidad solo si el capital, la formación y la tecnología responden a tiempo. 

El envejecimiento puede acelerar la modernización, pero únicamente si Estado y empresas están dispuestos a invertir en productividad, educación y tecnología.  

Ahí está el desafío colombiano. La automatización que compensó la escasez de jóvenes en Japón, Alemania o Corea no surgió sola: la habilitaron décadas de inversión en manufactura avanzada, capital humano e infraestructura. Colombia enfrenta la misma presión demográfica sin ese colchón productivo consolidado.

El dato de la natalidad no es una sentencia; es una condición inicial. La pregunta que deja el estudio no es si Colombia envejecerá —eso ya ocurre—, sino si tendrá la política industrial, educativa y tecnológica para que menos trabajadores produzcan más. La demografía plantea el examen. La respuesta la escriben las decisiones de hoy.