El fantasma de la máquina, ¿perderemos el empleo ante la IA?

Por Redacción Acento

El auge tecnológico despierta temores de desempleo masivo, desafiando las lecciones de la historia económica y exigiendo respuestas estatales urgentes.

El fantasma de la máquina, ¿perderemos el empleo ante la IA?

El lanzamiento de ChatGPT en 2022 desencadenó el auge de la inteligencia artificial y provocó un coro de advertencias por parte de los líderes del sector sobre una inminente crisis laboral. El mensaje pesimista ya ha calado hondo en la sociedad.

Según analiza el artículo "Apocalipsis del empleo", publicado a mediados de mayo por The Economist, siete de cada diez estadounidenses creen que la IA dificultará la búsqueda de empleo; casi un tercio teme por su propio puesto de trabajo.

El pasado ofrece cierto consuelo a los preocupados. Los mercados laborales cambian constantemente. Las oficinas de hoy serían irreconocibles para un trabajador de hace 50 años. Nunca en la historia moderna el progreso tecnológico ha perjudicado la demanda de mano de obra.

Los historiadores económicos ahora restan importancia a la magnitud de la «pausa de Engels», el período durante la Revolución Industrial en el que los salarios de la clase trabajadora crecieron más lentamente que el resto de la economía general.

Sin embargo, la historia no siempre es una buena guía para el futuro, como demostró la propia Revolución Industrial. Los modelos de IA más avanzados son impresionantes. Pueden abordar tareas de codificación mucho más complejas de lo previsto.

El número de agentes de IA se ha disparado. El gasto empresarial en IA ha aumentado drásticamente. Se prevé que los ingresos de Anthropic, fabricante de modelos de gran éxito, alcancen los 50.000 millones de dólares a finales de junio.

Un timón político frente a la automatización

Todavía no hay indicios en los datos del mercado laboral de que la IA esté destruyendo muchos puestos de trabajo, pero dada la rapidez con la que está mejorando, sería imprudente descartar los temores de que así sea.

La predicción de los economistas de que el trabajo seguirá siendo abundante resulta menos tranquilizadora de lo que parece. Si bien el mercado encontrará usos para la mano de obra humana, la calidad de esos empleos no está garantizada.

A medida que las empresas de IA elevan el precio de la tierra y la energía, el dinero que ganan las personas rendirá menos. Con el tiempo, los humanos podrían, como los caballos en la era del automóvil, volverse completamente antieconómicos.

Esta posibilidad distópica subyace a las advertencias de Silicon Valley sobre la necesidad de la intervención estatal, y quizás de una renta básica universal. Pero los gobiernos tal vez deban actuar con mayor rapidez para evitar la furia popular.

El “shock chino” entre 1999 y 2011 contribuyó a la llegada de Donald Trump a la presidencia. Los empleados de oficina amenazados por la IA tienen mayor influencia política y social que los obreros de fábrica perjudicados por aquella competencia.

¿Qué deberían hacer los gobiernos? Una serie de ideas implica ralentizar el cambio. China ha instado a sus empresas a adoptar la IA, pero sin despedir trabajadores. Sin embargo, frenar la tecnología no es una estrategia del todo acertada.

Las reformas para la era digital

Según The Economist, es probable que la humanidad obtenga enormes beneficios de la IA. Si los luditas hubieran detenido la automatización de las fábricas textiles a principios del siglo XIX en Inglaterra, el mundo estaría hoy en una situación mucho peor.

Una segunda categoría de contramedidas sería más eficaz. Reformas fiscales inteligentes, como gravámenes sobre los beneficios empresariales que superen la rentabilidad normal del capital, la tierra y los recursos naturales, podrían captar estas rentas de forma eficiente.

Al mismo tiempo, los gobiernos podrían ayudar a los trabajadores a adaptarse. El seguro público de salarios, que amortigua las caídas de ingresos tras la pérdida del empleo, puede ayudar a los trabajadores a encontrar mejores oportunidades laborales futuras.

Las políticas activas de mercado laboral de Dinamarca, en las que el Estado ayuda a las personas a formarse para nuevas ocupaciones, han demostrado reducir con éxito los periodos de desempleo, haciendo que la economía sea más justa.

De ahí surge un último conjunto de ideas radicales, como la nacionalización parcial de las empresas de IA o el otorgamiento de acciones a los ciudadanos. Cierta propiedad pública podría transparentar los beneficios sociales de esta tecnología disruptiva.

Es fundamental abordar la concentración de rentas cuanto antes, antes de que el poder de los rentistas sea demasiado grande. El desastre laboral aún no ha llegado, pero si los gobiernos esperan a tener pruebas concluyentes, será tarde.

The Economist concluye que quienes predicen una catástrofe laboral ignoran la resiliencia histórica del mercado, donde la destrucción de viejos oficios siempre ha precedido a la creación de nuevas oportunidades, aunque esta transición tecnológica exigirá redes de protección social inéditas.