Retratos de Petro y Francia Márquez, una contratación de $120 millones que genera polémica

Por Redacción Acento

La contratación contempla una inversión de $75 millones para el retrato presidencial y de $45,5 millones para el de la vicepresidenta.

Retratos de Petro y Francia Márquez, una contratación de $120 millones que genera polémica

A pocos menos de un mes de concluir el mandato del presidente Gustavo Petro, el Gobierno nacional abrió un proceso contractual que, aunque responde a una tradición institucional, ha desatado un intenso debate político y ciudadano. El Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre) adjudicó por $120,5 millones la elaboración de los retratos oficiales del presidente Gustavo Petro y de la vicepresidenta Francia Márquez, obras que pasarán a integrar las galerías históricas de la Casa de Nariño y de la Vicepresidencia.

La contratación contempla una inversión de $75 millones para el retrato presidencial y de $45,5 millones para el de la vicepresidenta. Según los documentos publicados en el Sistema Electrónico para la Contratación Pública (Secop), el artista Luis Jaime Rojas Rodríguez fue seleccionado para pintar el óleo de Petro, mientras que Ada Ruth Margarita Ariza Aguilar realizará el de Márquez. Ambos contratos fueron adjudicados mediante contratación directa por tratarse de servicios artísticos. 

Aunque la elaboración de estos retratos hace parte del protocolo que ha acompañado históricamente el cierre de cada administración presidencial, el momento elegido para formalizar los contratos y el monto destinado a las obras han puesto nuevamente bajo la lupa el manejo de los recursos públicos en el tramo final del Gobierno.

Las pinturas no son un elemento nuevo en la institucionalidad colombiana. Cada presidente y vicepresidente tiene un retrato oficial que permanece exhibido como parte del patrimonio histórico del Estado. Su objetivo es conservar un registro visual de quienes han ocupado los más altos cargos del Ejecutivo, más allá de las diferencias políticas de cada administración. 

Sin embargo, el contexto cambia la lectura del gasto. Colombia atraviesa un escenario de estrechez fiscal, mientras el gobierno saliente enfrenta cuestionamientos por el estado de las finanzas públicas y deja una agenda marcada por debates sobre la ejecución presupuestal. En ese panorama, una contratación superior a los $120 millones para obras conmemorativas resulta difícil de desligar de la discusión sobre las prioridades del Estado.

Las críticas surgieron rápidamente desde sectores de oposición, que consideran inconveniente realizar este tipo de inversiones cuando existen demandas sociales más urgentes. Para ellos, el costo de los retratos alimenta la percepción de desconexión entre el Gobierno y las preocupaciones económicas de buena parte del país.

Del otro lado, también existen argumentos que invitan a poner la cifra en perspectiva. Defensores del proceso recuerdan que se trata de obras de arte originales, elaboradas por artistas profesionales y destinadas a permanecer durante décadas como parte del patrimonio de la Nación. En ese sentido, sostienen que no puede compararse su valor con el de un retrato convencional o una fotografía institucional.

La discusión, entonces, trasciende el precio de los lienzos. En realidad, expone una tensión recurrente entre el valor simbólico de las instituciones y la exigencia de austeridad en el uso de los recursos públicos. En tiempos de estabilidad económica, este tipo de contrataciones suelen pasar inadvertidas. Pero cuando el país enfrenta restricciones presupuestales y un cambio de gobierno cargado de expectativas, incluso los gastos protocolarios terminan convertidos en un asunto político.

El episodio también refleja cómo las decisiones administrativas de los gobiernos salientes son observadas con mayor severidad durante los procesos de transición. Cada contratación, nombramiento o compromiso presupuestal adquiere un significado adicional porque puede interpretarse como el último sello de una administración que está por cerrar su ciclo.

Mientras el presidente electo, Abelardo de la Espriella, prepara su llegada a la Casa de Nariño, los retratos de Petro y Márquez quedarán como parte del legado visual de un gobierno que transformó el panorama político colombiano y que concluye en medio de una fuerte polarización. Más allá de la controversia por su costo, las pinturas terminarán ocupando el mismo espacio que las de sus antecesores, recordando que la historia institucional del país también se construye a través de sus símbolos.