CEO de JPMorgan alerta sobre los riesgos de liberar la IA Mythos de Anthropic

Por Redacción Acento

El CEO de JPMorgan advirtió sobre el modelo de Anthropic que ni su creador ni Washington quieren en manos abiertas. Detrás de la frase hay una disputa que redef

CEO de JPMorgan alerta sobre los riesgos de liberar la IA Mythos de Anthropic

El modelo de inteligencia artificial más capaz construido hasta ahora no está a la venta. Ese es el hecho. Su creador, Anthropic, decidió no ofrecerlo al público. El Gobierno de Estados Unidos llegó a prohibir su exportación. Y esta semana, el CEO del banco más grande de Estados Unidos lo describió en términos militares.

“Básicamente, con Mythos estás entregando misiles balísticos a particulares”, dijo Jamie Dimon durante la Cumbre de Defensa e Innovación de Pensilvania. Calificó el asunto de “problema real” y aseguró que el Gobierno estadounidense ya está encima del tema, para garantizar que el modelo pueda controlarse cuando se despliegue.

Mythos es la línea más potente de Anthropic. Su especialidad: detectar vulnerabilidades de software. La compañía reveló que esa capacidad es tan avanzada que decidió no ponerla a disposición del público general.

En su lugar creó Project Glasswing, un grupo cerrado de empresas y agencias que reciben acceso para corregir fallas en sus sistemas. Fable 5, presentado a comienzos de junio, es la versión con salvaguardas para acceso amplio; Mythos 5, la variante restringida con menos filtros, reservada a grupos verificados.

La tensión escaló en junio. El día 12, el Departamento de Comercio emitió una directiva que prohibió el acceso de ciudadanos no estadounidenses a ambos modelos —incluidos empleados extranjeros de las empresas y defensores cibernéticos de socios internacionales. 

La medida siguió a reportes de una técnica que burlaba las salvaguardas; el asesor de la Casa Blanca David Sacks afirmó que Anthropic se negó a corregir la falla, mientras la empresa disputó su gravedad y cuestionó la opacidad del proceso. 

El 30 de junio, Comercio levantó los controles, terminando un pulso de dos semanas. El acceso se restauró al día siguiente.

El episodio deja tres lecturas para quien toma decisiones.

Primera: la seguridad pesa más que la velocidad. Anthropic pidió regulación vinculante para la IA; Washington fue más lejos de lo esperado y usó una herramienta de guerra comercial —el control de exportaciones— contra un producto de software. Es un precedente.

Segunda: la geopolítica está adentro. El freno coincidió con el ascenso de modelos chinos de código abierto, casi tan capaces y más baratos; varios ejecutivos advirtieron que la restricción regalaba tiempo a esos competidores. Contener el riesgo y no ceder la carrera son objetivos en tensión.

Tercera: la ciberseguridad cambió de escala. Una IA capaz de descubrir y explotar vulnerabilidades en tiempo real y a bajo costo sirve tanto para defender como para atacar. Para un banco, una empresa de servicios o un Estado, el perímetro digital ya no depende solo de quién invierte más, sino de quién accede a las mejores herramientas.

La frase de Dimon incomoda porque mezcla dos mundos que iban por separado: la banca y la defensa. Pero describe el dilema del momento. La pregunta ya no es qué puede hacer la inteligencia artificial. Es quién debe poder usarla, y quién traza esa frontera. Colombia observa el debate desde afuera; sus consecuencias —en seguridad, mercados y soberanía tecnológica— no piden permiso para llegar.