Después de los terremotos, las familias de La Guaira se niegan a abandonar la búsqueda de sus desaparecidos

Por Redacción Acento

Con el paso de las semanas las autoridades han incrementado los trabajos de recuperación de las víctimas, pero el sentimiento de abandono persiste entre muchos

Después de los terremotos, las familias de La Guaira se niegan a abandonar la búsqueda de sus desaparecidos

Ha transcurrido un poco más de dos semanas desde que el doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudió el norte de Venezuela, pero para cientos de familias el tiempo parece haberse detenido. Mientras las labores oficiales de rescate dieron paso a la recuperación de cuerpos y al inicio de la reconstrucción, muchos habitantes de La Guaira continúan junto a los edificios colapsados con la esperanza de encontrar a sus seres queridos.

La tragedia dejó miles de muertos, heridos y desaparecidos, además de decenas de edificaciones reducidas a montañas de concreto. Sin embargo, en sectores como Caraballeda, Catia La Mar y Tanaguarena, la emergencia ya no solo se mide por las cifras oficiales, sino por la persistencia de quienes se resisten a aceptar que la búsqueda haya terminado.

En el urbanismo OPP27 de la Gran Misión Vivienda Venezuela, en Caraballeda, Daviela Rivero sigue esperando noticias de su madre, de su hermano adolescente y de otros familiares que quedaron atrapados cuando colapsó la torre donde vivían. Días después del desastre, su hermano alcanzó a comunicarse por teléfono para decir que seguía con vida y pedir ayuda, pero la llamada se perdió cuando el celular quedó sin batería. Desde entonces, la familia permanece frente a los escombros.

Historias similares se repiten en distintos puntos de la costa venezolana. Jimmy Requena continúa buscando a su madre bajo las ruinas de otro complejo residencial y denuncia que, durante los primeros días, la remoción de escombros dependió principalmente del esfuerzo de familiares, vecinos y voluntarios, debido a la demora en la llegada de maquinaria pesada.

Aunque con el paso de las semanas las autoridades han incrementado los trabajos de recuperación e identificación de víctimas, el sentimiento de abandono persiste entre muchos afectados. La lentitud de las labores alimentó la frustración de familias que consideran que las primeras horas, decisivas para encontrar sobrevivientes, se perdieron entre la falta de coordinación y la insuficiente capacidad de respuesta estatal. 

El drama no termina para quienes lograron sobrevivir. En varios sectores de La Guaira, numerosas familias continúan viviendo en carpas improvisadas frente a edificios agrietados o parcialmente destruidos. Algunos rechazan trasladarse a los refugios habilitados por el Gobierno porque consideran que las condiciones no garantizan seguridad, privacidad ni estabilidad para permanecer durante semanas o meses.

Al mismo tiempo, decenas de personas arriesgan su integridad para ingresar a edificaciones con daños estructurales e intentar recuperar neveras, colchones, muebles y otros bienes que representan el patrimonio de toda una vida. Para muchos, perder esos enseres significaría empezar desde cero en un país que ya enfrentaba una prolongada crisis económica antes de la catástrofe. 

La tragedia también ha dejado al descubierto las profundas limitaciones institucionales para atender un desastre de esta magnitud. Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que la emergencia evidenció problemas de planificación urbana, deterioro de la infraestructura pública y debilidades en los sistemas de gestión del riesgo, factores que complicaron la respuesta durante los primeros días posteriores al sismo. 

Mientras tanto, continúa el proceso de identificación de víctimas. Los cuerpos que no han podido ser reconocidos son trasladados al cementerio La Esperanza, donde son sepultados con registros forenses que permitan su futura identificación por parte de sus familiares. La escena resume la dimensión humana del desastre: cientos de personas siguen esperando una llamada, una prueba genética o la recuperación de un cuerpo que les permita cerrar el duelo. 

A casi un mes de los terremotos, la emergencia en Venezuela ha dejado de concentrarse únicamente en la búsqueda de sobrevivientes para convertirse en un desafío de reconstrucción física, social e institucional. Pero entre quienes permanecen cada día frente a las montañas de concreto, el tiempo sigue marcado por una sola esperanza: encontrar a los suyos y darles una despedida digna.