Durante años, el indicador de salud de un negocio fue crecer: más sedes, más inventario, más deuda para expandir. Hoy el indicador es aguantar
El dato que define el ánimo empresarial de Colombia en 2026 no es el crecimiento. Es la contención. Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) dejaron de perseguir la expansión y pusieron la supervivencia en el centro de sus decisiones. No es pesimismo. Es aritmética.
La Encuesta de Desempeño Empresarial del cuarto trimestre de 2025, del Observatorio Nacional de la MiPyme que coordina Acopi Atlántico, ofrece la radiografía. Fue aplicada a 891 empresarios entre octubre y diciembre de 2025, con un nivel de confianza del 95% y un margen de error del 5%. La presentó Rosmery Quintero, directora ejecutiva del gremio en el Atlántico.
Los números explican el giro. En producción, apenas el 32% de los empresarios esperaba un aumento para el primer trimestre de 2026. El 35,9% anticipaba estabilidad y otro 32% preveía una caída. En ventas, el reparto es casi idéntico: 36,6% proyectaba incremento, 30,7% estabilidad y 32,7% reducción. Un tercio del segmento se prepara para vender menos. Con esa expectativa, ninguna empresa apuesta por abrir mercados. Apuesta por no cerrar.
Hay una causa próxima y una estructural. La próxima es el costo laboral: el salario mínimo subió 23% para 2026, un ajuste que presiona la nómina de las empresas que más empleo formal generan. La estructural es la liquidez.
El problema, según el gremio, no es siempre vender. Es tener caja el día que llegan la prima, la nómina, los proveedores y los impuestos. Muchas firmas facturan bien y, aun así, no tienen efectivo cuando la obligación vence. El desfase entre lo que se cobra y lo que se paga se volvió el verdadero cuello de botella.

El telón de fondo es un tejido empresarial numeroso y frágil. Colombia tiene cerca de 1,17 millones de empresas activas: el 94,3% son microempresas. Solo el 32% sobrevive después de cinco años. Las mipymes concentran el 99,7% del tejido empresarial y generan más del 80% del empleo formal, según Acopi.
La creación de empresas no falta: Confecámaras reporta unas 297.500 nuevas unidades en 2024 y otras 173.907 en el primer semestre de 2025. Lo que falta es permanencia. Nacen muchas. Duran pocas.
Ese es el desplazamiento de fondo. Durante años, el indicador de salud de un negocio fue crecer: más sedes, más inventario, más deuda para expandir. Hoy el indicador es aguantar.
La prioridad se movió del financiamiento para ampliar operaciones al capital de trabajo para sostener la operación diaria. Es una decisión defensiva, y también racional.
Conviene, sin embargo, no leer un solo termómetro. Un sondeo del Índice de Confianza Empresarial de Vistage Colombia, sobre un grupo más reducido de empresas, mostró que el 72,8% esperaba aumentar sus ventas en los doce meses siguientes, frente a un 7,4% que anticipaba caída.
La cautela de la mayoría convive con el optimismo de un grupo que sí encuentra rutas para crecer. La diferencia no está en el entorno. Está en la gestión de la caja.
Acopi ya trasladó su diagnóstico al terreno político. El gremio le pidió al gobierno de Abelardo De La Espriella una agenda para el período 2026-2030 con reforma tributaria diferencial, acceso al crédito, simplificación regulatoria, seguridad empresarial y fortalecimiento de mercados regionales.
La tesis del sector es explícita: medir el éxito por las empresas que permanecen, no por las que nacen.
Cuando el 80% del empleo formal depende de negocios que hoy priorizan resistir, la supervivencia de las mipymes deja de ser un asunto gremial. Es una variable macroeconómica.